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jueves, 19 de noviembre de 2015

TIEMPOS VIEJOS Y NUEVOS



Tiempos de y para la vida. Porque la vida camina, crece, y cada etapa de crecimiento es un tiempo nuevo que aprender, sufrir y vivir. Porque sólo se crece muriendo, muriendo a lo viejo, para nacer a lo nuevo, el hombre nuevo, al que pretendemos llegar.
Es un camino de perfección, y la perfección deja lo viejo para tomar lo nuevo, lo que enriquece y perfecciona más. Y todos esos tiempos nos educan, nos dan fortaleza y madurez. Son necesarios hasta llegar al final, la perfección que, por la Gracia de Dios, alcanzaremos al final.
El Bautismo es eso, morir al hombre viejo y nacer al nuevo. Y eso lo desarrollaremos en el trascurso de nuestra vida. Por eso, por el Bautismos recibimos al Espíritu Santo, para que nos dé la fortaleza y la Gracia necesaria para la lucha de cada día y podamos crecer en Gracia y Sabiduría, como hacia Jesús en el tiempo de su infancia.
Interpretar cada tiempo es importante, y sólo con la Gracia del Espíritu de Dios lo podemos hacer y superar. Apartarnos del Espíritu Santo, y cerrarle las puertas de nuestro corazón, es ponernos en manos del diablo y alejarnos del verdadero camino que nos perfecciona y nos da el verdadero gozo y felicidad.
Cada tiempo trae sus afanes, sus dificultades y sus luchas. Y en cada uno necesitamos la Gracia para poder enfrentarnos con éxito y garantía. El Bautismo es la puerta que nos facilita esa entrada al verdadero camino, pero necesita de nuestro esfuerzo y colaboración, y eso es lo que significa morir a uno mismo, es decir, la lucha a muerte contra nuestras propias apetencias, inclinaciones humanas y egoísmos.
Necesitamos morir para nacer de nuevo. Es lo que dijo Jesús a Nicodemo. No se trata de volver a vientre de nuestra madre, sino nacer a la Gracia del Espíritu que nos transforma de hombres viejos y muertos por el pecado, a hombres nuevos renacidos por la Gracia a la Vida nueva y Eterna.

sábado, 7 de noviembre de 2015

EL MUNDO PARECE RESQUEBRAJARSE POCO A POCO

Trío de mujeres que viven en unión civil


Como si de un terremoto se tratara, el mundo parece resquebrajarse poco a poco. Y empieza por la familia. La familia es atacada por todas partes, en su unidad, en su constitución, y en su forma de procrear. La familia, escuela y lugar de formación, presenta ahora asignaturas nuevas, que amenazan con romperla y ponerla fuera de combate.

Se rompe el mundo, porque hasta ahora, el mundo estaba compuesto por pueblos, y los pueblos formados por familias formadas entre un hombre y una mujer. La familia, no sólo tradicional, sino la familia natural, la que manda la naturaleza, la de sentido común, la que ha sido constituida por Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza...

El mundo se revela y ahora rompe esa forma de conformarse como familia y aparecen otro tipos de relaciones familiares, que quieren llamar familias (ver aquí). Y las hay formadas por dos personas del mismo sexo, y también por tres personas. De momento, porque seguirán creciendo, o aparecerán hasta otros tipos de seres vivientes. Puestos a imaginar nuevas relaciones, valdrá de todo. Puro relativismo.

En este mundo en decadencia, los creyentes mantenemos nuestra fe fundamentalmente porque creemos en Alguien que vive, y que está observando y viendo esto, y porque, quizás, podía imaginarse que esto podía suceder. Creemos en Jesús y en su Amor, y en el poder del Padre Dios, que, cuando lo crea conveniente, dará fin a todas estas cosas que suceden, y pondrá justicia y verdad en todas estas cosas que suceden.

Porque sólo la verdad, la justicia y el bien será lo quedará según su Palabra. Por eso, los que seguimos a Jesús no desesperamos y, con la fuerza de su Espíritu, nos esforzamos en perseverar y mantenernos fieles y firmes a su palabra.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿QUÉ PIENSA QUE SOMOS?



No se pueden decir mentiras, y menos en entrevistas publicas por TV. ¿Qué piensan los líderes políticos que somos el electorado? Hay mucho de esa conocida fábula del cuervo y la zorra, porque nos echan flores hablando de la madurez y sabiduría del electorado español, y luego nos echan una sarta de mentiras e intereses partidistas.

