sábado, 23 de febrero de 2013

OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE



Podemos sintetizar en esta frase, que se necesita conocer para saber y ver por donde caminamos. Porque sin conocimiento no nace la sabiduría, y sin sabiduría el camino se hace difícil de encontrar. Formarnos es absolutamente necesario porque solo la verdad nos hará libre.

Pero para formarnos necesitamos tener, primero, un deseo y actitud de conocer, porque solo lo conocido se puede amar. Y, segundo, una actitud de dejarnos ayudar y formar. Donde no hay humildad para aprender, difícilmente se podrá formar. Pero no todo es hincharnos de conocimientos, sino aprender y experimentar el saberlos aplicar. Diríamos, conocer para amar.

De nada vale conocer para aplicarlo a tus propios intereses y, en detrimento de los demás, servirte de ellos para enriquecerte, darte la gran vida y mejorar personalmente. Ese es el problema que se plantea hoy en nuestro mundo. Hay muchos pobres porque los que han aprendido y saben no mejoran su entorno, sino mejoran ellos y sus bienes. El conocer debe ayudarnos a aplicar ese conocimiento para hacer el bien.

Se aprende y se forman para crecer ellos, y se decrece en valores y solidaridad. Por eso, la Iglesia debe inculcar estas experiencias solidarias. Aprendo para enseñar y darme en ayudar a construir un mundo mejor.


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