miércoles, 23 de abril de 2008

La libertad del otro.




Hoy se habla tanto de libertad y todo se queda en la palabra porque la realidad demuestra que en la vida no existe la libertad. Y no existe porque, por un lado, somos nosotros mismos los que nos dejamos esclavizar, y por otro, se encargan los demás de hacerlo. Libertad implica no estar atado a todo aquello que no te deja cumplir con la vocación que por tu propia dignidad de persona estas llamado a ser. Libertad es cumplir con todo aquello que sientes y sabes que es bueno para ti, por ejemplo, sí sabes que fumar es perjudicial estarás de acuerdo que hacerlo es una forma de no ser libre, o dicho de otro modo, estás esclavizado por la dependencia del tabaco. Podrás argumentar uno y miles razones para justificarte, pero la realidad es que estás dominado por el tabaco. Y tú lo sabes aunque no lo quieras reconocer.


Siguiendo este ejemplo, tú mismo puedes reflexionar sobre tus esclavitudes y tu falta de libertad ante la vida. Hay también otras actitudes donde no eres tú, sino otros los que te imponen el no ser libre, es decir, se meten en tu vida y te gobiernan mucho tiempo de ella. En otras palabras, se apoderan de parte de tu tiempo y no te dejan volar como a ti te gustaría. Llegas incluso a perder la noción de que significa ser libre y te confundes con creerte que lo que te apetece y te gusta es libertad. Vuelves a fumar porque te gusta, pero no porque te conviene. Pierdes la noción de la verdad que es hacer el bien para ti, y no siempre tu propio bien es lo que te apetece y gusta. Aquí tienes otro espacio para discernir sobre lo que haces tú, que te quieres y quieres lo mejor para ti, y lo que te ofrecen otros indiferentes a tu propio bien y más centrado en sus propios intereses. Para ellos te conviertes en una cosa que les produce beneficio y poder.


Tu pensamiento te lo anulan y te alinean con los demás en un solo pensamiento: un pensamiento único. Por ejemplo, se nos quiere imponer obligatoriamente la asignatura de Educación para la ciudadanía. Sólo el hecho de imponerla como asignatura obligatoria es un atentado contra nuestra propia libertad. Lo correcto es ofrecerla y que cada cual elija el recibirla o dejarla. ¿Por qué?, pues simplemente porque los padres tienen el derecho a educar a sus hijos según ellos entiendan que es lo mejor y conveniente para los suyos. Es de sentido común y se cae por su propia razón. De otra forma estamos diciendo que el Estado es un Estado totalitario e impone educar a sus ciudadanos como quiere. ¿Dónde está nuestra libertad? ¿Somos libres?


Uno de los textos de Educación para la ciudadanía,según Eva N. Ferraz en cartas a Alfa y Omega, pontifica sobre sexo con frases como: "en la mayoría de nuestras relaciones sexuales intentamos sólo disfrutar, procurando evitar el embarazo". Estamos ante un empobrecimiento de la realidad sexual que irrumpe contra lo que los padres intentamos inculcar a nuestro hijos. Si sexo es igual a hedonismo, nada importa el otro y sus afectos, nada el carácter de donación propio del matrimonio, en el que se suscribe la sexualidad de forma natural y se recibe la vida del hijo. Los nuevos moralistas hacen callar a la Iglesia: ahora la sexualidad es puro placer egoísta y hay que evitar a toda costa los molestos embarazos, y promocionar la inseguridad del preservativo.


Todo está dicho, nada importa el otro. El otro se convierte en un instrumento de placer, en una cosa, la persona queda cocificada, y el objetivo es la fuente de placer que me llena y satisface. Y, también, para otros u otras, puede sustituir al placer físico la materialidad del dinero, los bienes, el bienestar material, etc. El otro deja de ser tratado como persona y sólo es valido en cuanto es fuente de intereses placenteros o materiales. ¿Donde está nuestra libertad? Y claro, desde esta perpectiva, todo acaba, pues en este mundo todo es finito y tiene su fecha de caducidad. Cuando la fuente se acaba; cuando el placer se convierte en rutina; cuando el darse se torna en comprensión, generosidad, todo cuesta más y hace falta amar. Pero amor no hay, sino una búsqueda del propio egoísmo, luego la ruptura es inminente. Y esta es la razón del por qué no perduran los matrimonios. Puro egoísmo en la mayoría de los casos.


Nuestra libertad queda atrapada por los egoísmos que nos invaden y el de enfrente queda anulado y nos importa poco o nada. Igual podíamos extendernos con el aborto. No importa la persona que espera abrirse a la vida como fruto de nuestro amor, sólo importamos nosotros y el negocio que se esconde detrás. En resumen, nada importa la libertad del otro.
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