jueves, 11 de junio de 2015

CUANDO HABLAMOS DE PROYECTOS



Todo el mundo tiene un proyecto. Su vida ya es de por sí un proyecto, que aunque le pertenece a Dios, muchos de nosotros lo emprendemos por libre y por nuestra cuenta. Rechazamos a Dios y pensamos que nos irá mejor por nosotros mismos.

Muchas instituciones políticas, culturales, deportivas, académicas, muchas personas desde su ámbito familiar, profesional, personal, tienes su proyecto y se cuidan de prepararlo para tratar de alcanzarlo. Empieza el camino de toda una vida por lograr ese objetivo o meta en donde espera alcanzar la felicidad. Cada cuál tiene el suyo, y cada cual lo busca por su lado. 

Lo que ocurre que estamos en relación y lo que consiguen unos por un lado, otros lo necesitan por otro. Hay un desequilibrio egoísta que hace que unos sean ricos y otro pobres; que unos vivan en abundancia y otros carezcan de muchas cosas de primera necesidad. Una seria titulada las acacias y seis hermanas que pasan por la uno lo refleja muy bien. Las luchas de derechas e izquierdas no reflejan sino el enfrentamiento entre unos que quieren tomar el poder, y otros que no lo quieren soltar, pero proyectos para establecer justicia y paz para todos no hay.

Jesús sin embargo tiene un proyecto para todos. Un proyecto que abarca a todos los hombres, sin diferencia de país, de raza o de lengua. Un proyecto de justicia, de verdad y de paz. El Reino de Dios. Esa es la diferencia, mientras el hombre fabrica proyectos particulares, Jesús propone el bien común, la paz y la vida eterna para todos.

Y la diferencia estriba en que los reinados que buscan los hombres son reinados caducos, mientras que el Reino que propone Jesús es un Reino de Vida eterna en plenitud. La cosa es seria y vale la pena pensárselo. Porque, ahí, a la vuelta de la esquina está el final de este camino mundano, y después ya es tarde.
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