domingo, 13 de julio de 2008

SENTIMIENTOS DE MAYO


Pidan y se les dará, busquen y hallarán. Son palabras del SEÑOR que tienen su concreción en la vida diaria. No nos damos cuenta de tantas necesidades que tenemos hasta que sentimos el deseo de realizarnos por amor: de hacer algo que experimentamos que nos hace mejores; de vivenciar que cuando se hace algo con convencimiento no resulta tan difícil; porque trae a mi memoria buenos recuerdos de algo que mamé en mi familia; porque el hacerlo me llena del amor que siento en mis adentro; porque experimento la protección de una Madre; porque me sobrecoge el saber que es la Madre de mi PADRE DIOS; porque crezco en bondad y sabiduría; porque algo me dice que no quiero dejar de hacerlo, incluso en los momentos de desánimo, de cansancio, de no encontrarle sentido, de distracción.

Me maravilla la letanía, ¡vaya piropos a la Virgen!; porque siento la seguridad de ir acompañado y de sentir a Alguien detrás de mí; porque valoro mucho el ponerme en su presencia y, aún despistado y distraido en otros pensamientos, sé que Ella me mira; porque me consuelo en su presencia como hacía con mi madre de la tierra. Ella siempre está ahí y me escucha con paciencia; porque no me importa los criterios del mundo que me rodea, ni lo que piensen lo demás. Digo lo que creo porque creo que Ella es la Madre de DIOS.

Por todo eso, yo también lo rezo. Y empecé a hacerlo hace un año o dos. No lo sé exactamente, pero empecé hacerlo sin saber que es lo que me empujó a dar ese paso. Supongo que fue la devoción de mi cuñado por nuestra Señora de Fatima, bajo esa advocación, él lo hace diariamente. Y yo, después de releer un libro sobre el tema, empecé a rezarlo. Al principio lo hice solo, luego me uní a radio María, lo hago a la seis de la tarde, hora canaria, y ahora, por la Gracia de DIOS, lo hago, las veces que estamos juntos, mi mujer y yo. También cuando está mi cuñado se suma al rezo.

Y me he dado cuenta que cuanto más me cuesta, cuanto más mi mente se resiste a, pacientemente, dedicar ese rato a rezar y piropear a nuestra Madre La Virgen, más experimento los frutos que la Gracia de su intersección realiza en nosotros. Ella fue la gran mediadora y la que abrió el camino de la vida pública del SEÑOR, su HIJO, cuando le indujo a convertir el agua en vino.

Por todo ello me uno, con mi humilde experiencia, al manifiesto de los jóvenes y en ellos me conforto y me lleno de esperanza, pues no sólo los mayores rezamos el Santo Rosario. Ahora a las puertas de las jornadas de la juventud en Sydney en Australia, pido al SEÑOR que ilumine a S.S. Benedicto XVI y, por intersección de la Virgen, los jóvenes sean testimonio que iluminen y salen este mundo tan necesitado.

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