La cuestión es preguntarnos en otros casos que se ha llegado a desconectar a la persona, ¿qué hubiese pasado si se mantiene? La misma vida nos descubre la pequeñez del hombre y lo absurdo de querer dominar o dirigir el mundo. Hay tela para reflexionar.
Un esfuerzo de reflexionar los acontecimientos díarios vistos desde la optica cristiana y alumbrados desde el Evangelio con la ayuda del ESPÍRITU SANTO.
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miércoles, 30 de noviembre de 2016
martes, 28 de septiembre de 2010
SE OCULTAN LAS VERDADERAS CAUSAS DE LA CRISIS.
Cuando despertemos ya no habrá remedio, al menos para los millones de niños asesinados impunemente en un mundo que se proclama libre y de derechos, y dónde en el país emblematico de esa libertad exhibe una gran escultura como homenaje a esa aparente libertad real.
Porque la crisis que afecta a millones de personas que sufren las consecuencias de un mundo sometido al simple interés mercantil y económico no puede esconderse sólo en los errores y ambiciones de unos pocos, que siendo efectos y no las causas, de las ideologías destructivas de los valores que personifican y dignifican a la persona y la familia, y amenazan desestructurar y destruir el equilibrio de los pueblos que se sostienen en la vida y la familia.
Hemos proclamado, por activa y pasiva, que la vida es el valor más grande de la persona humana, y que contra ella no se puede ir. Hemos proclamado, y no nos cansaremos, que la vida de la persona humana está por encima de toda economía e interés y que, en su destrucción se encuentra el mal de toda crisis.
Sería iluso por mi parte pretender defender lo que otros, con mayor autoridad y conocimiento, defienden, sin comparación, mucho mejor que yo. Por ello, y sin más preámbulos les dejo con el siguiente artículo recogido de "Religiónenlibertad. com".
La instrucción sumarial que afecta al IOR (Instituto para las Obras de Religión), el llamado «banco vaticano», no ha mermado la confianza del Papa en su presidente, Ettore Gotti Tedeschi, de 65 años, prestigioso experto en finanzas y profesor universitario (ver aquí para más información).
Sólo lleva un año en el cargo y la divisa de su actuación está siendo la transparencia y la adecuación de la operativa de la entidad a los protocolos de control sobre el dinero negro. De hecho, la investigación afecta a movimientos de cuentas abiertas antes de su nombramiento. Como señala el vaticanista Sandro Magister, «se sabe que con Gotti Tedeschi como presidente se han cerrado muchas cuentas de dudosa transparencia, y muchas otras han sido regularizadas».
Este caso judicial referido a una de ellas ha amargado al presidente del IOR la salida en Italia de un libro suyo con Rino Camilleri, Dinero y paraíso. Los católicos y la economía global, donde, entre otras cosas, hace consideraciones muy interesantes sobre los orígenes de la crisis financiera que sacude al mundo desde 2007.
En concreto, explica por qué «la enorme expansión crediticia y el mal uso de los instrumentos financieros han sido efecto, y no causa» de dicha crisis: «Los orígenes de los actuales desequilibrios económicos debe buscarse en otro sitio, en la pérdida del respeto a la vida humana».
La razón es la caída de la natalidad en los países occidentales. En efecto, «si la población de un país rico y caro deja de crecer, disminuye consecuente y progresivamente el acceso de los jóvenes a la fase de productividad; y, por el contrario, aumenta el número de las personas que salen de la actividad productiva y se convierten en un coste para la colectividad... Aumentan entonces los costes fijos, y no pudiéndose reducir los impuestos, disminuye el ahorro y, por tanto, la actividad financiera.»
Las alternativas son entonces aumentar la productividad con más horas de trabajo o deslocalizar los costes de producción. Pero lo primero no se quiere hacer, y lo segundo no da más de sí, por lo cual hay que recurrir a un último remedio: el endeudamiento. «O mejor dicho, el consumo a crédito, que conduce a los excesos que ya conocemos», concluye.
Gotti Tedeschi llama también la atención sobre el proceso inverso que han vivido hasta ahora las economías emergentes, con su progresiva expansión. Por ejemplo, «África está en vías de colonización por parte de los chinos», que pueden aportar trabajo y bienestar, pero el presidente del IOR se pregunta «qué visión de la dignidad del hombre llevarán estos nuevos colonizadores a aquellas poblaciones». «Ciertamente, no la católica», concluye. Y recuerda que el mensaje central de la encíclica Caritas in Veritate -en cuya redacción se dijo que ha participado- es que los «instrumentos» (como la economía, la ciencia o la técnica) «no pueden y no deben reivindicar autonomía moral», so pena de producir en el hombre «un daño irreparable».
