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martes, 30 de septiembre de 2014

CUANDO MENTIR PARECE LO NORMAL



Es lo que hacen los partidos de hoy y de mucho tiempo atrás. Viven de la mentira porque antes están sus intereses. No puedo entender que personas formadas y de sentido común se vendan por un plato de lentejas. Creía que eso sólo era cosa del pasado bíblico, pero sigue estando actual.

No entiendo como personas que se presentan para administrar y gobernar un país puedan venderse y caer tan bajo. Decir blanco y hacer lo medianamente oscuro, cuando no negro total. Pero menos entiendo que esas personas busquen, no el bien común, sino bienes particulares e ideologías dominantes que tratan de priorizar sus planes y proyectos y organizar un mundo según sus intereses.

Sólo así se entiende muchas cosas que no tienen sentido y que dejan en evidencias a aquellos que han prometido y defendido unos valores para luego hacer lo contrario. No cabe duda que pedir el voto de los ciudadanos para alejarlos de la verdad y la justicia es una mala jugada. Mentir no es lo normal. Mentir es un delito e irresponsabilidad, y debe ser castigado penalmente, porque se ha jurado defender y vivir en la verdad ante la ley.

Yo hace tiempo que me he dado cuenta y he dejado de votar al P.P. hace varias elecciones. Trato de que mi voto sea respetado, y aunque al partido que se lo he dado no ha tenido ni siquiera representación, al menos he sido coherente con mi manera de pensar y ver los valores. Porque no se puede votar para con el voto legitimar la muerte de los más inocente, los indefensos que no pueden gritar que viven en el seno de sus madres. Por eso prefiero perder, pero perder luchando por la vida.

Porque apagar los derechos de los más débiles, precisamente por aquellos que se definen débiles, es una mentira muy mal defendida y sin sentido. Porque la vida lo que hay que hacer es protegerla, defenderla y darle todo el apoyo que necesita. Pues sin vida los pueblos desaparecen.

sábado, 27 de septiembre de 2014

YO SOY CREYENTE



Ser creyente, lo he ido descubriendo a lo largo de mi vida, no es creer que Jesús es el Mesías enviado, tal y como dijo Pedro, al ser preguntado los apóstoles por Jesús sobre su identidad. Porque, supongo, que eso lo creemos muchos, y porque con nuestros actos de Piedad lo expresamos y testimoniamos.

Ser creyente es, como bien suponemos, dar testimonio de nuestra fe en Jesús con nuestra Palabra y con nuestra vida. Ahora sí, ser creyente es declararlo como dijo Pedro, y vivirlo y transmitirlo como él lo hizo, con su vida y sus obras. Pedro y muchos más.

Ser creyente en Jesús es vivir cada instante pendiente de amar al que se encuentra a nuestro lado, tal y como hizo y hace Jesús con cada uno de nosotros en cada instante de nuestra vida. Pronto descubrimos que eso no es fácil. Nos cuesta mucho amar, renunciar y sacrificarnos gratuitamente por el bien del otro. Y pronto nos damos cuenta que nosotros solos no podremos con esa carga.

Descubrimos que necesitamos al Señor. Descubrimos que necesitamos al Espíritu Santo, pero también a los hermanos, para que todos juntos podamos ser capaces de amarnos por la Gracia de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 22 de septiembre de 2014

HASTA LA ÚLTIMA GOTA DE MI SANGRE



Ocurrió con uno de los crucificado con Jesús. Aquel, llamado para la historia cristiana, el buen ladrón. Un ladrón que confesó sus delitos y reconoció su culpa, así como la inocencia de Jesús. Esa veraz reflexión que hizo a la luz de su vida le dio luz para reconocerse pecador y pedir al Señor que se acordara de él cuando estuviese en su Reino.

Y ese momento, a poco de gastar sus últimas gotas de sangre, le salvó para la eternidad plena junto al Padre. Cuanto me gustaría oír del Señor aquellas Palabras que dirigió al buen ladrón: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso». (Lc 23, 39-43). 

No las dice un cualquiera, sino que las dice Jesús. Y Jesús todo lo cumple. Su Palabra es Palabra de Vida Eterna. Así que ese buen ladrón está en la Gloria. ¡Vaya dicha! Este hecho nos manifiesta que Jesús nos llama siempre y cada momento, cada hora, minuto o segundo es importante y bueno para responder al Señor.

Jesús nos llama a todas horas, como ocurrió con los obreros contratados para su Viña, y a todos nos paga, sea a la hora que sea, con la moneda de la salvación gozosa y eterna en el Paraíso.

jueves, 18 de septiembre de 2014

RAZONES DE MI FE



Muchas veces no encontramos, o se nos esconden las razones de nuestra fe. O simplemente creemos porque nos ha venido dado de nuestros padres o tradición familiar. No es que sea malo heredar la fe de nuestros padres o familia, pero sería bueno encontrar razones del por qué de nuestra fe. Porque en el devenir de nuestro camino vital, la vida nos la puede pedir, o si no las tenemos la podemos perder en el menor contratiempo o tentación.

