sábado, 13 de agosto de 2011

SIN REFERENCIAS NO HAY CAMINO


Hace tiempo escribí sobre al torre de Babel. Pienso que todavía la estamos construyendo y que queremos alcanzar a DIOS, porque nos consideramos autosuficientes y capaces de conseguirlo. Y eso es una realidad palpable que constatamos en cualquier momento.

Sólo basta mirar a nuestro alrededor y comprobar que ocurre (ver aquí). Esta crisis mundial que estamos sufriendo no es sino consecuencia de hablar diferentes idiomas y, mientras unos tratan de levantar un muro de una forma característica, otros lo hacen de otra forma. Cada cual trata de hacer su propia torre y, en consecuencia, tratan de engañar al otro para ser ellos los primeros que la levanten. Sin darse cuenta, la construcción se ha convertido en una apuesta personal y egoísta, y en la disputa muchos se quedan sepultados y sometidos.

No hay un lenguaje común, ni unas referencias morales y de buena conducta que alumbre la construcción. Se ha dada la espalda al Amor y, cada uno, impone su propio amor, egoísta e imperfecto. No ha habido una trasvase del amor dodim al amor ágape, y la humanidad se ha resentido de esa inmadurez. Las consecuencias todos la sabemos.

Londres puede ser un ejemplo ahora (ver aquí), también Libia, Marrueco y el Sahara. La huelga planteada por los sindicatos españoles en la visita del Santo Padre Benedicto XVI es otra muestra de lo que reflexiono. No es momento para protestar sino para arrimar el hombro, porque se trata de solidaridad y colaboración ya que en la situación que padecemos, esta visita puede representar una inyección económica que ayude a muchas personas.

Pero, al parecer, lo que importa es construir la torre cueste lo que cueste y buscar mis propios intereses. Lo demás que carguen con los trabajos más pesados y duros. A nosotros sólo nos toca presidir y dirigir. Al final las crisis son para los de abajo, para los más desgraciados y pobres. Las luchas están servidas.

El hombre, eso se sabe pero no se acepta y se pone remedio, necesita que Alguien le alumbre el camino. Alguien que está por encima de él y que es la Única vía de salvación. Tarde o temprano su propia torre se vendrá abajo. El tiempo será testigo.
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