lunes, 20 de enero de 2014

DIALOGAR ES COSA DE DOS



Hay muchas conversaciones que no se pueden producir porque condición indispensable para que se produzcan es la disposición de los intervinientes en que así sea. Ocurre que tras el diálogo se esconden muchas actitudes que lo obstruyen o lo dificultan. Y es cuando uno de los que interviene trata de justificar sus razonamientos o argumentos apoyados en ideales propios o egoísmos subjetivos que no reales u objetivos. 

Y no le interesa ver otra cosa. Empieza lo que se ha convenido en llamar el autoengaño y tratará de evadirse distorsionando la realidad para justificar sus posturas. Se escapará con la demagogia y todos los artilugios que pueda disuadir para ocultar su propio autoengaño que no quiere ver o realmente no lo ve.

Porque autoengaño es darse cuenta que has dejado de hacer o de ver lo que deberías de hacer o ver, y te autotraicionas. Luego,  para no descubrirte trata de justificar la realidad. Entonces la distorsiona. Y la única manera de desbaratar esa arma que destruye el diálogo es buscar la verdad. Se impone entonces una reflexión humilde, sincera y a corazón abierto para descubrir y desenmascarar tus propios egoísmos y engaños.

Mientras esto no se depure y se busque, el dialogo o conversación queda interrumpida. Así sucede en las grandes reuniones de todo tipo, y también en las pequeñas. El muro que les impide entenderse es que cada uno quiere salir con la suya y nadie busca el bien de los dos. Es lo que podemos llamar también la autotraición.
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