La «negación de la vida», por ejemplo, apunta, con estas consecuencias imprevistas sobre el sistema financiero mundial.
Sólo lleva un año en el cargo y la divisa de su actuación está siendo la transparencia y la adecuación de la operativa de la entidad a los protocolos de control sobre el dinero negro. De hecho, la investigación afecta a movimientos de cuentas abiertas antes de su nombramiento. Como señala el vaticanista Sandro Magister, «se sabe que con Gotti Tedeschi como presidente se han cerrado muchas cuentas de dudosa transparencia, y muchas otras han sido regularizadas».
Este caso judicial referido a una de ellas ha amargado al presidente del IOR la salida en Italia de un libro suyo con Rino Camilleri, Dinero y paraíso. Los católicos y la economía global, donde, entre otras cosas, hace consideraciones muy interesantes sobre los orígenes de la crisis financiera que sacude al mundo desde 2007.
En concreto, explica por qué «la enorme expansión crediticia y el mal uso de los instrumentos financieros han sido efecto, y no causa» de dicha crisis: «Los orígenes de los actuales desequilibrios económicos debe buscarse en otro sitio, en la pérdida del respeto a la vida humana».
La razón es la caída de la natalidad en los países occidentales. En efecto, «si la población de un país rico y caro deja de crecer, disminuye consecuente y progresivamente el acceso de los jóvenes a la fase de productividad; y, por el contrario, aumenta el número de las personas que salen de la actividad productiva y se convierten en un coste para la colectividad... Aumentan entonces los costes fijos, y no pudiéndose reducir los impuestos, disminuye el ahorro y, por tanto, la actividad financiera.»
Las alternativas son entonces aumentar la productividad con más horas de trabajo o deslocalizar los costes de producción. Pero lo primero no se quiere hacer, y lo segundo no da más de sí, por lo cual hay que recurrir a un último remedio: el endeudamiento. «O mejor dicho, el consumo a crédito, que conduce a los excesos que ya conocemos», concluye.
Gotti Tedeschi llama también la atención sobre el proceso inverso que han vivido hasta ahora las economías emergentes, con su progresiva expansión. Por ejemplo, «África está en vías de colonización por parte de los chinos», que pueden aportar trabajo y bienestar, pero el presidente del IOR se pregunta «qué visión de la dignidad del hombre llevarán estos nuevos colonizadores a aquellas poblaciones». «Ciertamente, no la católica», concluye. Y recuerda que el mensaje central de la encíclica Caritas in Veritate -en cuya redacción se dijo que ha participado- es que los «instrumentos» (como la economía, la ciencia o la técnica) «no pueden y no deben reivindicar autonomía moral», so pena de producir en el hombre «un daño irreparable».
La «negación de la vida», por ejemplo, apunta, con estas consecuencias imprevistas sobre el sistema financiero mundial.
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El debate forma parte esencial de la vida,
reflexión
viernes, 12 de diciembre de 2008
El debate.
Siempre he entendido y así lo he compartido y manifestado que el debate forma parte esencial de la vida social, ya sea de la crítica artística o literaria, de la producción científica o de la vida política, de la dignidad de la persona humana o de su trascendencia, de los derechos y deberes de la educación , la escuela, las personas...etc.Me siento identificado, al leer un artículo en ABC (jueves 111208), por el Catedrático de Sociología (UCM) don Emilio Lamo de Espinosa, en todos sus argumentos y coincido con él en su conclusión de considerar de suma importancia el reconducir los diferentes debates a su justo término dentro de los parámetros democráticos y en plena libertad.
En mi reflexión y comentario trataré de exponer mis puntos de vistas, apoyado en los criterios que en su artículo expresa el citado autor. Indudablemente, el debate es el vehículo imprescindible que tenemos los humanos para establecer acuerdos, puntos de vistas común, unificar criterios y objetivos, conseguir consensos y encaminar acciones comunes en bien de todos.
El debate, consumado en el diálogo, debe estar edificado en buscar la verdad. La verdad que esté en servicio y beneficio de todos. Esa es la condición fundamental que no puede faltar, porque de lo contrario estaríamos en partidismos y exclusiones de unos sobre otros. Creo que es lo que está ocurriendo y las consecuencias son claras y evidentes.Y condición fundamental del debate dialogado es hacerlo en plena libertad, fuera de toda presión y condición impositiva, pues desde ese momento ya no sería debate, sino defensa de lo que yo quiero y busco. Debatir es buscar lo mejor para todos. Y hacerlo en libertad significa buscar la verdad, que realmente nos hace libre, en bien de los demás. Luego, cuando defiendo y persigo mis propios ideales e intereses; cuando trato de someter al otro a mi propia verdad, no estoy buscando el bien, sino mi bien.
