lunes, 16 de marzo de 2015

SEGUIMOS LA MARCHA



El camino no termina, porque el mal siempre está de pie mientras haya un hombre en pie. El pecado, que anida en el corazón del hombre, no duerme, y está vigilante para tentar y perder al hombre. Por eso, el estar vigilante se hace necesario. Una vigilancia de escucha y oración que nos fortalezca para preservarnos del mal.

Seguimos la marcha. La marcha por la vida, por una vida digna, libre, justa, que respete los derechos humanos: el derecho a la libre educación; el derecho a expresarse; el derecho a la libertad religiosa; el derecho a buscar y promover el bien común; el derecho a la vida sin ninguna interrupción. 

Y todos esos derechos se discuten y se defienden en el Parlamento. Por eso tenemos que enarbolar nuestro voto. Un voto que proclama los derechos de todos los hombres y que le sean respetados libremente. Un derecho a vivir en justicia, verdad y paz. Unos derechos que defiendan la dignidad del hombre por encima de la ley, los ideales o ideologías humanas. Unos derechos que pongan el mundo y sus riquezas en servicio de todos los hombres y erradique la pobreza, el analfabetismo y la explotación.

Por eso, y quizás por muchas más cosas que defiendan el bien común, los hombres de buena voluntad y buen gusto debemos enarbolar nuestro votos y ofrecerlo a aquellos políticos que quieran defender esos derechos.

Por todo ello, la marcha sigue porque el camino no termina hasta que el Reino de justicia, de amor y paz sea establecido.
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