Yo encuentro una muy natural y que es común a todo ser viviente. Se trata de la felicidad. Supongo, con total acierto, que nadie quiere ni busca la infelicidad. Al contrario, todos luchamos por un mundo mejor y más feliz. Todos queremos ser felices. Y después de buscar un cierto tiempo, no me hizo falta mucho, desde joven, empecé a observar por mí mismo y por lo que habían vivido otros mayores que yo, que lo que te ofrece este mundo no llega para darte la plena felicidad.

La sombra de la muerte echa abajo toda felicidad. Y la temporalidad de las cosas las convierte en caducas y fuera de rango. No mantienen esos deseos que tú yo quiere y busca perpetuar. Así las cosas, esta vida se convierte en una búsqueda inútil y estéril. Con momentos buenos y felices, pero que se van pronto y llegan otros tristes y de sufrimientos y con la muerte esperándonos en cualquier momento.

¡No!, no tiene sentido. Tiene que haber algo pleno, eterno, gozoso, porque eso es lo que siento dentro de mí. Y si lo siento se supone que está. Y ese fue mi descubrimiento, Jesús de Nazaret habla de eso, y a eso ha venido a este mundo. Sabe de nuestros sufrimientos y tristezas, y sobre todo del miedo a la muerte. Y nos viene a liberar.

Era precisamente lo que buscaba, y en, por y con Él sigo el camino esperanzado y seguro de su Palabra y Promesa de Salvación. En Él la Vida no se acaba, al contrario, se transforma en una Vida plena de gozo y felicidad eterna.

lunes, 15 de septiembre de 2014

¿UNA O DOS VIDAS?





Mi vida tiene contradicciones. Contradicciones porque hay como dos partes que aparentan conocerse. Saben quiénes son, pero eluden encontrarse y caminan cada una por lados opuestos. Viven en apariencias, pero no son coherentes.

Mientras la una parece piadosa, cumplidora y santa, litúrgicamente hablando, la otra se muestra indiferente, egoísta e individual. Mientras una reza, la otra sólo se mira su propio ombligo. Mientras una vive la liturgia sólo de puertas adentro, la otra la esconde cuando sale a la calle o se mezcla en sus ambientes. Son dos vidas paralelas que no se unen ni se conocen, y  lo peor, ni se esfuerzan en conocerse.

Son dos vidas que parecen tener dos señores, uno bueno y otro malo. Uno que parece hablarme de los demás, y otro que sólo me recuerda que el único importante soy yo. Uno que me recuerda que hay hermanos que sufren, y otro que sólo me recuerda que la vida es para vivirla y disfrutarla egoístamente. Son dos vidas que entran en contradicción y que, estando en conflicto, yo las apaciguo y las llevo sin que se enfrente ni se interpelen.

¡Señor!, no permitas que mi corazón se divida. No permitas que mi vida quede fragmentada por el pecado e indiferente a tu Gracia. No permitas que el poder del Maligno me confunda y me aparte de Ti. No permitas que mi vida se derrumbe encandilada por las luces opacas y oscuras de este mundo caduco y vacío.

Dame, Señor, la luz de vivir una sola vida. Una vida reflejo de mi relación contigo expresada en mi relación con los hermanos. Una vida entregada libremente por amor y edificada en tu Amor. Amén.

jueves, 11 de septiembre de 2014

GANAR Y GANAR, SIEMPRE GANAR



Ese es el primer deseo que se activa en nuestro corazón. Nadie, aunque diga que le da lo mismo, quiere perder o permanecer indiferente a ser el primero antes que el segundo o tercero. Claro que, llegado el momento y no poder, hay que conformarse con el puesto o premio alcanzado.

Eso de lo importante es participar está bien y hay que madurar para llegar a eso, pues no todos pueden ganar ni ser primero. Sólo hay un primero, y los demás serán segundos, terceros y así sucesivamente. Y para eso hay que prepararse, lo que descubre que lo que reflexionamos está en lo cierto, pues si hay que prepararse es que hay que educar ese deseo de ganar.

Para muchos no es fácil educarse en la idea de tener que disciplinarse y doblegar ese instinto egoísta de querer ganar y ser el mejor. Habrá que hacer gala de toda su voluntad para madurar y aceptar la impotencia de no superar a otro. Se ha cantado esa fuerza interior que nos arrastra egoístamente a querer más con esa canción que posiblemente todos recordamos: "Todos queremoosss más, todos queremoooosss más..." 

Sin embargo, muy pocas veces nos preguntamos qué conseguiremos con tanto ganar. Hay testimonios de muchas personas, hombres y mujeres, que han ganado mucho, no sólo riquezas sino también fama y prestigio, pero no han podido ganar nunca la partida a la muerte. Al menos a la muerte de este mundo. Casualmente, en la madrugada de hoy ha saltado la noticia de que el Sr. Botín, presidente y mayor accionista del grupo Santander, ha fallecido. Y es que la muerte nos gana a todos.

