Se lo había prometido, y lo prometido es deuda, al menos para mí, por eso mido mucho mis palabras antes de pronunciarlas y si me comprometo a algo que luego me pesa o no puedo cumplir, trato de pedir perdón y razonar mi arrepentimiento o incapacidad de poder cumplir lo prometido. La palabra debe ser algo valioso y coherente con la vida. No puede ir la palabra por un lado y la vida por otra.
Sí, es verdad, que en muchos momentos nos quedamos por debajo del compromiso, pero siempre debemos estar presto a perdonarnos y responder con coherencia a tomar conciencia de nuestra limitación y humanidad. El hecho de fallar, de no hacer lo que nos gustaría hacer no debe servir para justificarnos y autotraicionarnos. Debemos mirar la realidad de frente y responder a nuestros fallos reconociéndolos, pero no aceptándolos como algo normal y que es así. Siempre debemos alimentar una actitud de crecimiento, de perfección... algún día la podremos alcanzar.
Y hoy me toca responder al compromiso de echar mi pequeña aportación al quehacer perseverante y extraordinario de Sergio Morales, el artista del bello y difícil arte de la Taracea. (clicar aquí) Su testimonio, ya de por sí es bello y ejemplar, al luchar contra viento y marea por defender lo que cree anteponiendo su obra y creación al beneficio económico y a toda clase de privilegios. Su tenaz objetivo es legar su obra, lograda a golpe de cincel, de esfuerzo, de precisión, de estudio, de dedicación y de amor a su tierra como testimonio de una tradición recibida y que, generosamente, quiere legar para que no se pierda en el olvido.
Sergio da su vida por enseñar a jóvenes promesas, por transmitir todo el arte que lleva en sus entrañas; entrega su tiempo, dinero, su saber, su paciencia y su vida, por sembrar y dejar su labor para el recreo, testimonio y tradición de un arte que fue testigo de otros tiempos ,de donde el lo recogió y trata de ser puente para futuras generaciones.
Su persistencia, su enconada lucha, su entusiasmo sin limite, su objetivo sin medida y firme, encuentra, poco a poco, la respuesta que su obra lleva dentro: el llanto expresivo de la madera docilizada por la mano del hombre que la transforma en lectura y canto a su tierra y tradiciones.

Ahora, como grito al expresar los deseos más profundos, retrata sus sentimientos de fe en plasmar, con lo único que Sergio escribe, el arte de la Taracea, la entrada de JESÚS en Jerusalén. Indudablemente que te quedas perplejo y desconcertado, pero pronto la mirada contemplativa del expectador encuentra sentimientos que llegan al rincón más profundo de tu alma. La soledad del SEÑOR, a lomo del pollino, transmite la soledad que cada uno nos encontramos al enfrentarnos a nuestra propia realidad.
Quizás, Sergio, desde su solitaria lucha, se ve reflejado como el SEÑOR cuando, aunque rodeado de cantos, aleluyas y festejos, sentía que muy pronto todo aquel regocijo se iba a convertir en un camino de Cruz. Es mi particular mirada después de mucho tiempo contemplándolo. Posiblemente a ti te transmita otro sentimiento.
Sí, es verdad, que en muchos momentos nos quedamos por debajo del compromiso, pero siempre debemos estar presto a perdonarnos y responder con coherencia a tomar conciencia de nuestra limitación y humanidad. El hecho de fallar, de no hacer lo que nos gustaría hacer no debe servir para justificarnos y autotraicionarnos. Debemos mirar la realidad de frente y responder a nuestros fallos reconociéndolos, pero no aceptándolos como algo normal y que es así. Siempre debemos alimentar una actitud de crecimiento, de perfección... algún día la podremos alcanzar.
Y hoy me toca responder al compromiso de echar mi pequeña aportación al quehacer perseverante y extraordinario de Sergio Morales, el artista del bello y difícil arte de la Taracea. (clicar aquí) Su testimonio, ya de por sí es bello y ejemplar, al luchar contra viento y marea por defender lo que cree anteponiendo su obra y creación al beneficio económico y a toda clase de privilegios. Su tenaz objetivo es legar su obra, lograda a golpe de cincel, de esfuerzo, de precisión, de estudio, de dedicación y de amor a su tierra como testimonio de una tradición recibida y que, generosamente, quiere legar para que no se pierda en el olvido.
Sergio da su vida por enseñar a jóvenes promesas, por transmitir todo el arte que lleva en sus entrañas; entrega su tiempo, dinero, su saber, su paciencia y su vida, por sembrar y dejar su labor para el recreo, testimonio y tradición de un arte que fue testigo de otros tiempos ,de donde el lo recogió y trata de ser puente para futuras generaciones.
Su persistencia, su enconada lucha, su entusiasmo sin limite, su objetivo sin medida y firme, encuentra, poco a poco, la respuesta que su obra lleva dentro: el llanto expresivo de la madera docilizada por la mano del hombre que la transforma en lectura y canto a su tierra y tradiciones.
Ahora, como grito al expresar los deseos más profundos, retrata sus sentimientos de fe en plasmar, con lo único que Sergio escribe, el arte de la Taracea, la entrada de JESÚS en Jerusalén. Indudablemente que te quedas perplejo y desconcertado, pero pronto la mirada contemplativa del expectador encuentra sentimientos que llegan al rincón más profundo de tu alma. La soledad del SEÑOR, a lomo del pollino, transmite la soledad que cada uno nos encontramos al enfrentarnos a nuestra propia realidad.
Quizás, Sergio, desde su solitaria lucha, se ve reflejado como el SEÑOR cuando, aunque rodeado de cantos, aleluyas y festejos, sentía que muy pronto todo aquel regocijo se iba a convertir en un camino de Cruz. Es mi particular mirada después de mucho tiempo contemplándolo. Posiblemente a ti te transmita otro sentimiento.