jueves, 7 de julio de 2016

EL PODER DEL DEMONIO





No cabe duda que el demonio tiene poder. Lo usó contra Jesús, pero, auxiliado y fortalecido en el Espíritu de Dios, no pudo con Él. También nosotros somos tentados. Nuestra frágil fe es amenazada con duras y difíciles pruebas. La curiosidad, el deseo de comprender y saber cómo y quien es Dios y que nos den una prueba que nos deje tranquilo o satisfecho puede ser una estrategia de las más usadas por el demonio.

No pongamos nuestras dudas en manos del demonio, sino, todo lo contrario, en Manos de Espíritu Santo, para que nos vaya aclarando nuestro camino y fortaleciendo nuestra fe. Hay muchos personajes que haciendo obras buenas y manifestando su fe en Dios, se arrogan la dignidad de ser elegidos por Dios para continuar la misión de su Hijo. Y nos ofrecen signos prodigiosos y milagros que al parecer no trascienden mucho, o el mundo no se entera.

Todo lo contrario con Jesús de Nazaret. Él cambió el destino del mundo y fue y lo es, el Profeta que admiró y admira a todos. Porque sigue Vivo. ¡Ha Resucitado!, y está con nosotros. No nos ha dejado solos sino que camina con nosotros al ritmo de nuestros pasos. ¿Para qué y con que motivos va el Padre Dios a encomendar la misión de su Hijo, ya apoyada y traspasada a los apóstoles que la continúan en su Iglesia, en otro u otros personajes que parece que se la atribuyen sin más?

Hay muchos a lo largo de la historia que se presentan y arrancan incluso en nuestro tiempo. No es de sentido común, que para algo nos lo ha dado Dios, que el Señor esté dando su Obra Salvadora, a cualquiera que tenga un sueño o una visión y se atribuya milagros. Ya hay varios a lo largo de la historia, pero sólo uno se ha encarnado en el Hijo de Dios, ha nacido de María por obra del Espíritu Santo y muerto, crucificado en la Cruz, ha Resucitado al tercer día como estaba profetizado. 

Pero lo más relevante es que no se ha ido. Que vive y continúa entre nosotros, acompañándonos en el camino que conduce a la Casa de su Padre, donde moraremos eternamente en plenitud de gozo y felicidad.
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