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martes, 15 de agosto de 2017

OPCIONES: CAMINO DE VIDA O DE MUERTE



Para llegar al Señor necesitamos despojarnos de toda soberbia, autosuficiencia e individualidad, porque, sólo llegaremos al Señor si somos capaces de amar y perdonar. Y eso sólo podemos realizarlo si somos capaces de llenarnos de humildad y de compartir en la comunidad eclesial. Porque sólo en la comunidad tienes oportunidad de amar.

Porque, amas cuando compartes; cuando soportas; cuando escuchas pacientemente; cuando eres capaz de comprender y aceptar; cuando te entregas en servicio gratuitamente; cuando renuncias a ti, para darte en servicio a los otros...etc.

lunes, 31 de marzo de 2014

EL PODER DE LA HUMILDAD



La evangelización pasa por ser humilde, pues sólo lo que se propone por amor puede llegar a tocar el corazón. Y el amor contiene humildad, pues de faltarle ese componente queda adulterado y deja de ser amor verdadero. Se transforma en un amor aparente, descafeinado, donde se confunde el compromiso con la pasión; el interés con lo gratuito; la verdad con la mentira.

Cuando se evangeliza desde la suficiencia y los prodigios, desde el asombro de sorprender y despertar admiración, se está desencarnando el verdadero amor por el que nuestro Señor Jesucristo se hizo Hombre y habitó entre los hombres. Porque no se trata de anunciar grandes acontecimientos o prodigios, ni proezas milagrosas, sino proclamar la esperanza a los pobres y necesitados de sanación, de justicia y de paz.

De un mundo donde la fraternidad y el amor sean el común denominador y el punto de unión de todas los hijos de Dios. No son palabras lo que los hombres esperan, sino Palabras de Vida Eterna que alivien sus vidas. Palabras acompañadas de hechos que las materialicen y las hagan vida.

No esperamos acontecimientos que nos deslumbren, sino que en la vida sencilla de cada día se haga la fraternidad, la solidaridad, la justicia y halla paz y buena voluntad entre los hombres. Porque el Hijo de Dios está entre nosotros. Amén.


miércoles, 15 de agosto de 2012

COMPETIR IMPLICA HUMILDAD...

 - «El que no sirve para servir, no sirve para amar». La...
 porque si nos dejamos llevar por nuestras inclinaciones podemos derivar en ambiciones y egoísmos que nos llevan a excluir y someter a nuestros rivales y competidores. Cada competición debe estar marcada por la actitud de servicio, de lealtad, de honradez y justicia, y, sobre todo, de humildad.

Ser competidor significa aceptar que otro te pueda superar en la destreza de alguna disciplina deportiva, como también en los talentos de la propia vida. Han sido repartidos por nuestro Padre Dios, y cada uno tendrá lo que Dios le ha dado.

No importa, pues, ser el primero, sino lo que tengas, sea mucho o poco, ante el Señor vale lo mismo, recordemos la parábola de los obreros de la viña, ponerlo al servicio de los demás. Ejemplo, María, que llena de Gracia se hizo la servidora de su prima Isabel corriendo hacia su casa para pasar allí unos tres meses a su servicio.

Reflexionemos, anunciada y llena de Gracia para ser la Madre del Redentor y Salvador del mundo, no alardeó de su elección y nombramiento, sino que emprendió un duro camino de subida para humildemente ponerse al servicio de su prima Isabel.

Competir no es buscar ser el primero, sino siéndolo o no, poner todas nuestras capacidades y talentos al servicio de los demás y en justa competición. Así todos ganan, y todos son premiados por su participación, su esfuerzo limpio y justo. Así, no solo en la competición deportiva, sino en la competición propia de la vida, la competencia libre, leal, honrada, justa, fraterna y solidaria, sería un bien para la humanidad donde el hombre se sentiría gozoso y en paz.

Pidamos, de la mano de María, que el Espíritu Santo nos de la sabiduría de saber buscar, no los intereses económicos, deportivos y mayores, sino que sepamos dar todo lo que podamos en beneficio de la justicia, del bien común y de la paz. Y sobre todo, el premio no caduco, sino aquel que perdura eternamente. Amén.
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