viernes, 2 de octubre de 2009

DA LA SENSACIÓN QUE LA IGLESIA MOLESTA.


Eso, al menos, lo parece. Observas a tu alrededor, echas un vistazo a los periódicos, te paras y hablas con un amigo en medio de la plaza, y miras el telediario en la tele, y siempre encuentras un denominador común: "esos católicos molestosos empeñados en hacer el bien", porque no pueden decir que la Iglesia hace el mal. Sí, es verdad, que hay muchos que meten la pata, que se equivocan, que tienen debilidades, vicios, y, por supuesto, dan mal ejemplo. Indudablemente, eso no se puede negar, porque hacerlo sería negar que son hombres, como todos, y tienen las mismas debilidades.

¿O es qué los demás no los tienen? ¿Son los políticos perfectos?; ¿son los médicos perfectos?; ¿son los profesores perfectos?; ¿son los... ? Todos somos hombres y como hombres cometemos errores, tenemos apegos, vicios, fallos, debilidades y fallamos muchas veces en nuestra vida. Y siempre tendremos la oportunidad de corregirnos, arrepentirnos y pagar nuestras culpas. El objetivo de la sociedad, la libertad vigilada, es un medio para redimirnos y saldar nuestras culpas.

Pero la Iglesia en general, la Institución Iglesia, tiene muchos miembros buenos, sacrificados, entregados, generosos, dados a vivir en servicio por los demás y dispuestos a entregar sus vidas por amor. Y esto no se puede negar, se ve, está ahí aunque no se divulgue mucho y no se vea con tanta frecuencia o, al menos, en los medios más fuertes y poderosos que inundan la sociedad de noticias.

Si miramos los lugares más depravados, más recónditos, más deprimidos, más necesitados, martirizados por tsunami, terremotos, huracanes, lluvias torrenciales, necesitados de todo, vemos que los que están, al menos cuando las emociones y sentimientos primarios y del momento se han acabado, son los que forman la Iglesia. Son los que por pertenecer a la Iglesia de JESÚS se entregan al servicio, hasta dar su vida, por servir al hombre como JESÚS hizo.

Posiblemente cuando lleguemos a viejo quienes nos vayan a atender son los que están prestos a servirnos en nombre de la Iglesia de JESÚS, injertados en JESÚS, entregados con JESÚS, sostenidos en, con y por JESÚS. Y de forma gratuita, generosa, fraternal y desinteresada. No hay nadie más qué sin esta fe en JESÚS se entregue de esa forma a servir al hombre.

No veremos a socialistas, ni a populares, ni a comunistas, ni a nadie que milita bajo las siglas de cualquier partido o asociación política o social. Sólo a la gente de Iglesia. Y en los lugares que todavía no ha llegado la luz, la ciencia, la escritura, el libro, llegan los misioneros a enseñarlo, a transmitirlo, a dar esperanza y a proclamar que DIOS es PADRE de todos. No llega nadie más.

Si envían provisiones, dinero del que le sobra, algunas migajas de alimentos, ropas u otras cosas, pero sólo con la intención de hacerse la foto y conseguir un nombre, nada más. No hay intención de salvar, de levantar, de desarrollar, de dar vida, justicia y paz. Sólo mitigar miserias y más miserias. Luego, te preguntas, ¿por qué se persigue a la Iglesia si sólo quiere ayudar?

Hay muchas razones que pululan detrás de todo esto para descubrir qué pasa con la Iglesia. Siguiendo lo que comenta Bonifacio de Santiago Prieto en Alfa y Omega podríamos converger que la grave crisis económica y el incremento descontrolado del paro pueden haberles llevado a pensar que convenía desviar la atención con otros asuntos de elevada carga emocional. Hay que buscar un reo, un culpable, alguien que concentre toda la atención y olvide lo otro. En un tiempo fue el incendio de Roma. Hoy puede ser el aborto y, al mismo tiempo, el negocio de las clínicas y los profesionales médicos abortistas, no muy numerosos, pero sí muy activos y vinculados a la izquierda.

Se trata de buscar un culpable que nos haga olvidar toda nuestra verdadera problemática. El fútbol solo no basta. Una buena decisión estratégica, comenta D. Bonifacio, podía resultar electoralmente rentable al plantear un nuevo enfrentamiento con la Iglesia. La figura Neroniana que nos recuerda aquel sin sentido incendio de Roma, no está tan leja como nos parece creer. La locura de aquel Emperador se hace presente hoy en otros locos que al parecer están legitimados por la masa que no es capaz de despertar ni de activarse.

Resulta tan sorprendente, comenta D. Bonifacio, que muchos españoles, que de buena fe se identifican con posiciones ideológicas de izquierdas, tan proclives a ver en todo intereses económicos e intenciones ocultas, no se hayan percatado de que detrás de este gran tinglado pueda no haber más que un buen negocio. Todo ello, naturalmente, explicado con las frase hechas de rigor: ampliación de derechos civiles, sensibilidad social, aumento de libertades...

