domingo, 15 de febrero de 2009

En la adversidad se esconde la alegría.


Todo parece verse de diferente color cuando las cosas en la vida nos van a favor. La salud, la situación económica y las relaciones conforman nuestro bienestar y definen nuestra felicidad. En la medida que vamos creciendo buscamos nuevos horizontes de motivaciones y estímulos que nos sirven de motores para caminar anhelando deseos de felicidad en conseguirlos. Es la carrera hacia la realización de nuestros ideales, ver aquí.

Una hija se quejaba con su padre acerca de la vida y se lamentaba de que las cosas no le salían bien. No sabía como hacer para seguir adelante, pues sentía desfallecer y se iba a dar por vencida. Estaba cansada de luchar y luchar, sin obtener ningún resultado. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. Su padre, un chef de cocina, la llevo al lugar de trabajo. Allí tomó tres ollas con agua y las colocó en el fuego.

Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó huevos, en otra colocó zanahorias y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir. Sin decir una palabra, sólo miraba y le sonreía a su hija mientras esperaban. La hija se impacientaba, preguntándose que estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó los huevos y los colocó en un recipiente, sacó las zanahorias y las puso en un plato y finalmente, colocó el café en un tazón.

Mirando a su hija le dijo: querida, ¿qué ves? "Huevos, zanahorias y café", fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera, después de quitarle la cáscara observó que esta duro. Luego le pidió que probara el café, ella sonrió mientras disfrutaba de una exquisita taza de la deliciosa bebida. Sorprendida e intrigada la hija preguntó: ¿qué significa todo esto padre?


Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo! Sólo que habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura, pero después de pasar por el agua hirviendo se había hecho blanda y fácil de deshacer. Los huevos habían llegado al agua frágiles, su cáscara fina protegía su interior liquido, pero después de estar en el agua hirviendo se había endurecido. Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de estar en el agua hirviendo, habían cambiado el agua.

¿Cual de los tres elementos eres tú? ¿Cuando la adversidad llama a la puerta, ¿cómo respondes? Le preguntó a su hija. ¿Eres una zanahoria que parece fuerte, pero cuando la fatalidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, con un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación o un despido se ha vuelto duro e inflexible? Por fueras te ves igual, pero ¿eres amargada y rígida, con un espíritu y corazón endurecido?

¿O eres un grano de café? El café cambia el agua hirviendo, el elemento, el elemento que le causa el dolor. Cuando el agua llega al punto máximo de ebullición el café alcanza su mejor sabor y aroma. Ojalá logres ser como el grano de café, que cuando las cosas se pongan mal, tú puedas reaccionar de forma positiva, sin dejarte vencer por las circunstancias y hagas que las cosas a tu alrededor ¡mejoren!

Que ante la adversidad exista siempre una Luz que ilumine tu camino y el amor de DIOS llene tu corazón para que lo compartas con las personas que te rodean y que puedas siempre esparcir e irradiar fuerzas, optimismo y alegría como el "grato aroma del café". Pido a DIOS que nunca pierdas la esencia limpia de su Amor y que te permitirá superar cualquier obstáculo victoriosa y exitosamente.

2 comentarios:

FOTELIAS dijo...

Tenemos que ser como el grano de café para ... ante el dolor en el que estamos inmersos de esta cultura de muerte y con la ayuda de CRISTO podamos ser luz del mundo para propagar la BUENA NUEVA a todos.
BELLÍSIMO.
Aprovecho para decirte que el día 15 subí un post agradeciendo tu amistad y comentarios. GRACIAS.
BNDICIONES.
FOTELIAS

Salvador Pérez Alayón dijo...

Seguir a JESÚS comporta aceptar lo que el PADRE haya pensado en nosotros. ÉL cumplió la Voluntad del PADRE, y nosotros, injertados en CRISTO, podemos cumplirla también cargando la cruz que el PADRE nos haya encomendado. Sabemos que todo lo que tengamos que pasar el lo mejor para nosotros, pues un padre nunca da nada malo para sus hijos. ¡Cuanto más nuestro Misericordioso y Bondadoso PADRE nuestro!
Un fuerte abrazo y felicidades a ti.

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