viernes, 29 de mayo de 2015

LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO



Nacemos con el pecado original heredado de nuestros padres. El hombre revelado contra Dios, no sólo se ha manchado él, sino que mancha a toda su descendencia, porque estamos encadenados. En un racimo de uvas, estropeada una, quedan todas las demás condenadas a estropearse también si no se corta y se pone remedio.

Con nuestros políticos ha ocurrido lo mismo. Se han corrompido y han creído que el Reino de España era su propio cortijo. Todo el mundo se ha contagiado y, ¡ala, a robar! Y sabido es que la enfermad tiene un tiempo y un proceso. Tiempo que han sabido aprovechar los que no pueden subir de otra forma sino por los errores de otros.

Igual nos ocurre a los creyentes. No nos vence el diablo, mundo y carne si nos apartamos de nuestro camino y cerramos las puertas a la acción del Espíritu Santo. En ambos casos, la enfermedad es la misma. La lejanía y el hábito a pecar o robar termina por ser la ocasión que espera el ave de rapiña para también él cobrarse del festín.

No sé lo que ocurrirá, pero los culpables no están todavía en las cárcel. Serán ellos los únicos responsables de lo que pueda suceder en los próximos años en España. Una cosa es positiva y hasta puede ser conveniente. Visto el mal se hace necesario buscar el bien. Y todos aquellos ciudadanos de bien se movilizarán para revertir la situación.

Si con esto se controlan mejor los despilfarro y la corrupción; si con esto se imponen castigos y duras penas de cárceles respondiendo con su persona a lo defraudado o mal gestionado negligentemente, hemos logrado algo fundamental y necesario. Esperemos que así sea
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