No les interesa sino su propio ego y su ambición personal. El país puede salir beneficiado cuando su ego y ambición personal coincide con la de los ciudadanos. Sólo si es así se beneficiará el pueblo, pero de otra forma, primero serán ellos.

No es posible. A mí me da más vergüenza que ellos, que se empeñen en criticar a otros cuando han sido ellos los que han dejado el país en la ruina. Solamente, con decirles que ellos en cuatro u ocho años han dejado el país en la ruina, tendrían que callarse y hacer mutis. La izquierda socialista, y la más izquierda, la comunista, no han arreglado nada. Al contrario, los números y estadísticas les son desfavorables. Luego, ¿de qué hablan?

No me sitúo en la derecha, pero en las políticas de derechas se han visto más sentido, más resultados y más beneficios. Se ha estabilizado el país; se ha garantizado la seguridad social; se ha parado el paro; no sólo se ha parado el paro, sino que ha crecido el empleo. Algo se ha mejorado.

En cuanto a robos, disparates, fracasos, mentiras...etc., hay empate en todos. Ahora vienen algunos nuevos, pero de momentos sólo pueden aportar promesas. Sería bueno darles la alternativa, pero con prudencia. Hay algunos que ya se ha destapado y han dejado ver los disparatados que son. Son los llamados anti sistemas, que todo les parece mal y, por ellos, harían un mundo diferente, pero, eso sí, según lo que ellos entienden por diferente, que cada cual piense y haga lo que quiera, y ellos a mandar.

Por eso, me parece que las entrevistas descubren poco la cara de cada uno, y sí presentan la manada de lobos de desprestigio que unos dicen de otros. Lo verdaderamente importante, señores políticos, es hablar de lo que usted y su partido van a hacer y las medidas que van a tomar para, no digo arreglar, pero si mejorar, el país. Con eso creo que los españoles nos conformamos.

domingo, 1 de noviembre de 2015

NECESITADOS DE MISERICORDIA



Hay muchas cosas que no son difíciles de entender. Quizás, podemos decir, que no podemos entender. Nos resulta por nuestra naturaleza imposible. Necesitamos ayuda exterior. Por ejemplo, no podemos entender como unas personas, incluso jóvenes y con un futuro prometedor, se encierran en una celda de seis metros cuadrados, con carácter de clausura, de por vida.

Eso no se comprende ni se puede asimilar. A veces sueño con los Benedictinos de Las Palmas, monasterio en el que he estado de visita, al recordar a los jóvenes que dedican su vida a vivir en oración contemplativa y trabajo, sin apenas salir de él, salvo los paseos establecidos. Supongo que, ellos, los monjes y monjas de clausura tienen que tener otra visión y experiencia de la vida de la que nosotros carecemos. 

No se explica de otra forma. La Gracia de Dios les ilumina y les revela un gozo y una felicidad que les colma plenamente. Es lo que les ha ocurrido a muchos santos en contemplación y en éxtasis ante la presencia del Señor. Igual ocurrió con Bartimeo y muchos otros que, movidos por el Espíritu Santo han llegado a conectar con el Señor. Posiblemente, haya un estado especial de búsqueda, de sinceridad o de gracia que el Señor accede a despertar porque quiere.

¿Quiénes somos nosotros para juzgar y separar? ¿Quiénes somos nosotros para dictar caminos que nos separan, porque no vemos, ni estamos de acuerdo con lo que piensa el otro? ¿Quiénes somos nosotros para decidir y exigir que el otro cambie para que camine conmigo? ¿Acaso te lo exige tu Padre Dios? ¿Acaso tú estás en comunión con Él? ¿Y Él te despide, te separa, te exige cambiar?

Supongo que nos es imposible verlo de otra forma, como también nos es imposible entenderlo. Igual que no somos capaces de comprender la vida monacal, ni como un joven se retira y acepta esa vida. Si lo entendemos, pero de forma conceptual o abstracta, no de forma vivencial y real. Supongo que nos produciría un impacto si una hija nos plantea esa elección.

De cualquier forma es simplemente un ejemplo para alumbrar la idea de lo difícil que nos resulta entender muchas cosas de las que estamos convencidos que son como pensamos. Por eso necesitamos estar en constante reflexión, escucha de la Palabra y permanente oración, para que nuestro corazón no se quede acomodado e instalado en una verdad que creemos haber entendido y alcanzado.
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