martes, 10 de enero de 2017

ACEPTAR LA VOLUNTAD DEL PADRE



Podríamos imaginar que tanto María como Jesús pusiesen condiciones a la proposición del Padre. Imaginemos que María le propusiese a Dios que su Hijo naciese de forma más discreta, en cuanto a la concepción, como si de una forma natural se tratara, para no crear tanta tensión y problemas con José. O que Jesús propusiese no sufrir tanto ni ser tan rechazado. Y nacer de forma más confortable y menos sufrida y pobre.

Me han venido repentinamente a la cabeza esas fantasías como supuestas respuestas  a la Voluntad del Padre. ¿No nos ocurre eso a nosotros? Lo nuestro no es una fantasía sino una realidad. No acatamos ni obedecemos la propuesta que el Padre Dios nos hace. Discutimos sus proyectos para nosotros y hasta no estamos de acuerdo con su Iglesia ni con sus actuales dirigentes.

Jesús y su Madre, María, son ejemplos de lo que debemos hacer nosotros: "Aceptar la Voluntad del Padre en nuestras vidas". Nos pasamos mucho tiempo sopesando lo pasado y el presente. Vivimos mucho anclados en el pasado y experimentando nostalgia del ayer. ¿Es que la realidad no es la que tenemos? ¿Es qué no debemos injertarnos en este mundo, el que Dios ha elegido para nosotros, y en él dar nuestra respuesta de fe? ¿Es qué debemos estar corrigiendo a otros, incluso de la máxima jerarquía de la Iglesia? ¿No nos sirve el ejemplo de Jesús y María?

La Cruz, nuestra Cruz, es la que el Padre ha elegido para cada uno de nosotros. No la que quisiéramos cada uno. Sí, posiblemente no podamos soportarla. Quizás nos viene algo grande, pero para eso está la oración, los sacramentos y la presencia del Espíritu Santo. Posiblemente, si nos viniese ajustada y pudiésemos superarla, nos olvidaríamos de Dios.

Partamos de la base de que Dios, nuestro Padre, sabe lo que hace, sabe lo que nos conviene y sabe la medida de nuestras fuerzas. Él nos dará lo que verdaderamente necesitamos para salvarnos. Porque esa es su Voluntad, que todos compartamos la felicidad eterna con Él. Seamos obedientes como Jesús, María y José e imitemos sus ejemplos.
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