jueves, 10 de julio de 2008

PLAZAS Y CALLES DEL PAÍS VASCO HONRAN A ETARRAS CON HISTORIAL SANGUINARIO








La justicia no lo abarca todo y se le escapa muchas cosas que, no estando tipificadas en el código penal, si son de sentido común y de ética moral. Indudablemente que con el código en la mano no se puede desestimar el callejero con nombres etarras. Indudablemente que, el enaltecimiento del terrorismo es un delito de acción, y como tal, sólo puede cometerse mediante un comportamiento activo. Quien no hace nada no puede violar la prohibición contenida en la norma, aunque con su pasividad exteriorice su acuerdo con lo hecho por otro.


Pero, todos sabemos, y eso no hace falta tipificarlo en ningún sitio, que para la mayoría de los ciudadanos poner a cualquier espacio público el nombre de una persona implica un reconocimiento de la comunidad, a través de sus instituciones a esa persona. O para expresarlo de otra forma, con la placa lo que se está premiando son las cualidades "humanas o profesionales" que hacen a esa "persona" merecedora de un "homenaje" por parte de la comunidad.


Ir contra lo contrario, pensar que hay una minoría de personas que piensan que al enemigo del bien común hay que enaltecerlo y brindarles honores dedicándoles placas en calles y plazas para que sean recordados y enaltecidos me parece un disparate. La ley tiene que aplicarse en la dirección del bien común y de los valores contenidos en la Ley Natural.


Y lo que creo es que se ha perdido la referencia de los valores que nos vienen dados por la Ley Natural y no sabemos que decisiones tomar en estos casos y en otros muchos. El hombre está perdido cuando se tiene por superhombre, capaz de autogobernarse y de legislar, él mismo, sus propias leyes.


Los principios reformistas de la libre conciencia y de la soberanía popular, no servirán para construir un orden social nuevo. Augusto Comte lo repite hasta la saciedad: "lo que sirve para destruir no sirve para construir". La trascendencia cede su lugar a un proceso, que vivimos, de secularización, que concibe el mundo como un campo de fuerzas y poderes.


Del desprecio a los débiles y a la religión, nace la ética voluntarista del "superhombre". El resto de la sociedad europea, falta de contenido moral y abandonada a su suerte, es simple masa. Llama la atención que se pretenda reelaborar el espíritu de Europa a partir de los principios que destruyeron la única Europa que hasta ahora ha existido.


Frente al concepto de persona, la idea del individuo; frente a la idea del bien común comunitaria, el ralo concepto del interés general societario... Tal vez sea aplicable a Europa lo que ha teorizado René Girard: "el paso del deseo mimético a la violencia justificada como un acto sagrado.


Tal vez Europa, termina comentando el catedrático de Filosofía del Derecho y Sociología, de la Universidad CEU San Pablo, don Enrique Martín López, que durante siglos se propuso como ideal la imitación de CRISTO, fracasada en el intento, vuelva su violencia contra ÉL, convirtiéndolo en chivo expiatorio, y proponiéndose la doble tarea de borrar y negar toda huella de CRISTO. En tal coyuntura , la tarea del pensador cristiano viene exigida por su propia fe.


Llegan tiempos que ante estos retos los creyentes tenemos que dar testimonio de nuestra fe en la Persona de nuestro Señor JESUCRISTO y tomar referencias de la carta a los hebreos: el SEÑOR está con nosotros y nuestra muerte es el comienzo de la verdadera vida.
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