sábado, 18 de octubre de 2008

El tiempo apremia



Grupos de interés y partidos políticos

Ardo en deseos de gritar a los cuatro viento la imperiosa necesidad que tenemos de hacer una seria reflexión sobre la dirección que llevamos en nuestras vidas. Permanecemos expectantes ante la estampida, que se avecina al abismo, irracional y sin sentido, llena de contradicciones y disparatada. No hay coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace; no hay referencias donde beber los valores que dignifican a la persona humana; no hay nada, ni nadie que nos alumbre y nos de sentido y razón de nuestro existir y nuestro ser.

Todo es según el cristal con que se mire y, en la mayoría de los casos, de quien lo mire ( relativismo). Los instintos prevalecen a los afectos y sentimientos y, estos, de forma arbitraria y según sientan dirigen mi voluntad y anulan mi razón para, sin ninguna referencia Absoluta, perderse en la tela de araña que nos envuelve y nos dirige: el mundo y sus manipuladores.

Nuestros impulsos instintivos deben estar integrados en nuestros afectos y estos en nuestros sentimientos, pero nuestros sentimientos, lo que deseo y no deseo, deben estar integrados en nuestra voluntad. Nos ha sido donada para, empleándola libremente, ponerla al servicio del bien y encauzar y dirigir nuestros afectos, sentimientos e instintos: ese es el sello de nuestra propia esencia humana y lo que nos distingue y nos hace diferente a otro cualquier ser viviente.

Pero nos encontramos con el gran problema: ¿quien alumbra, ilumina, dirige y nos sirve de referencia? Fuera de toda duda está que el hombre no es ni se constituye en ninguna referencia para iluminar a otro, pues la luz que el pueda aportar no llegar a iluminar todo el campo que el otro necesita ver para caminar. Somos luces y sombras y sobran las palabras, pues la vida y la historia se encarga de descubrírnoslo.

Enfrascados en constituirnos en nuestros propios guías observamos perplejos como a lo largo de la historia las ideologías humanas, nacidas como esperanza y futuro de respuesta a la búsqueda del bien y la felicidad del hombre, han sucumbido en desastres y disparates que han llevado al hombre a su propia destrucción. Hoy sin más, estamos entrando en una espiral de contrasentidos
que nos desequilibran y amenazan destruirnos.

Sólo es cuestión de tiempo, por eso el tiempo apremia, pues en la medida que avanzamos hacia el sin sentido y disparate, más costará el regreso a la sensatez, al razonamiento, a la fe y al buen camino. Se necesita educar en el discernimiento y en el juicio critico; se necesita integrar lo instintivo, que nos animaliza, en lo afectivo, (ternura, afecto, sentimiento), y lo afectivo en la voluntad (no hago lo que me apetece y quiero, sino lo que debo y es bueno para todos), y mi voluntad debe estar integrada en mi razón, que me indica lo razonable y lo que es bueno, moviendo mi voluntad a tal fin. Y mi razón debe estar alumbrada por la fe en la Única Verdad Absoluta que lo ilumina todo y le da verdadero sentido a la vida.

Desde ahí, desde la crisis de valores tanto materiales como espirituales tenemos que purificar, limpiar todo el fango que nos ciega para sentar los criterios de la Verdad que nos salva y ponerlos en acción. Es tiempo de acción y de concretización. Se hace necesario cribar y asentar los criterios que nos dignifiquen y eleven a nuestra más pura condición humana.


Y no hay tiempo que perder. La Iglesia reclama hoy con urgencia hacer presente a DIOS en la vida pública ante la osadía de quienes habiendo decidido que DIOS ha muerto, se declaran a sí mismos dios, considerándose el único artífice de su propio destino, el propietario absoluto del mundo. Sin embargo, debemos preguntarnos : ¿somos de esta forma más felices?; ¿somos verdaderamente más libres?; ¿se puede construir una sociedad donde reine la libertad, la justicia y la paz?

O, por el contrario, ¿no sucede más bien, como lo demuestra ampliamente la crónica diaria, que se difunden el arbitrio del poder, los intereses egoístas, la injusticia y la explotación, la violencia en todas sus expresiones? Al final, es que el hombre se encuentra más solo y la sociedad más dividida y confundida.

Y una gran responsabilidad está en los partidos políticos que, en lugar de crear ciudadanos críticos, hacen justamente lo contrario: ciudadanos leales al partido. Nada se debate; nada se pone en tela de juicio; todo se admite y se acepta; todo vale y lo que importa es mantener las cotas de poder y la ambición de sus propios intereses. Los partidos se han convertidos en verdaderos rebaños de ovejas guiados por pastores ciegos y corruptos.

Ha llegado la hora de irrumpir con la verdad del Evangelio en la vida pública y adherirnos, sin miedos, de que estamos defendiendo la verdad en beneficios del bien común y la autentica libertad.
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