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jueves, 24 de agosto de 2017

NECESITAMOS PERDONAR



No te empeñes en querer ser como Jesús si no te dejas llevar por la acción de su Espíritu. Tus pecados han sido perdonados por los méritos de su Muerte y Resurrección, pero no alcanzarán su Misericordia si tú no eres capaz de perdonar en la misma medida que Él te ha perdonado a ti.

En el Padre nuestro nos lo ha dejado muy claro. Seremos perdonados en la misma medida que también perdonemos nosotros. Pero, esa misericordia no la podremos alcanzar sin la acción del Espíritu Santo. Necesitamos su Gracia para poder perdonar tal y como nos perdona nuestro Señor Jesús.

Tengamos plena confianza que lograremos vencernos a nosotros mismos, con la Gracia de Dios, para poder, olvidándonos de nosotros, perdonar a quienes nos ofenden como también nos perdona el Señor nuestras ofensas y pecados.

domingo, 1 de noviembre de 2015

NECESITADOS DE MISERICORDIA



Hay muchas cosas que no son difíciles de entender. Quizás, podemos decir, que no podemos entender. Nos resulta por nuestra naturaleza imposible. Necesitamos ayuda exterior. Por ejemplo, no podemos entender como unas personas, incluso jóvenes y con un futuro prometedor, se encierran en una celda de seis metros cuadrados, con carácter de clausura, de por vida.

Eso no se comprende ni se puede asimilar. A veces sueño con los Benedictinos de Las Palmas, monasterio en el que he estado de visita, al recordar a los jóvenes que dedican su vida a vivir en oración contemplativa y trabajo, sin apenas salir de él, salvo los paseos establecidos. Supongo que, ellos, los monjes y monjas de clausura tienen que tener otra visión y experiencia de la vida de la que nosotros carecemos. 

No se explica de otra forma. La Gracia de Dios les ilumina y les revela un gozo y una felicidad que les colma plenamente. Es lo que les ha ocurrido a muchos santos en contemplación y en éxtasis ante la presencia del Señor. Igual ocurrió con Bartimeo y muchos otros que, movidos por el Espíritu Santo han llegado a conectar con el Señor. Posiblemente, haya un estado especial de búsqueda, de sinceridad o de gracia que el Señor accede a despertar porque quiere.

¿Quiénes somos nosotros para juzgar y separar? ¿Quiénes somos nosotros para dictar caminos que nos separan, porque no vemos, ni estamos de acuerdo con lo que piensa el otro? ¿Quiénes somos nosotros para decidir y exigir que el otro cambie para que camine conmigo? ¿Acaso te lo exige tu Padre Dios? ¿Acaso tú estás en comunión con Él? ¿Y Él te despide, te separa, te exige cambiar?

Supongo que nos es imposible verlo de otra forma, como también nos es imposible entenderlo. Igual que no somos capaces de comprender la vida monacal, ni como un joven se retira y acepta esa vida. Si lo entendemos, pero de forma conceptual o abstracta, no de forma vivencial y real. Supongo que nos produciría un impacto si una hija nos plantea esa elección.

De cualquier forma es simplemente un ejemplo para alumbrar la idea de lo difícil que nos resulta entender muchas cosas de las que estamos convencidos que son como pensamos. Por eso necesitamos estar en constante reflexión, escucha de la Palabra y permanente oración, para que nuestro corazón no se quede acomodado e instalado en una verdad que creemos haber entendido y alcanzado.

viernes, 23 de octubre de 2015

SI NO CREYERA EN TU MISERICORDIA, SEÑOR, ¿A DÓNDE IRÍA?



Hay muchas formas de equivocarse, o de cometer errores, o de pecar. Cada uno tiene su responsabilidad y parte de culpa, porque el error no te exime de tus posibilidades. Es posible que esa no ha sido tu intención, pero posiblemente si has sido negligente y no te has preparado lo suficiente. 

Tampoco la ignorancia, porque teniendo posibilidad de aprender, te has distraído en otros menesteres menos importantes o necesarios. Eres, pues, responsables de tus actos. Sin embargo, ocurre que, a pesar de poner todo lo que puedes, ignoras tu error, y tienes un fallo. Has sido superado por tu ignorancia, que no se te puede imputar, pues no tuviste posibilidades de conocer. Luego, tu responsabilidad queda atenuada y disculpada.

