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miércoles, 27 de agosto de 2014

PIEDAD, DISCIPLINA Y AMOR



Sucede que te crees fuertes y seguro. Has avanzado por el camino y tus hábitos se han fortalecido. Experimentas que eres capaz de dominar tus apetencias y disciplinar tus apegos y perezas. Sin embargo, sabes que no puedes engañarte. La cuestión no es una disciplina sistemática, aunque eso conviene y es muy necesaria, sino lo importante es el amor.

Y eso entra ya en la profundidad del corazón y de lo irracional. A veces la prudencia y el sentido común te indican que no debes acercarte o hacer una determinada acción, pero el corazón te invita a compadecerte y a tomar el riesgo del amor. Jesús así lo hizo, pues experimentando rechazos, soledad e indiferencia, siguió adelante. Nosotros aprovechamos el sentido común y la prudencia para justificarnos.

Y no niego ni afirmo que debo hacer una u otra cosa, pero si pongo en duda mi forma de actuar. La cuestiono y me preocupa. Lo importante es que descubro una necesidad aún todavía mayor, la necesidad imperiosa de la asistencia y el auxilio del Espíritu Santo. Es Él quién puede aconsejarme, impulsarme y darme la sabiduría y el valor suficiente para hacer lo que debo hacer.

Eso enciende más mi ánimo de orar, de suplicar luz y de encontrar caminos que me ayuden, no sólo a cumplir, sino a vivir lo que el espíritu de la Palabra contiene y demanda. Porque sólo en la vivencia de cada día del amor, tendrá sentido y significancia la Palabra. De otra forma, toda palabra, práctica y piedad queda hueca.

sábado, 13 de agosto de 2011

SIN REFERENCIAS NO HAY CAMINO


Hace tiempo escribí sobre al torre de Babel. Pienso que todavía la estamos construyendo y que queremos alcanzar a DIOS, porque nos consideramos autosuficientes y capaces de conseguirlo. Y eso es una realidad palpable que constatamos en cualquier momento.

Sólo basta mirar a nuestro alrededor y comprobar que ocurre (ver aquí). Esta crisis mundial que estamos sufriendo no es sino consecuencia de hablar diferentes idiomas y, mientras unos tratan de levantar un muro de una forma característica, otros lo hacen de otra forma. Cada cual trata de hacer su propia torre y, en consecuencia, tratan de engañar al otro para ser ellos los primeros que la levanten. Sin darse cuenta, la construcción se ha convertido en una apuesta personal y egoísta, y en la disputa muchos se quedan sepultados y sometidos.

No hay un lenguaje común, ni unas referencias morales y de buena conducta que alumbre la construcción. Se ha dada la espalda al Amor y, cada uno, impone su propio amor, egoísta e imperfecto. No ha habido una trasvase del amor dodim al amor ágape, y la humanidad se ha resentido de esa inmadurez. Las consecuencias todos la sabemos.

Londres puede ser un ejemplo ahora (ver aquí), también Libia, Marrueco y el Sahara. La huelga planteada por los sindicatos españoles en la visita del Santo Padre Benedicto XVI es otra muestra de lo que reflexiono. No es momento para protestar sino para arrimar el hombro, porque se trata de solidaridad y colaboración ya que en la situación que padecemos, esta visita puede representar una inyección económica que ayude a muchas personas.

Pero, al parecer, lo que importa es construir la torre cueste lo que cueste y buscar mis propios intereses. Lo demás que carguen con los trabajos más pesados y duros. A nosotros sólo nos toca presidir y dirigir. Al final las crisis son para los de abajo, para los más desgraciados y pobres. Las luchas están servidas.

El hombre, eso se sabe pero no se acepta y se pone remedio, necesita que Alguien le alumbre el camino. Alguien que está por encima de él y que es la Única vía de salvación. Tarde o temprano su propia torre se vendrá abajo. El tiempo será testigo.

viernes, 23 de julio de 2010

DETRÁS DE LA CRUZ ESTÁ LA GLORIA


Llevamos la marca light desde siempre, si bien, ha irrumpido hace años, los hombres y mujeres siempre hemos pretendido hacer las cosas con el mínimo esfuerzo. Siempre, como si de algo mágico se tratara estamos buscando rebajas, gangas que nos permitan conseguir el máximo con el mínimo gasto o esfuerzo, da lo mismo.

Y, los creyentes en JESÚS no estamos excluidos de esa tentación. Sin saber como, el Maligno se encarga de ofrecernos esas gangas que, de no estar despiertos y fortalecidos, caemos en sus tentadoras redes que nos embriagan y nos aflojan. Y de ahí a abandonarnos en sus manos queda muy poco, y de eso a dejarlo todo, nada.

Buscamos escapar o cumplir (cumplo y miento) con el mínimo esfuerzo y, sin dejar una vida llena de comodidades, confortable y muy relajada, queremos seguir al SEÑOR y amar al miserable, al conflictivo, al indigente o abandonado y pobre. Es lo de siempre, no queremos perder lo más grande que podemos alcanzar: la felicidad eterna, pero lograrla a precio de ganga, sin abandonar los placeres y diversiones que este mundo nos ofrece. Eso sí, algún sacrificio de vez en cuando, y mirado con lupa, y a vivir con una vela al SEÑOR , pero sin dejar de ponernos a tiro del diablo.

No hay sino un camino, y cada vez que me lo recuerdo a mí mismo tengo que hacer un gran esfuerzo para querer aceptarlo y estar dispuesto a ofrecerme al SEÑOR para, puesto en sus Manos, dejarme llevar por el ESPÍRITU y hacer su Voluntad y no la mía. Es un reto constante y un esfuerzo en querer intentarlo sin lograrlo, pero confiado en su Misericordia y en su Fortaleza que lo podré lograr, pero a base de esto, de lo único a lo que me puedo agarrar:




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