viernes, 18 de noviembre de 2016

Por qué comprar un Fairphone no va a cambiar el Congo

Trabajo de los mineros que extraen coltan del la mina de Senator Edouard Mwangachuchu en North Kivu (RDC). / Foto: Lucas Oleniuk (Efe)

Los problemas del Congo ni empiezan ni acaban con el coltán, ni su estructura política se debe a la natural ineptitud de los africanos, ni las ONG son una ayuda.

Me alegré mucho cuando vi que Salvados dedicaría un programa a hablar de la guerra del Congo. Que el equipo de Jordi Évole pusiera en prime time un tema tan silenciado es digno de elogio. Sin embargo, me gustaría añadir algunas ideas y señalar los riesgos de la narrativa de Salvados, demasiado parecida a la de tantas campañas humanitarias. Seguir leyendo

Y es que no podemos estar toda la vida ayudando a los pobres, sino que hay que ayudar a que los pobres dejen de serlo. Porque tienen recursos en su propia tierra para vivir bien y en libertad.
El problema reside dentro del hombre. Hay hombres que quieren ser ricos a costa de otros pobres y les impiden crecer y administrar sus propias riquezas. El problema es renovar, no sólo la fachada, sino el corazón. Un corazón nuevo, solidario, justo, honrado, generoso y misericordioso. No hay otro camino.

Y mientras los hombres sigan cultivando un corazón de piedra, endurecido por el egoísmo y las apetencias de falsa felicidad, el hombre pobre seguirá sufriendo las ambiciones de los que quieren ser ricos. Y no es que ser rico sea malo, sino la maldad está en aquellos que lo quieren ser,explotando y engañando a los que son pobres. La cuestión no es dar limosna, aunque algo hay que hacer, pero la solución pasa más por la denuncia que por las O.N.G. 

Pero, sobre todo, pasa porque el hombre responda a su propia conciencia y deja que su corazón se ablande y se abra al amor. Un amor misericordioso que arreglaría en un instante todos los problemas que agobian y matan al hombre. Posiblemente nuestra Jerusalén seguirá sitiada y aplastada porque el hombre le da la espalda a Dios.
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