Así y todo, la Misericordia del Señor no salva. Nos salva cuando nuestro arrepentimiento es sincero, y lo buscamos en su perdón. Nuestra pobreza es manifiesta, tanto moral como espiritual, y no tenemos perdón humano. Ese fue el error del hermano mayor. Se excluyo de la casa porque no podía, con su enfado, entender la Misericordia del Padre.

Sí, su hermano era culpable. Había desobedecido, pero no por pura desobediencia, sino tentado por la ambición de las ofertas que el mundo le ofrecía. ¿No nos ocurre a nosotros igual? Y pagó su pecado. Sufrió su desierto, su pobreza, hambre y frío. Y esos sufrimientos le llevaron a acordarse de su Padre, y a creer en su perdón. Arrepentido se puso en camino, y encontró a un Padre en espera y en deseos de abrazarlo y darle toda su Misericordia por Amor.

No estaba el hermano mayor en actitud de perdonar. Sus criterios son otros, son los del mundo, los nuestros. Pero el Padre, también conocedor de su corazón sale a buscarlo. No espera en esta ocasión, sino sale al encuentro, le acompaña, le escucha y le hace ver que todo lo que tiene le ha sido dado gratuitamente, y le brinda toda su Misericordia.

Gracias, Señor, porque tu Misericordia y tu Amor me salvan, a pesar de todas mis miserias, mis pobrezas, mis criterios y hasta mis exigencias. Gracias, Señor, porque identificad con el hermano menor y el mayor, en Ti encuentro siempre el salvador perdón.

viernes, 24 de julio de 2015



Toda reinserción pasa por la misericordia. Sin Misericordia Divina no tendríamos oportunidad de ser rescatado. Dios nos perdona y, gracias a su Perdón, por su Amor, gozamos de la nueva oportunidad de salvación. Nos rescata por el Bautismo, porque en él confesamos nuestra fe y seguimiento al Señor, y somos revestido de su Gracia y renacido a la Vida de la Gracia. Hombres nuevos limpios de pecados.

Pero nuestra humanidad está tocada y tentada al pecado a cada momento. Necesitamos la Gracia del Espíritu Santo para sostenernos y enfrentarnos con garantía de triunfo en la lucha diaria contra el Maligno, que trata de alejarnos del Señor. Una Gracia que en Jesús se nos hace cercana y nos iguala. De tal manera que, abajándose de su Divinidad, se hace semejante a nosotros menos en el pecado, para compartir nuestro pecado y ganarnos para Dios.

Necesitamos ser misericordiosos y aceptar la Misericordia que Dios nos ofrece, porque solo en ella podemos también nosotros ser misericordiosos con los demás. Cuando aceptamos la Misericordia de Dios y dócilmente nos abrimos con un corazón contrito a su perdón, también estamos, por la Gracia de Dios, dejándonos empapar de su Misericordia para ser nosotros humildemente misericordiosos con los demás.

Y es que solo así, de esa manera, vivimos la Gracia del perdón. Perdón que nos descubre amándonos los unos a los otros como Él nos ama.

jueves, 26 de marzo de 2015

CONTAMOS SIEMPRE CON EL PERDÓN DE DIOS



La vida, cuando se escucha desde el corazón y en actitud sincera, pone todas las cosas en su lugar. Por eso decimos que la verdad siempre emerge, porque al final todo vuelve a su lugar. Y es que las cosas buscan cada una su sitio, pues todas tienen su lugar en este mundo.

Bien, es verdad, que el hombre trastoca todo y lo desubica de su lugar natural, pero cuando se busca y trabaja desde la verdad, todo encuentra su sitio. Por lo tanto, no hay que desesperar, sino todo lo contrario, confiar que caminando en la verdad se encontrará el verdadero camino.

