domingo, 26 de enero de 2014

LA FALTA DE PELIGRO O LA SEGURIDAD NOS ALEJA DE LA VERDAD




Nuestra vida está en peligro, porque cada día nos acecha la muerte, unas veces vestida de accidente, otras de enfermedad u otros peligros. Sin embargo, vivimos en una sociedad tan distraida, tan cómoda y segura que el hombre se ha olvidado de sus propio destino. Porque, queramos o no, la muerte nos espera.
Los adelantos científicos, la cultura y educación son logros positivos que han acercado a los hombres a convivir en paz y justicia, y eso da seguridad y bienestar hasta el punto de olvidarnos de la trascendencia y de la muerte. Bien, es verdad que la delicuencia, la presencia del mal está presente y eso desestabiliza la buena convivencia. El odio, la venganza, el poder y las riquezas se encargan de impedir que la paz y las buenas costumbres reinen en la tierra y provocan las guerras y siembran la muerte.

No obstante, el creyente se enfrenta de otra manera al mundo, porque su destino no es de este mundo sino que su mirada está más allá de la muerte aparente que parece acabar con nuestra vida en este singular y concreto camino terrenal. El creyente se sabe hijo de Dios y salvado en su Hijo Jesucristo, y por eso las fatalidades de este mundo no son murallas que evitan seguir su camino. Arriesgando hasta su propia vida.

Porque su vida no termina aquí, al contrario, empieza cuando esta acaba. Sólo así se explica el regocijo con lo que estos chinos, hermanos en la fe , recibe llenos de alegría y emociones sus Biblias, la Palabra de Dios que salva.


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