martes, 4 de noviembre de 2008

¡Es más difícil que entre un rico en el Cielo que un camello pase por el ojo de una aguja!









Se llama coltán. Algunos analistas consideran que, con el tiempo, será más importante que el petróleo. Sin embargo, no provoca los ríos de tinta que causa el oro negro. El silencio eclipsa los horrores que este mineral provoca en el corazón de África. En consecuencia, no parece haber calado en la conciencia social.

Quien posea un teléfono móvil, tiene coltán en sus manos. Es la piedra filosofal que hace los móviles más ligeros, los televisores más planos. Se trata de uno de los más preciados tesoros del primer mundo. Superconductor de electricidad, muy maleable y capaz de soportar el calor mejor que el cobre, el coltán (abreviatura de columbita y tantalita, minerales que contiene este tipo de roca) se ha convertido en la piedra angular de la tecnología más puntera.

Es un elemento fundamental en estaciones espaciales, armamento militar, ordenadores portátiles, consolas de videojuegos (el retraso de la PlayStation 2 en el 2000 fue debido a la falta de coltán), aparatos clínicos... Pero el 60% de la extracción de este mineral está dedicada a la telefonía móvil.

No es extraño que el precio del coltán se haya multiplicado por cien en los últimos veinte años, desde que el uso del móvil se generalizó en 1990 en Occidente, haciendo que el mineral alcanzase los 400 euros el kilo en el mercado.

Se trata, por tanto, de un componente clave en el engranaje económico de las nuevas tecnologías, esclavizadas por una demanda, creciente, que ha disparado la necesidad del preciado tesoro. La víctima de esta ambición es un país: la República Democrática del Congo. (RDC).
El Congo.

El 80% de las reservas mundiales de coltán se localizan en este país de África Central desestabilizado por las guerras y con un Estado débil, que tiene por delante la lucha contra la corrupción y la pobreza tras años de conflicto fratricida.

El coltán puede considerarse como la principal causa del desencadenamiento de la última guerra en el Congo, con la implicación de Ruanda y Uganda.
Los principales destinatarios del mineral son Estados Unidos, Alemania, Bélgica y Kazajistán. Numerosas oenegés y la ONU denunciaron en vano la situación, pero ni Estados Unidos ni Europa han mostrado voluntad política para acabar con el conflicto en detrimento de sus intereses particulares.

Mientras el hombre no purifique su ansia de poder, de grandeza, de ser su propio dueño, nada cambiará en nuestro conflictivo mundo. Todo seguirá igual: habrá más corrupción, más atropellos, más muertes, más esclavitud, más de todo lo que se quiera añadir. Como diría Cherteston: "quita lo sobrenatural y, lo natural, se convertirá en antinatural".

Y así es, en la medida que el hombre se olvida de DIOS, se ve obligado a buscar en sí mismo o a tomar de una ideología sus referencias y finalidades; y, al no admitir un criterio objetivo del bien y del mal, ejercen sobre el hombre y sobre su destino un poder totalitario, declarado o velado, como lo muestra la historia.

Toda institución se inspira, al menos implícitamente, en una visión del hombre, quiera o no quiera, y de su destino, de la que saca sus referencias de juicio, su jerarquía de valores, su línea de conducta. La mayoría de las sociedades han configurado sus intituciones conforme a una cierta preeminencia del hombre sobre las cosas. Sólo la religión divinamente revelada ha reconocido claramente en DIOS, Creador y Redentor, el origen y el destino del hombre.

Cuando el hombre se aparta de este camino, irremediablemente se precipita hacia un orden desencarnado de la vocación a la que es llamado y, por lo tanto, se hunde en su propia desgracia al rechazar la llamada a su propia felicidad. Creyéndose en poder ser dueño de su propio destino, cae en la red (hedonismo) de su propia muerte, obligado por sus referencias de juicio, su jerarquía de valores y su línea de conducta.

Consecuencia de todo ello, la portada de esta reflexión y todo lo que atisbamos a nuestro alcance nos hacen realidad , no son simples conjeturas, lo que estamos diciendo. Nuestra propia historia nos documenta con sus hechos lo que reiteramos, dícese del nazismo, comunismo... etc., hasta llegar al aborto, eutanasia, bioética embrionaria, Irak, Congo y pónganse a pensar...

El hombre cuando se constituye en su propio dueño y señor queda atrapado en su propio egoísmo y su objetivo inmediato es satisfacerce a sí mismo y buscar su propio bien y felicidad. Felicidad que encuentra en poseer y poder y sumergirse en el más puro hedonismo. Esto desemboca en las barbaridades que estamos viendo. El otro desaparece para convertirse en un enemigo a someter para mi propio servicio.

El hombre cuando se constituye en su propio dueño y señor queda atrapado en su propio egoísmo y su verdad pasa primero por satisfacerse a sí mismo y luego, según su intereses y su bondad del momento hacer algo por los demás, pero su mirada y su centro está en el bien personal. Así se puede explicar que está pasando en nuestro mundo.


4 comentarios:

icue dijo...

No sabia esta historia del coltán que cuentas, es interesante.
Pero más interesante es la segunda parte de tu entrada, con la reflexión que haces, enhorabuena.
Un abrazo

Salvador Pérez Alayón dijo...

Gracias por tu opinión, Icue. Sin lugar a dudas el problema de nuestro mundo es el mismo que tuvo Adán y, mientras no nos convirtamos en Abel, dando gracias al SEÑOR por lo que somos y tenemos, no cambiaran las cosas. Un abrazo.

María Angélica dijo...

Increiblemente asombrada por la información del coltán y seguida de una reflexión que te deja pensando.

Salvador Pérez Alayón dijo...

La Gloria sea para el SEÑOR que nos hace capaces de decir estas cosas que cuando las releo no sé si he sido yo o como lo he podido decir. El ESPÍRITU de DIOS está sobre nosotros y nos asiste y ayuda.
Esto lo podiamos enlazar con el comentario sobre Obama. Si se aleja de DIOS difícilmente podrá escapar de la vorágine corruptora de los hombres que se proclaman dueños de si mismos y del mundo.

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