Nuestros errores siempre son perdonados. Incluso los más horrendos y graves que parezcan. Porque quien los perdona es Dios. Nadie puede perdonar aunque confiese su buena intención de hacerlo. Sin lugar a duda, que, como Dios nos perdona a nosotros, también nosotros, en la misma medida, debemos perdonar. Y en ese sentido debes considerarte perdonado/a.

El camino siempre está delante, y para delante hay que caminar. Y siempre con esperanza, porque lo importante no es lo que se hace mal, sino el deseo de convertirlo para bien. Y para eso siempre hay tiempo mientras estemos vivos. Dios, nuestro Padre, esa es la gran suerte, nos quiere y nos perdona, y en Él todo tendrá solución y arreglo. Así que, porque esa es su Voluntad, todos viviremos y todos seremos felices. 

Sólo se trata de buscarlo y esforzarnos en hacer su Voluntad, que es lo mejor para nosotros.

PD. Refexión a un comentario recibido en "Un rincón para orar":

Esta es mi historia; salí embarazada cd tenía 15 años de una relación de unos 3-4 meses. Mi novio en ese momento n supo estar a la altura y yo menos todavía y aborté.
Me arrepentiré toda mi vida. Yo seguí con este chico y hoy en día es mi marido. Llevamos 13 años juntos y hace bien poquito me quedé embarazada y lo perdí. Volví a revivir lo q es esta pérdida tan grande y necesito ser madre.

Fui muy cobarde y débil x lo q hice y espero q si leéis esto no lo hagáis xq no lo olvidaréis en la vida.

Señor confío en ti y sé q me colmaras con la gran bendición de ser madre xq sabes lo arrepentida q estoy x lo atroz de mi pecado. Ya tengo 2 niños en el cielo y aunq uno lo hice yo y el otro fue natural os digo ángeles míos q a los 2 os quiero x igual y q algún día me reencontraré con vosotros. Perdónenme

martes, 1 de octubre de 2013

PERDONA SEÑOR




Perdona Señor por las tantas veces que te he flagelado y martirizado. Perdona Señor por no escucharte y maltratarte. Hoy, viernes de dolor, tomo conciencia de las veces que te he flagelado y abandonado dejándote solo con tu Cruz.

Perdona Señor por tantos latigazos que a mí me corresponden. Perdona Señor por tantas injurias salidas de mis labios y de mi corazón. Perdona Señor por mi flagelación personal y por los desgarros corporales que te he infringido con mi suficiencia, soberbia y orgullo.

Perdona Señor porque una parte de esa Cruz que has tenido que cargar sobre tus hombros la he construido yo. Perdona Señor porque a pesar de todo lo que te he hecho Tú me amas y me continúas amando, y mueres cada día ofreciéndote al Padre por mí.

Perdona Señor por no responder a tanto amor. Dame la fortaleza y sabiduría de no dejar que se pierda tanto que has hecho y haces por mí. Dame la Gracia de levantarme y, cómo el hijo prodigo, retornar a Casa.

domingo, 10 de marzo de 2013

¿CÓMO PUEDO PERDONAR?



Se nos hace difícil perdonar, y si no perdonamos, quienes rezamos, decimos muchas mentiras cada día. Porque, en el Padre nuestro, pedimos perdón en la misma medida que nosotros perdonamos. Así, si nosotros no perdonamos las cosas gordas que nos han hecho, tampoco seremos perdonados de las cosas gordas que hemos hecho. Porque supongo que las cosas pequeñas no serán más fáciles de perdonar.

Y vivir sin ser perdonado es penoso; y vivir sin perdonar, también es penoso, hasta el punto que sufre más quien no perdona. Estas consideraciones, creo, que nos llevan a la conclusión que hay que perdonar. Sin embargo, sabemos por experiencia que nos cuesta mucho, y que difícilmente lo llegaremos a lograr.

Y la propuesta que se nos propone es perdonar. Esto nos plantea dos opciones: o se puede, o nos olvidamos del asunto y no perdonamos. Nosotros solos no llegaremos a lograrlo. Es decir, nosotros solos nunca podremos, pero con la ayuda de Alguien si podemos lograrlo. Porque ese Alguien vino al mundo a reconciliarnos a nosotros. Será cuestión de encontrar a ese Alguien.
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