domingo, 11 de agosto de 2013

UN CAMINO SIN CRISIS, NO ES EL CAMINO



Porque el Camino es camino cuando cuesta. Y lo que cuesta cuestiona y pone en crisis. No hay nada bueno que no cueste. Por eso, la salvación es un camino de cruz. En la Cruz conseguimos, por la entrega gratuita de Xto. Jesús, la salvación eterna, pero la Cruz costó sudores y lágrimas al Señor.

Jesús nos enseña el Camino. No obstante, Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Todo lo que supone un bien, y más el Bien de la Salvación, implica cruz. Jesús nace padeciendo las carencias de un buena cuna, y las dificultades de un pesebre, casi a la intemperie y amenazado de muerte. Jesús tiene que huir para salvar su vida; Jesús vive una juventud en silencio, sometido a la obediencia y el trabajo junto a su padre José y su madre María.

Jesús se pone en cola y carga con todos nuestros pecados. En su Bautismo en el Jordán, Jesús se ofrece en oblación al Padre como Víctima de reconciliación y redención por todos nuestros pecados. Su misión queda rubricada por esa respuesta del Padre al señalarle como su Hijo amado, el Predilecto. Su vida pública es una subida siempre agotadora y dura a Jerusalén, donde entregará su Vida por nuestra salvación.

Jesús es nuestro espejo, nuestro modelo y nuestra primera referencia. Sin Él no hay camino, y el camino de nuestra vida, con Él, se suaviza y aligera. Por tanto, amigos y hermanos caminantes en Xto. Jesús, es buena señal que en el camino encontremos obstáculos, señales de confusión y pérdida. Es muy buena señal que el camino nos comprometa, nos exija, nos fastidie y hasta nos cobre redoblados esfuerzos.

Es mejor todavía que el camino nos saque de nuestro sillón y nos apriete y ciña nuestra cintura. Es señal de que vamos bien, por el buen camino, porque todo lo bueno y verdadero cuesta, y el Camino que conduce al Señor, bien Supremo del universo, necesita que abraces y aceptes la Cruz. Él es el único y verdadero Camino, Verdad y Vida.
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