domingo, 15 de junio de 2008

Basta querer y querer

El hambre no es una fatalidad irreversible. Para acabar con ella basta querer y querer e inmediatamente pasar a distribuir racional y equitativamente los recursos. Recursos que son de todos y para todos, y que se los han apropiados unos cuantos. ¡Ese es el problema!


No hay ningún otro problema en nuestro mundo, sino que unos impiden a otros que puedan alimentarse y comer, e incluso, se permiten la indiferencia de reunirse para ponerse a pensar sí les ayudan o no. Y mientras, nos pasamos el tiempo hablando de justicia, solidaridad, libertad y más cosas, pero no dejamos que los demás puedan desarrollarse y calmar su sed. ¿Quien nos ha nombrado dueños y señores de los recursos que el mundo nos regala? ¿Hay alguien que puede legítimamente demostrar que el mundo y sus recursos son de él y para él?


Seamos sensatos y pensemos que los problemas existentes son ocasionados por nosotros y nuestros propios egoísmos. Los sistemas productivos están a menudo condicionados por limitaciones estructurales, por políticas proteccionistas y por fenómenos especulativos que relegan a poblaciones enteras a los márgenes de los procesos de desarrollo.



Benedicto XVI, a través de su Secretaria de Estado, el cardenal Bertone, hizo llegar esta reflexión a la Cumbre de la FAO, que ha congregado en Roma, estos días, a numerosos jefes de Estados y primeros Ministros de todo el mundo. El resultado de la llamada Cumbre del Hambre ha sido un intolerable y rotundo fracaso. Ni siquiera han sido capaces de hacer frente a las más trágicas emergencias. Creen que con hablar de crisis de alimentos quedan justificados sus fracasos.


Y no faltaran justificaciones demagógicas para justificar lo injustificable. ¡No señores, no, no se puede justificar nada! Son ustedes responsables de todo lo que pasa y seguirá pasando, porque para eso están ahí y han sido elegidos libremente porque, también, libremente se han presentado. Son ustedes quienes tienen que solucionar estos problemas que tienen soluciones: repartan los bienes; eduquen y enseñen, con un desarrollo centrado en la persona humana, a crear sus propios bienes; sean solidarios y justos. Hay recursos más que suficientes.


No hay nada que discutir ni más tiempo que perder. Sólo hay que querer y querer, y ponerse manos a la obra. Sean personas honestas y justas y dejen a un lado sus rivalidades egoístas, vanidosas, de ambición, de suficiencia, de poder y de soberbia y miren para los que nada tienen y esperan una palabra que les lleve el ansiado alimento y la deseada paz. Los ciudadanos nos pondremos muy contentos y les estaremos siempre agradecidos.


Hagan que todos nos sintamos satisfechos de nuestros gobernantes y de sabernos dirigidos por personas sensatas, honestas, justas y sinceras que buscan el bien común por encima de cualquier bien personal.


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