viernes, 24 de octubre de 2014

SOY CREYENTE CATÓLICO



En estos días donde parece que el mar de la fe anda algo revuelto, se levantan opiniones y criterios para todos los gustos. El Maligno estará al acecho y alimentado el caldo de cultivo para confundir, tribular y tentar a todos aquellos que permitan que su fe flaquee. Tengamos calma, confianza y firmeza en permanecer agarrados a la Cruz donde murió Xto. Jesús y, por ella, nos liberó.

Son momentos donde debemos dar un paso al frente y confirmar nuestra fe. No estamos solos, pues en nuestro Bautismo fuimos revestido con la Gracia del Espíritu Santo, y en nuestra Confirmación, confirmamos, valga la redundancia, nuestra fe fortalecidos y asistidos por el Espíritu Santo. Y hoy, asistidos en Él, continuamos firmes en la fe.

Pero también la razonamos, pues nos sólo el Señor nos la ha revelado, sino que nos ha dado, como el Evangelio de mañana nos descubre, una razón para discernir los tiempos en que vivimos. Y vivimos unos tiempos de zozobras, tempestades y huracanes que nos tientan y amenazan con arrastrarnos y destruirnos. Sin embargo, nuestro Dios es un Dios que se deja ver, que se hace Hombre en su Hijo, y se acerca al hombre creado por Él.

Un Dios que encarnado en su Hijo se revela como Padre Misericordioso. Un Dios que encarnado en su Hijo, hace milagros, convierte el agua en vino, sana a paralíticos y devuelve la vista a ciegos; cura a leprosos y resucita a Lázaro, y otros. Pero un Dios que entrega a su Hijo a una muerte de Cruz para pagar por nuestras ofensas y redimirnos. Y en amor por ese rescate infinito darnos el regalo misericordioso de salvarnos perdonando todas nuestras ofensas. 

No hay otro Dios como este, porque es un Dios que, encarnado, ha muerto para salvarte a ti y a mí, y a todos los hombres. Por eso soy creyente en Jesús de Nazaret, porque ha muerto para salvarme y me ha revelado el Amor de un Padre Dios que me abre los brazos a pesar de mis miserias y pecados. 

Por eso soy creyente católico y creo en la Iglesia católica. Porque fue fundada por Él y porque la ofrece a todos los hombres del mundo sin diferencias, ni razas, ni color.
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