Para los cristianos, creyentes en Jesús de Nazaret, la muerte ha sido superada, porque aunque tengamos que compartirla en este mundo con el mismo Jesús, en Él, por su promesa, Resucitaremos también como Él Resucitó. Ese es nuestro mejor y mayor premio, pero ese premio se gana no llegando el primero sino  quedándose el último para servir por amor.

lunes, 8 de septiembre de 2014

EL FERMENTO COMUNITARIO



Hay una cosa que me fascina, lo cual no significa que siempre apetece, pero si siempre se necesita y es necesario vivirla. El amor no es un sentimiento, ni tampoco una pasión, y menos afectos o emociones. El amor es un compromiso. Un compromiso que mata en muchos momentos, porque exige soportar casi lo que no queremos o no podemos, y, por supuesto, perdonar.

Pero, metidos en nuestro propio yo, descubrimos que estamos hecho para amar. Sin amor no podemos vivir. Necesitamos amor para todo: pasiones, sentimientos, emociones, afectos... pero sobre todo para comprender y perdonar. Y es ahí donde empieza lo difícil, porque soportar y perdonar exige mucho amor. Pero no un amor pasional, sentimental, menos romántico o afectivo, porque así no entra nunca el perdón y se soporta hasta que duren esas pasiones, sentimientos, romanticismos y afectos.

Se necesita un amor comprometido. Un amor que nazca de abajo, del conocimiento, de la unidad, del mismo Amor que nos une y nos convoca. Un amor que con frecuencia se siente cercano, compartido y perdonado. Un amor que nace desde el banquete Eucarístico compartido, si es posible, a diario o con bastante frecuencia. Creo que es el lugar donde brota y fermenta el germen del verdadero amor, un amor fundamentado en el Amor del Señor que nos une y nos invita a morir cada día esforzándonos en soportarnos y perdonarnos.

Un amor que en la vivencia frecuente de la Palabra, la oración y la Eucaristía fermenta el perdón y nos descubre que sólo en torno a Él podemos encontrar y mantener la llama del amor. Sería importante, y más, necesario, celebrar la Eucaristía diaria en las parroquias. Porque creo que es ahí donde fragua y fermenta la verdadera comunidad de vida que aviva la llama de amor de la comunidad.

viernes, 5 de septiembre de 2014

FE Y PECADOS, O PECADOS Y FE



Realmente un cristiano empieza a serlo cuando toma conciencia de su debilidad. Todo el discurso de Pablo está apoyado en su propia debilidad, y es que Jesús ha venido a salvarnos, pero para hacerlo necesita nuestros pecados. A Jesús le sobra todo, menos tus pecados y los míos.

Así podemos comprender que, mientras no descubramos nuestros pecados y seamos capaces de ponerlos en las Manos de nuestro Señor, no podremos encontrarnos con Él y, más todavía, ser curados y salvado por Él.

 El Papa Francisco nos habla de eso:

«Si un cristiano no es capaz de sentirse verdaderamente pecador y salvado por la sangre de Cristo Crucificado, es un cristiano tibio»

La fuerza de la vida cristiana está en el encuentro entre nuestros pecados y Cristo que nos salva. Donde no existe este encuentro, las iglesias son decadentes y los cristianos tibios. Es lo que ha dicho Papa Francisco en la Misa de este jueves en Santa Marta. Pedro y Pablo nos hacen entender que un cristiano se puede vanagloriar de dos cosas: «de los propios pecados y de Cristo crucificado». La fuerza transformadora de la Palabra de Dios, explica el Papa, parte de la conciencia de esto. Leer más...

martes, 2 de septiembre de 2014

LA FE NUNCA DEJA DE CAMINAR



No se puede parar. ¡No!, la fe nunca puede permanecer parada. Si llega a pararse ha dejado de ser fe, porque la fe siempre está esperando, vive en la esperanza y permanece espectante en el camino ascendente. Porque quién camina adelanta, y quién adelanta crece. Si hoy tu fe es igual que ayer, tu fe ha estado parada, o, lo que es peor, ha retrocedido. Eso significa que empieza a dejar de creer y amenaza con morir.

La fe es una llama permanente y alimentada. ¡Claro!, necesita estar al lado del calor. Es más, estar en el Calor. El Calor que la mantiene viva, interrogante, arriesgada, caminando al filo de la navaja. La fe no calla nunca, siempre está preguntándose, exigiéndose y buscando. Y nunca se cansa. Es más, opta por confiar y abandonarse confiada en la Manos de su Señor. 

La fe termina por ver lo que cree, porque tanto es su anhelo que consigue el premio a su perseverancia. Hay muchos testimonios de fe premiados por su constancia y su tenacidad. No puedo obviar el pasaje de la mujer cananea. Aquella mujer, no judía, arrancó de Jesús su propósito por su testimonio de fe que sorprendió al Maestro. La fe no desfallece, y, realmente es fe, porque a pesar de los obstáculos camina y persiste y confía.

Una fe así tendrá respuesta como la han tenido todos aquellos que han perseverados. Una fe que no se para, que camina y vive, vive en el amor y la realidad que le rodea. Una fe que se interpela y se exige amar, porque descubre que sólo amando está realizando verdadero acto de fe.
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