Por eso ocurre que hay hambre en el mundo; por eso ocurre que hay injusticias y muertes; por eso ocurre que hay egoísmos que desheredan a unos y enriquecen a otros; por eso hay trepadores que busca quitar para ponerse él; por eso hay izquierdas y derechas; por eso hay estereotipos sobre el debate que, más que analizar argumentos, los etiquetan y pre-juician; por eso en el transcurso del debate nos descubrimos defendiendo nuestra verdad interés o egoísmo sin reparar en buscar la verdad, lo mejor para todos.El debate perfecto, el grado uno del debate, por así llamarlo, sería aquel en que las partes, reconocidas como interlocutores válidos, atiendan sólo a los argumentos del contrario, que se discuten sin malicias y de acuerdo con los tres instrumentos de crítica clásicos: la coherencia interna y racionalidad del discurso, su ajuste con los hechos y evidencia empírica y, finalmente, la oportunidad formal y sustantiva del debate, si es o no procedente.
De huir y salirnos de ese contexto empezamos a adulterar la esencia propia del verdadero significado de debatir. Igual ocurre con el concepto libertad. No es que se entiendan mal, sino que lo conformamos a nuestros propios intereses. No queremos ver la debilidad de nuestra propia naturaleza, frágil, limitada, egoísta. E irrumpimos en desviarnos tangencialmente hacia el lado que más nos convenga. Y aparece la demagogia y los esteorotipos señalados.
Llegado a este punto nos sumergimos en ataques y malicias. Ahora ya no interesa argumento alguno, que es atribuible sólo a la malicia y perversidad o, como mucho, ignorancia, del contrario. En este grado se hace presente el pecado de juicio, intenciones espurias, estrategias, engañosas, cortinas de humo, manipulaciones o conspiraciones. Y así el argumento ya no es incorrecto sino artero, las tesis no son incoherentes sino perversas, la gente no se reune sino que conjura, y así sucesivamente.

Es el momento de las etiquetas generalizadoras, verdaderos estigmas que aislan y excluyen y dividen y enfrentan las orillas, como los aros amarillos de los judíos: fascitas, rojo...etc. En este estado de diálogo disfrazado, el contrario, ya ha etiquetado al otro como enemigo, ya estereotipado, es públicamente encapirotado y despersonalizado.
Y así se puede decir, por ejemplo, que quienes votan a los otros son unos "tontos de los cojones"; y no sólo lo dicen, sino que lo mantienen, ¡faltaría más! Aunque pueda parecer lo contrario este grado tres no es tan frecuente en el discurso político, pero sí en el mediático - político, pues el nivel de ferocidad y agresividad de los columnistas/tertulianos, prensa del corazón, es hoy muy superior al de los políticos profesionales.
Y sólo nos faltan unos pasos para llegar a la acción del disparate. Ya, llegados aquí, ni siquiera se aparenta argumento alguno, sólo se insulta y cuanto mayor sea la violencia verbal mejor. Es ahora cuando aparecen términos como "vomitona", "baba", "mierda" y parecidas, que sólo pretenden rebajar al contrario a algo despreciable merecedor de cualquier trato. Y se asegura, por ejemplo, que no estaría mal quemar los libros del contrario, poner una bomba en algún sitio (como el Valle de los Caídos), quitar los crucifijos de toda vista, acabar con la religión y la educación libre, imponer una educación ideológica, matar a inocentes, eutanasia, desestructurar la familia...etc.
Sin darnos cuenta entramos en el terreno del odio. Todo se saca fuera del contexto dialogante en el primer grado. La memoria histórica, la vida, la muerte, la familia, la libertad, el respeto, la dignidad y el sentido de la vida son verdades y valores que ya no se debaten, sino que se defienden enfrentándose unos contra otros en una carrera devoradora de satisfacer mis ideologías y egoísmos. Es el momento del disparate y la carencia del respeto y libertad. Estamos en la gestación de enfrentarnos a muerte: la guerra.
Termina el señor D. Emilio Lamo Espinosa, subrrayando que el diálogo en el grado cuarto, este último, empieza a aflorar, con lo que estoy totalmente de acuerdo, y es el momento de quienes están en situación de reconducirlo tienen la responsabilidad ineludible de hacerlo.
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