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lunes, 4 de marzo de 2013

EL INMENSO GOZO DE DESCUBRIR LA VIDA



Realmente es bella, pero sobre todo, doble bella porque es la oportunidad que tenemos para conocer a Dios en Jesucristo.Y vivir en Él en la asistencia del Espíritu Santo. ¡Y para Siempre! Tiene que ser la mayor aspiración del hombre, y si no lo saboreamos así, es porque todavía no hemos llegado a descubrirle plenamente.

Esa es la mejor de las bellezas, descubrir, día a día, la hermosura de caminar en Él hasta la Casa del Padre. En la alegría de la fortaleza; también en la debilidad de la pobreza; en la enfermedad, en la tristeza y la soledad, pero siempre en el consuelo de que terminado en camino, seremos eternamente dichosos en su presencia. ¡No es inmensamente bella la vida!

Para un creyente, la vida no tiene momentos, sino que la vida misma es el momento. Y mientras se vive, ya sea en la salud o la enfermedad, vives el momento de aceptar tu propia cruz y compartirla con Jesús de Nazaret. Eso, no solo da sentido a tu vida, sino que la fortalece y la hace hermosa y la llena de gozo. Un gozo que se derrama por dentro y te llena de esperanza.

Porque en definitiva, lo que importa es darte, ofrecerte, entregarte en el servicio por el bien de los demás, y por amor a Jesús. Tal y como Él hizo y hace en cada instante, con cada uno de nosotros. ¡Realmente, es hermosa la vida y vale la pena vivirla!

jueves, 19 de agosto de 2010

EL VERDADERO TESORO, ¿DÓNDE ESTÁ?


No se puede poner en duda que todos buscamos la verdadera belleza. Es un tema y objetivo que todos perseguimos sin lugar a discusiones ni la menor vacilación. Es, por decirlo de otra forma, el denominador común de todo ser humano. Ahora, esa búsqueda tiene diferentes caminos, no en sí, sino tomados por la propia persona humana, que busca en lugares, sitios y cosas diferentes según cree que allí se encuentra.

La verdadera belleza está contenida en todo aquello que representa la bondad, el gozo y la eternidad, porque todo lo que no sea bueno, no nos haga feliz y no permanezca, es decir, no sea para siempre termina por dejarnos como estábamos, es decir, en permanente búsqueda de la felicidad eterna.

Podemos cansarnos de hablar de estas cosas, pero también preguntarnos si hay algo más importante. Vidas llenas de gozo, satisfacciones y abundancia de todo tipo: "belleza, riqueza, talento y...etc.", vemos que, llegado el tiempo de su caducidad, todo queda en nada.

Porque lo que le importa a todo ser viviente no es como se vive, sino para que sirve vivir y la forma de vivir, ya que si se trata de alcanzar el verdadero tesoro, ¡lo importante!, es ver dónde se encuentra para buscarlo allí. De nada vale todo lo demás.

Es el caso de Zsa Zsa Gabor (ver aquí), que llegada "su hora", su momento pascual decide, como lo más primordial y prioritario, la presencia de un sacerdote. Realmente su verdadero tesoro está ahí, en ponerse en la presencia de DIOS y tomar conciencia de criatura e hij@ que implora misericordia por nuestra humanidad pecadora.

Somos seres heridos, tumbados por el pecado, e irremisiblemente arrastrados y atraídos hacia lo humano, lo placentero, lo esclavizante, lo apetecible pero que no lo bueno ni lo que nos conviene. Somos seres humanos inclinados al egoísmo, al individualismo, a la soberbia, a la avaricia, a todo aquello que produce rechazo, muerte, rebeldía...etc. Somos seres humanos tentados por el Príncipe de este mundo y solos nada podemos hacer. Necesitamos la Vida de la Gracia.

Necesitamos que DIOS nazca en nosotros (Bautizo) y que nos ayude a desterrar nuestro hombre viejo, caduco, perezoso, soberbio, egoísta, rebelde, prepotente, hedonista, sembrador de muerte, contrario a la vida, individualista, ambicioso de poder...etc. Porque sin ÉL estamos en las manos del Príncipe de este mundo, al que no pertenecemos, pero que él nos quiere empadronar y hacer ciudadano de este mundo.

Por eso la necesidad de orar, de rezar, de que eso sea lo primero, la hora más importante de nuestro día, lo más cuidado, lo que no puede fallar, porque ahí están todas nuestras esperanzas, nuestro único y verdadero tesoro.

viernes, 18 de junio de 2010

LA VERDADERA MISS.

Es lo normal, pero no es lo frecuente que una persona, que ha sido dañada gravemente en sus propias carnes, manifieste públicamente que lo más importante, después de los daños recibidos, y con el añadido de ser en un concurso de "Miss", es conseguir sanar su corazón.

Y reitero que es lo normal porque el perdón es la única vía de conseguir la pacifica convivencia y la paz interior de las personas. Una vez más sale el concebido tema de que lo normal no es lo corriente, porque lo corriente, no lo normal, es dejarse llevar por los instintos perversos del odio, la venganza y el deseo de "ojo por ojo y diente por diente" que engendra más de lo mismo y pervierte al ser humano convirtiéndolo en pasto de sus mismos males.

El deseo natural de toda persona humana es amar en verdad y justicia, y sólo así conseguirá sanar su corazón. Por eso he quedado sorprendido por tan bellas palabras que es cuando realmente hacen bella a María Fernanada Nuñes. Ahora, quizás con un rostro deteriorado es cuando realmente es bella, porque su belleza anterior sólo era temporal, pasajera, caduca, pero la de ahora es eterna, imperecedera, y esperanzada en recuperarse al final de los tiempos.

Indudablemente que a los ojos del mundo estas cosas son difíciles de entender, pero a poco que reflexionemos libremente buscando la verdad, entenderemos que arde en nuestro interior un deseo de hacer el bien, buscar la paz y amar. Por eso, María Fernanda Nuñez, sabiamente se ha referido a la preocupación de la importancia sanadora de su corazón, anteponiéndolo a su propia belleza, con el agravante de ser una candidata a Miss, y dejando en un segundo plano lo aparentemente más importante: su belleza corporal.

Testimonios como este hacen que las personas que gustan del bien y se esfuerzan en buscar la verdad que yace en su interior sientan plenamente un sentimiento de gozo y de paz que descubre que la única verdad del ser humano está en vivir en presencia de DIOS. Porque sólo ÉL puede darnos lo que realmente buscamos: la felicidad eterna.

Ser bella físicamente, ganar el concurso de Miss, tener el mundo a tus pies no dan la felicidad. Porque ser feliz implica eternidad y eso que perseguimos, creyendo que es felicidad, es, simplemente, placer temporal, porque coincidirán que no se puede llamar felicidad a algo que termina y tiene sus días contados. La felicidad para serlo tiene que ser eterna, y eso no se encuentra en el mundo de los humanos sino en el Reino de DIOS.


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