sábado, 12 de junio de 2010

LA JUSTICIA NO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA


Nuestra tendencia natural es mirar por los ojos de la ley. Es lo normal, cada acto debe ser juzgado según los criterios que rigen nuestra convivencia, y será premiado o castigado según lo establecido en las leyes jurídicas que establece la comunidad.

La mirada de los avezados hombres expertos en leyes solo ven faltas o cumplimientos, y todo está basado en su cumplimiento o incumplimiento. Según esto sí cumples eres una persona respetada y digna de que se te respete, pero si no cumples el peso de la ley caerá sobre ti. Lo importante es la ley y su cumplimiento, y el ser humano está sujeto a ella.

No importa los caminos, los recobecos, las adulteraciones o falacias que se puedan cometer para cumplir o aparentar cumplir, lo importante es "cumplir" o parecer cumplir, luego todo lo demás es secundario o transitorio. Los sentimientos, las incapacidades, las circunstancias, los fallos o emociones no son tenidas en cuenta a la hora de ejecutar sentencia. Sólo, en casos excepcionales cuando el poder es el mirado, se desvía la vista y se esconden las faltas para tergiversar la realidad y aparentar lo que no es.

El observador y cumplidor no repara en las lágrimas del que incumple, sólo ve gestos de una cosa (persona) que no ha cumplido con lo establecido. No personaliza sino cosifica a alguien que falla ante la ley. Es incapaz de ponerse en su lugar y analizar las circunstancias que lo han arrastrado a caer en el incumplimiento.

Porque, ¿quién no quiere cumplir? Me imagino que el primero que quisiera cumplir, ¡ahora mismo!, sería nuestro Presidente Zapatero, para quitarse de encima tantos problemas. Es lógico pensar que eso debería ser así. Otra cosa es que no pueda hacerlo por estar sometido a muchas circunstancias que lo arrastran al incumplimiento. Hay muchos factores que nos atrapan y someten impidiendo que seamos nosotros mismos los que ejerzamos nuestra auténtica libertad: buscar y hacer el bien.

Hacer un análisis de todas esta reflexión lo dejo al interés y observación del posible lector. Cada uno que mire y observe hasta que punto es libre y sus actos son propios e imputados a su libre voluntad. Sólo, mi intención, es poner en atención que la mirada del amor está por encima de toda ley y juicio humano.

La mirada de JESÚS, quieras o no, es diferente, tanto para Zapatero, nos guste o no, como para todos aquellos que incluso promueven el aborto, la eutanasia, impiden la libertad religiosa, la educación, la vida o coartan y extorsionan los derechos y libertades de otros. JESÚS no representa la norma sino defiende y manifiesta la compasión de su PADRE DIOS.

JESÚS mira más lejos y profundo. Observa los sentimientos, la debilidad, las emociones y apetencias que derrumban, y sopesan las buenas intenciones, que todos sentimos, pero que muchos, o casi todos, no podemos superar y llevar a cabo. ÉL nos conoce a fondo y sabe de que pasta estamos hecho. ¿Quién no ha sentido que hace aquello que no quiere y no hace lo que quiere? ¿Quién no se ha propuesto hacer algo bueno que nunca llega a hacerlo? Queremos y no podemos. Es la condición de nuestra humanidad pecadora.

Y en medio de todo esto están nuestras equivocaciones, nuestras dudas, fallos, limitaciones, errores e ignorancias. Nunca sabemos si lo que hacemos va a resultar o no. Tenemos nuestra fe y esperanza, pero siempre estamos caminando y moviéndonos en la inseguridad y la duda. Sentimos la necesidad de confiar y fiarnos de Alguien que nos dé seguridad, fundadas esperanzas, y nos alumbre el camino seguro. Consecuencia de todo ello son nuestros rezos, invocaciones, promesas...etc. ¿Quién no ha prometido algo por conseguir algo?

¡Cuidado con ciertos maestros de las normas! Para ellos sólo hay justos y pecadores. Y si esto es así, aquellos - los justos - no necesitan la Misericordia de DIOS, y estos - los pecadores - no la merecen. Con lo que privan a DIOS de ejercer lo que le es más propio: su Amor Misericordioso.

Luego, ¿en qué quedamos?
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