jueves, 16 de octubre de 2014

ES FÁCIL DECIRLO, PERO DIFÍCIL VIVIRLO



Es fácil decirlo, pero otra cosa diferente vivirlo plenamente. El amor exige sacrificio y paciencia. El amor necesita mucha humildad y hambre de perdón. El amor necesita la Gracia del Espíritu Santo que nos capacite para amar. Porque sin la acción del Espíritu Santo nos será imposible amar y, por supuesto, perdonar. Así observamos muchas personas, la mayoría, que se acercan a la Iglesia para pedir el Bautismo o la primera comunión, que luego a la larga será la última, de sus hijos, sin el menor propósito de perdonar y amar a los que les rodean.

Es más, saben de que están en conflictos con familiares incluso y no experimentan arrepentimiento ni la menor actitud. Tanto el Bautismo como la primera comunión son trámites sociales que se avienen a cumplir por respeto humano, relaciones o burocracia social. Es fácil confesarse católico y hasta practicante, pero muy difícil vivirlo. Y ante esta dificultad ni se lo plantean. Lo dan por imposible y hacen lo que pueden, y eso significa hacer lo que les viene bien a sus intereses.

No experimentan el amor de Dios ni la acción del Espíritu Santo. Se enfrentan solos a la vida creyente porque no quieren ser dócil a la Voluntad de Dios. Les molesta. Y es que solos nada podemos hacer. Necesitamos la Gracia del Espíritu Santo para poder ver y caminar en la Luz del Señor. Y nos sentimos, los que queremos hablarles del amor y del perdón que nos da Jesús, impotentes y sin saber qué hacer. Sabemos de nuestro testimonio, pero somos débiles y fallamos. No llegamos a moverles ni a tocarles el corazón.

Constatamos que esa es la realidad. De ahí la inquietud de la Iglesia, prueba el Sínodo de la familia que en estos días se celebra, pero se nos escapa como despertar e iluminar el corazón de las personas que duermen en la oscuridad de la oferta diabólica del mundo. Sin embargo, por la Gracia del Espíritu, retomamos fuerzas para seguir, para sembrar y para esperar confiados la cosecha que recogerá el Señor.

Danos Señor la fortaleza, la paciencia, el coraje y, sobre todo, por intersección de santa Teresa de Jesús, la sabiduría para saber proclamar tu Verdad y también vivirla en nuestra vida y camino. Amén.
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