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domingo, 7 de julio de 2013

IMPUESTOS, INVERSIONES Y CONSUMO



Es simplemente mi opinión, posiblemente sujeta a errores por ignorancia, pero mi opinión, la que tengo, la que me puedo formar y la que emerge desde mi experiencia. Como muchos españoles, que supongo son los que le deben importar a los gobiernos, opinamos y nuestras opiniones son las que deben tomar cuerpo en el Parlamento para transformarse en el bien común.

Expuesto esto, opino que bajar los impuestos sería muy beneficioso. Beneficioso porque las empresas quedarían en disposición de ser tentadas a invertir. Las inversiones favorecidas por la bajada de impuestos generarían empleo y el empleo produciría más consumo.

Al mismo tiempo, el crecimiento de empleo fortalecería la seguridad social y la asistencia pública sanitaria, y también crecería la tributación, pues a mayores inversiones, mayor trabajo y más consumo. Los ingresos a Hacienda suben también. No sé si mis apreciaciones son correctas, pero el sentido común y la lógica me indican que pueden ser las medidas que necesitamos en este momento los españoles.

¿Por qué no se toman? No lo entiendo, y me quedo perplejo, pues doy por hecho que los señores que están al frente del Gobierno saben mucho más que yo. Sin embargo, eso no impide que yo, que pago mis impuestos, comparta mi opinión y pida respuestas que satisfaga y den luz a las que expongo. Porque de ser las buenas no entiendo por qué no se llevan a cabo.

Sólo me queda pensar que no se hacen porque buscan otros intereses que no sean los de beneficiar al pueblo y engordar el bolsillo propio. Eso justificaría todo, y lo que actualmente prolifera y ocurre, porque cada vez la vida se nos hace más imposible. Impuestos directos, patrimonio, impuestos de bienes inmuebles, tasas de basura, de circulación... Ocurre que cuando acabas con unos, empiezan otros, y así estamos todo el año, no levantamos cabeza.

¿Qué opinan ustedes?

jueves, 13 de septiembre de 2012

LA IMPORTANCIA DEL AMBIENTE...

 - Un filósofo de principios del siglo XX definía la moral como ”lo que agrada ...

es algo que en muchos momentos pasa desapercibido en nuestra vida. Y es fundamental a la hora de tomar un rumbo contrario al que, sin saber cómo, nos domina y nos influye. El ambiente es algo que se cuela sin darnos cuenta en nuestra propia sangre.

De pequeños, ya en nuestra familia, respiramos los criterios de nuestros padres, tíos, hermanos, primos...etc. Por eso, la familia, es algo fundamental en la vida de cada ser humano. Sus primeros años van a determinar mucho los criterios que regirán su vida. Desde ahí, un gobierno inteligente cuidaría mucho la familia, porque de ella saldrán los hombres del mañana. Y el país será lo que sean sus hombres y mujeres.

La forma de entender la vida, sus leyes, sus criterios, su justicia y su verdad estará en proporción directa con lo que se haya vivido en sus primeros años. Y eso se vive en la familia, luego en el barrio, más tarde en la ciudad o el pueblo, y por último por los caminos que en el devenir de tu vida vas recorriendo.

Ese conjunto de circunstancias que de alguna forma influyen en tu vida irán conformando tu forma de actuar, tus actitudes ante los valores como justicia, honradez, solidaridad, respeto, verdad... Y eso se adhiere en los ambientes. Son los ambientes los que te dibujan y te perfilan.

Por eso, la importancia de tener un buen ambiente. Un ambiente que contagie verdad, respeto, justicia, solidaridad, servicio, escucha... En una palabra:  "Amor". Y esos ambientes nacen en la medida que tú ayudes a formarlos con tu actitud, con tu esfuerzo, con tu ejemplo, con tu vivencia de los valores.

Valores que no se encuentran en las familias y los barrios o pueblos porque nos los hemos dejados robar; valores que se han ido perdiendo en la medida que nos hemos dejado invadir por el consumo, la mediocridad, la comodidad, la mentira, la injusticia, el vicio, los malos hábitos... 

Valores que van en decadencia viciados y debilitados por el egoísmo y la acogida del mal. Valores que en la medida que el hombre y la mujer se alejan de Dios, caen en la soberbia, en la mentira y en la desorientación. 

Valores que hemos puesto en manos de los medios (Televisión, prensa, radio...) y que, la mayoría, nos destruyen en beneficios de sus propios intereses económicos. 

Y todo ello hace que vivamos sometidos a una cultura relativista, impuesta por la manera de pensar de cada uno. Una cultura enferma, desprovista de valores que edifican y unen, que sirven y respetan, que hacen justicia y actúan en beneficio del bien común.

Así nos es imposible levantarnos, vencer nuestras propias limitaciones, apegos, hábitos viciados. Experimentamos la necesidad de ser ayudados para salir de esos ambientes. Y entonces es cuando descubres que sólo injertado en Jesús de Nazaret puedes encontrar la luz que te ayude y refuerce para encontrar el camino que conduce a la verdadera libertad.

Por todo ello, si queremos una sociedad más humana, más justa, más solidaria, defendamos los valores de la familia cristiana que se apoyan en el amor y en la Única Verdad que solo está en nuestro Padre Dios.


lunes, 11 de junio de 2012

SÍ, EL DIABLO NO PARA EN TENERNOS OCUPADOS

 ... con un aumento medio del consumo por parte de los...


Y una de las cosas con lo que lo consigue es con el consumo. Consumir nos aparta de todo aquello que nos ayuda a vernos tal cual somos. Consumir nos introduce en un mundo productivo y económico. Consumir hace que no pensemos en otras cosas, pues producir exige estar al día, y estar al día nos lleva a adquirir los medios más avanzados y últimos del mercado.

En esa dinámica nos ponemos en una velocidad vertiginosa que nos prohíbe descansar. Y sin descanso será muy difícil reflexionar. Y sin reflexión perderemos la posibilidad de esforzarnos en responder a los interrogantes que palpitan dentro de nosotros mismos. Eso es lo que el Maligno quiere, que perdamos toda huella de Dios, y que solo respondamos a lo que este mundo nos dicta y ofrece.

Y cuando terminamos de consumir y pagar, solo desearemos un buen descanso. Y, sin darnos cuenta, vuelve la cadena de nuevo, ¡las vacaciones! Vacaciones que se convierten en crucero, diversión, visitas y más de lo mismo... Vuelve el consumo. Y cuando regresamos a casa estamos más cansados, pero la tarea acumulada nos devuelve de nuevo a la velocidad de vértigo.

¿Qué ha conseguido el demonio? Pues mantenernos ocupados; evitar que pensemos y dialoguemos; separar las familias, los hijos... Y, sobre todo, ese su fin más inmediato, apartarnos y alejarnos de Dios. Me parece muy ilustrativo el post de un bloguero nuevo, Pedro Fernández Cabañas, a raíz del cuál he enhebrado esta humilde reflexión. Le dejo el enlace para que lo conozcan y degusten sus buenas reflexiones a las cuales yo encuentro mucha miga.
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