Siempre he mantenido la idea que el hombre y la mujer son, iguales en dignidad y valores, pero diferentes en funciones y, por consiguiente, en sexo. La Creación los ha diferenciado muy claramente en macho y hembra y el equilibrio de su subsistencia está sustentado en la procreación libre, voluntaria y amorosa del matrimonio conyugal. Amorosa porque el nuevo ser necesita y depende del amor de sus padres hasta tal punto que del equilibrio afectivo, emocional, sentimental, económico, responsable de sus padres dependerá su desarrollo y educación.
Y los beneficiados de ese buen funcionamiento y armonía familiar van a ser, en primer lugar la propia familia, pero en segundo, y muy directamente la propia sociedad que lo ampara, lo acepta, lo recoge y legisla para la buena convivencia y beneficio común de todos los que la forman. Diríamos, sin temor a equivocarnos, que es al Gobierno, de cualquier color, que le corresponda legislar quien debe estar más preocupado en proteger ese ambiente familiar para que luego su integración social sea la más adecuada en beneficio de todos.
No se entiende qué realmente esté pasando todo lo contrario. No se entiende que reine la confusión y el rol de cada interviniente sea desdibujado, camuflado, dubitativo, desorientado hasta casi difuminarse de forma etérea y quedar invisible sin saber qué papel le corresponde a cada uno y qué vocación está marcada en la propia esencia de su ser. Un Gobierno que se precie de serlo y saber gobernar debe atender, desde la esencia del ser humano, la función educadora de dar a cada uno su papel.
Porque siendo personas de igual dignidad y valores, tenemos funciones diferentes que nos complementan para el buen desarrollo de la vida. El hombre posee unas características que no las tiene la mujer, y a la inversa. Los hijos necesitan de la masculinidad del padre, pero también de lo femenino de la madre., porque ambos son sus procreadores y de ambos tiene que recoger las referencias y los estímulos que necesita para su desarrollo integral. Son cosas evidentes y naturales que querer darle otros significados es tener ganar de volver el mundo al revés.
Y creo que es lo que está sucediendo, sino juzguen ustedes lo que sucede a nuestro alrededor. Valga como ejemplo lo que ha sucedido en Asunción del Paraguay. También aporto, en apoyo a lo que pienso y he reflexionado, parte de la conferencia del Padre José Kentenich, todo ello recogido de la campaña 40 días por la Vida por Patricia Stanley desde Paraguay.
Hace unas días Asunción del Paraguay, se vio conmocionada por un terrible
asesinato, una madre mato a su hijo de tres años, en un supuesto acto de
exorcismo.
La sociedad respondió horrorizada puesto que no hay nada más deleznable que
una madre mate a su propio hijo. Por ello no entendemos como no reacciona de
igual forma ante los miles de asesinatos silenciosos que se practican en
clínicas de aborto, y como no reacciona ante legisladores que pretenden por
todos los medio introducir la cultura de la muerte.
Me gustaría compartir, extractos de la conferencias del Padre Jose
Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt, en su charla “La
Identidad Femenina*”, que analizan el ser mujer y el valor de la misma para
nuestra sociedad.
El Padre José Kentenich nos dice “La cultura de nuestros días es,
efectivamente, una cultura masculinizada, y esto lo digo en oposición a
aquellos que opinan que es una cultura femenina”.
Esta es la situación actual: a causa de la exageración extrema de lo
masculino y a causa de la disolución de lo femenino, debido a la prosecución
del extremismo masculino, se puede caracterizar la relación mutua de los
sexos con un solo término: confusión de los sexos. ¿Qué significa esto?
Destaco tres aspectos: primero, enajenación de los sexos (pérdida de la
propia identidad de cada sexo). Segundo, aislamiento: por una parte a la
mujer se le ha privado de su tendencia natural al amor y el hombre, por otra
parte, ha cultivado demasiado unilateralmente lo individualista de su ser,
llevándolo hasta la más completa extrapolación. Tercero, el flujo recíproco
de los sexos entre sí.
Esto deben Uds. verlo claramente, porque este revoltijo de los sexos se
presta para todo. Si pretendemos formar el tipo de hombre del futuro,
debemos contribuir a solucionar la crisis de los sexos. No es admisible que
hoy la mujer aspire a poseer la misma modalidad que el hombre. Igualdad de
valor sí, pero no igualdad de modalidad. Con esto hemos tocado la
perspectiva histórica de la crisis de los sexos.”
Recalca de manera muy especial “No es admisible que hoy la mujer aspire a
poseer la misma modalidad que el hombre. Igualdad de valor sí, pero no
igualdad de modalidad. Con esto hemos tocado la perspectiva histórica de la
crisis de los sexos”.
De parte de la sicología de la cultura se nos dice que esta confusión de
los sexos es, para la cultura occidental, más peligrosa que haber perdido la
guerra. Si lográramos superar esta confusión de los sexos, si pudiéramos
cuidar que la naturaleza masculina y femenina madurasen conforme a sus ser y
se desarrollasen existencialmente como una auténtica bi-unidad, entonces,
con ello también habríamos aportado a la cultura occidental un factor de
sanación sin igual…
Acentúo este punto por que la cultura de aborto es una cultura que pretende
ser utilitaria, masculinizada, no me viene gana tener un hijo, no quiero un
hijo defectuoso por eso aborto, yo decido, es mi cuerpo. Una corriente de
los anti valores que sobre salen en nuestra sociedad que pretende establecer
que el niño que, en el vientre materno, es un apéndice que puede ser
extraído sin consecuencias y que la mujer tiene derecho sobre su cuerpo,
olvidándose de los derechos del niño por nacer.
Donde está la clave nos dice el Padre Kentenich: “Debemos educar una
conciencia de la identidad original del propio sexo, educar a la niña de
estar orgullosa de ser así.
La mujer está condicionada para lo maternal, para la fuerza creadora y
anhela servir a la vida.
Al decir, cultivo de la conciencia del propio sexo y de la conciencia de la
propia misión, para superar la confusión de los sexos, entonces, quiero
decir que, como mujer, debo llegar a estar orgullosa de mi identidad.”