viernes, 21 de noviembre de 2008

Cuando el bien no es nuestro objetivo y fin último.


En nuestra querida nación hay muchos problemas que no deberían existir. Al menos, son historia del pasado que se deben superar y que no constituyen fundamentos para mejorar en nuestro camino hacia un futuro más digno, libre y en paz. Pero el diablo anda suelto y se inmiscuye en los que están deseosos dejarse dirigir por esa voluntad egocentrista y posesiva de implantar su ley y sus principios. Son los intolerantes e intransigentes que sólo entienden de sus ideas y para su bien particular e intereses propios.

Pero todo no acaba ahí. Están también los resentidos que no terminan por madurar y comprender que sólo en la concordia y la paz se puede conseguir lo que, se supone que es lo que desean, los fines que perseguimos: "una plena convivencia fundamentada en la justicia, libertad e igualdad".

Son los violentos, incapaces de asumir sus errores y desequilibrios; son los inmaduros que justifican sus verdes sentimientos y afectos con respuestas incoherentes, irracionales y cargadas de contradicciones; son los que ante la impotencia de no poderse justificar no son capaces de admitirlo y reconocer, se necesita ser humilde y no lo son, y de buscar, aceptándola, la verdad. Sólo desde ahí se pude construir un país, si eso es lo que pretenden, en democracia y libertad.


El juez Garzón nos deja esperpéntico, pues no todos son conocimientos y habilidades, hace falta madurez emocional y control de su libertad poniéndola al servicio de su voluntad. O dicho de otra forma, se necesita buscar la verdad y el bien, pues ese es el sentido auténtico de ser libre. ¿No me irá, Sr. Garzón, a decir que las personas queremos el mal? Nadie, en su más profundo sentimiento, quiere hacer el mal. Lo hace dejándose llevar por sus instintos irracionales y animales, es decir, cuando no es libre y está poseído por sus pasiones y egoísmos. Liberarse es desapegarnos de las ataduras que nos inclinan al mal para hacer el bien.

Y debe recapacitar sobre su actuación, pues hace mal en confundir y reavivar a los violentos, descontrolados e inmaduros que esperan la señal para echar leña al fuego. Sin darnos cuenta estamos enfrentándonos de nuevo con el telón de fondo: "la memoria histórica", y usted representa el papel, en este entreacto escenificado, de fogonero mayor. ¡Y lo hace muy bien! Sabe echar leña y avivar la hoguera de forma extraordinaria, pero en el lado contrario de la representación transparente su retrato real reluce de persona inmadura y poco inteligente, pues la inteligencia está, a pesar de que muchos no lo entiendan, en proporción directa con la búsqueda del bien común.

¡Que yo sepa, no hay nadie elevado en los altares por su maldades y disparates! Se les recuerda, en algunos casos, como malos ejemplos a no imitar y personas no gratas. Sólo los que buscan el bien, es lo qué queremos todos, son los bien hallados y recordados gratamente. Indicio claro que justifica que la libertad es la búsqueda del bien común. De ahí la tan acertada propuesta del Sr. Bono en el Congreso de enaltecer a la Madre Beata Maravillas por tanto bien hecho a la humanidad - http://deahaba.blogspot.com/2008/11/no-saben-donde-les-queda-la-mano.html -

Y, como un mimetismo instintivo, precisamente porque buscan y pretende otros fines distintos del bien común,otros colaboradores y resentidos se suman a la labor ingrata de echar leña al fuego para avivar el caos y la confusión. Son los señores del poder y otros de ideologías comunes que buscan encender su pasado violento. Pasado en el que todos tenemos culpa, los de un bando y los del otro, pero que debemos aceptar, cada uno con sus propios errores y aprender a no repetirlos de nuevo, sino mejorarlos en concordia, libertad, justicia y paz.

4 comentarios:

María Angélica dijo...

Me vine guiada por HILDA buscando un post en particular, la verdad es que tu blog es harto bueno.
De Garzón te puedo decir que no es santo de mi devoción, es un tipo arrogante en busca de notoriedad.
Saludos.

Salvador Pérez Alayón dijo...

Gracias por tu opinión, y demos gracias al SEÑOR por todos nosotros, pues por nuestra fe debemos sabeR que el ESPÍRITU nos guía y nos ilumina para Gloria de nuestro SEÑOR.
Sí, la prepotencia y la arrogancia nos derivan a la presunción. Ese es nuestro pecado. Por eso el SEÑOR nació en la humildad y la pobreza, abonos que nos ayudan a darnos cuenta de nuestro origen filial. Pero, al ser libres, el pecado adanoniano nos mancha y si nos enfrentamos solos, nos perdemos. Garzón anda por ahí y no sólo se mancha él, sino que nos mancha también a nosotros. Estamos renracimados, porque todos somos hijos de un mismo PADRE. Recemos, pues, por la conversión y unidad de todos.
Un abrazo en CRISTO.

María Angélica dijo...

Me encantan las personas de gran humildad y que sus brazos se abran para abrazar y ayudar al pobre, como el SEÑOR quiere que seamos a su imagen y semajanza.
Me ha subyugado este sitio por lo que si no te molesta lo enlazaré a mi blog cultural.
Saludos chilenos.

Salvador Pérez Alayón dijo...

Hay una cosa que me ha ayudado mucho y me ayuda ahora. Mis sentimientos y afectos no me obedecen; hay momentos que quiero algo y me apetece, pero me doy cuenta que mi razón me dice que no, no me conviene; luego pongo mi voluntad en acción y me esfuerzo en rechazar o cambiar ese algo. Quiero significar que la voluntad nos la ha regalado el SEÑOR para dominar nuestros sentimientos y afectos que nos vienen sin nada poder hacer. Nuestra voluntad, que sí que podemos emplearla y dominarla y que debe estar regida por nuestra razón y esta referenciada e iluminada por la fe. Desde ahí puedo luchar, aún no sintiéndolo, por esforzarme en ser más humilde y misericordioso como el SEÑOR quiere, asistido por el ESPÍRITU SANTO. Es liberador abandonarse en MANOS del SEÑOR y aún sintiendo soberbia y presunción decir no y esperar esperanzado en que ÉL, que lo puede todo, nos transforme por su ESPÍRITU.
Un abrazo en CRISTO.

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