Por lo tanto, los que defendemos el derecho a la vida somos automáticamente tachados de reaccionarios y fundamentalistas. Y con ello se arrastra a la Iglesia. La vida es una defensa de la Iglesia, cuando la realidad es que la vida es el don más preciado que tiene todo hombre, empezando por el que nace en el vientre de su madre. Y desde este humilde blog, grito con todas mis fuerzas que debemos desterrar la palabra "no nacido" por la de "nacido o concebido en el vientre de su madre".

La defensa de la vida está implícita en toda persona, porque es un derecho que reconoce nuestro Código Civil: el nasciturus (nacido ya en el vientre de su madre) tiene derechos y es susceptible de protección, al señalar en su artículo 29, que "el nacimiento determina la personalidad, pero el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables". ¿Hay algún efecto más favorable que el derecho a la propia vida?

Un feto de, pongamos, tres meses, tiene derecho a una filiación, a una nacionalidad y a una herencia, ¿y sin embargo se le priva del derecho a vivir? Además, esto contradice la voluntad del legislador constitucional en 1978, al señalar, en su artículo 15, que "todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral". Es la única ocasión en que el texto constitucional utiliza la fórmula todos al hablar de derechos ( en el resto de ocasiones, utiliza los términos toda persona, los españoles, los ciudadanos...) si alguien lo duda, dice D.Bonifacio, le sugiero que consulte el diario de sesiones de las Cortes Generales.

Dejando al margen la ciencia, que D. Bonifacio utiliza para continuar su defensa de la vida, yo retomo el tema para instar a llamar la atención por qué tanta persecución, a qué retirar toda enseñanza religiosa, crucifijos, insultos y demás. ¿Se sustenta esto en algún fundamento razonable y de derecho? ¿O se vislumbra que lo verdaderamente cierto es que la Iglesia, que busca y defiende la verdad, molesta?.


6 comentarios:

artemisa dijo...

Salvador, si lo deseas pásate por mi blog que he dejado un regalito para ti.

Gracias por tu compromiso!!

Un abrazo, bendiciones

Francisco Javier Alonso (Padre Efrén+) dijo...

Querido hermano Salvador:
Claro que molesta, a aquellos que cierran los ojos a la VERDAD y prefieren vivir en su hedonismo egoísta, amparados en el relativismo moral. Pero "la Verdad nos hará libres".
Un fuerte abrazo en Xto.
P. Efrén.

eligelavida dijo...

La Iglesia molesta en una sociedad que promociona los contravalores cristianos como si fueran imprescindibles para ser felices. Por ello, todos los días asistimos al triste espectáculo de ver como en los medios se ridiculiza al que vive la virtud o al que se declara católico. Valores como la virginidad, el estudio, la diligencia en el trabajo, el orden, son constantemente ridiculizados y quienes los viven, son apartados como parias.

Parece que cuando alguien anuncia o da testimonio de algo distinto, viejo pero al mismo tiempo siempre nuevo, la reacción es atacar. La Iglesia no ataca ni agrede a nadie. Tan solo ‘ofrece’, y siempre espera con los brazos abiertos.

Salvador Pérez Alayón dijo...

La Iglesia es la única que cuestiona la mentira y lo falso. En ese sentido molesta a todo aquel que esconde la verdad y se aprovecha de la mentira.
Gracias Padre Efrén+, elegelavida y Artemisa por sus comentarios.
Un abrazo en XTO.JESÚS.

MARISELA dijo...

Ya lo hemos notado todos: si hubiera un Coliseo, seguro que mandaban a los cristianos, de nuevo, a ser comido por los leones. La historia siempre ha sido la misma, porque, como dices, a pesar de que en el seno de la Iglesia hay hombre que se equivocan, el fin último de la misma es la Eternidad, Dios y eso es un ideal muy alto para ellos, para los que sólo ven su ombligo, para los que sólo quieren salir fotografiados al lado de un niño con hambre, sin acordarse nunca más de ese niño. Los sacerdotes, reliosos y religiosas, lo misioneros, el Papa, nosotros: todos somos Iglesia y todos somos santos y pecadores.Sólo Dios es perfecto y eso lo saben hasta los que dicen que son ateos.
Saludos. Muy buen post.
Bendiciones.

Salvador Pérez Alayón dijo...

Es cuestión de soberbia y egoísmo. Cuesta arrodillarse y remar en sentido contrario a tus propias apetencias. Todos sabemos y buscamos lo que realmente es bueno, pero hay casas buenas en apariencias que no lo son y que dejan el vacío y la muerte al final como resultado.
La única forma de vivir es tomando la vida y la vida sólo se encuentra en la Fuente que la ha Creado: DIOS.Cuando se da la espalda a DIOS se pierde todo, y la ceguera les lleva a cometer todas esas barbaridades que tu comentas, Marisela.
Recemos por ellos y por nosotros para que sepamos encontrar entre todos el verdadero camino que nos lleve a la Fuente de la Eterna Vida= DIOS.
Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

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