miércoles, 7 de enero de 2015

LA IMPOTENCIA Y EL SUFRIMIENTO



Te sientes impotente ante tantas injusticias. Deseas aislarte y no saber nada, porque desde que abres tu ventana y mirar alrededor encuentras engaños, robos, muertes, guerras, luchas e injusticias. Te sientes mal e impotente. Nada puedes hacer, sino protestar o compartir estas humildes letras en la esperanza de que el mundo se construya mejor.

Sabes que hay gente buena, y sabes que muchos luchan por conseguir que el mundo mejore, pero también sabes que el hombre por el hombre no conseguirá mejorar el mundo ni un pelo. Primero porque el mismo es reo de pecado y está esclavizado por sus propios apegos y apetencias. La esclavitud de su egoísmo le impide ser libre y cae en la trampa.

Experimentas vivir en un mundo donde cada uno busca su propio bien sin mirar lo que le ocurra al otro. Es verdad que sientes lo que le pasa, pero todo queda en eso, en simplemente sentirlo. Me duele y me preocupa lo que les está pasando a nuestros hermanos en la fe de Irak, pero más me preocupa que todo se quede en mi preocupación. ¿Qué puedo hacer? Esa es la pregunta.

No se trata de tranquilizar la conciencia, ni de sentirme culpable, pero, ¿realmente puedo hacer algo que no sea simplemente aportación económica? No lo sé y me confieso culpable. Culpable no por lo que no pueda hacer, sino culpable por algo que pueda hacer y no lo haga. De momento me siento impotente y rezo. Rezo necesitado de compartir y sufrir con ellos. No puedo estar contento mientras otros sufren por dar testimonio de mi misma fe.

No sólo están los de Irak, también hay problemas gordos en la Amazonía y en otros lugares. Y también en mi mismo pueblo y lugar. Me siento impotente, Señor, y rezo para que tu Gracia me dé la sabiduría, la fuerza y voluntad de también sufrir yo con ellos sus padecimientos. Ahora conozco a alguien que duerme enredada en unas telas a la intemperie en mi propia ciudad. Su mala cabeza la hace esclava y sufre. Y hace frío. Y me pregunto, ¿qué puedo hacer? Al menos compartir y sufrir esa preocupación.
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