miércoles, 30 de diciembre de 2009

¿CAMBIAR EL MUNDO? ¿QUÉ PODEMOS HACER?


Una de las frases que más está en boca de muchos de nosotros es, ¿cuando va a cambiar este mundo? Y, también, a veces decimos que "tenemos que cambiar este mundo". Por empezar por mí mismo, debo confesar que lo he dicho muchas veces, y de tantas veces repetirlo he decidido empezar a moverme y aportar, desde mi humilde situación y valía, todo lo que pueda dar en aras de contribuir a que este mundo sea un poco mejor:

¡Hipócritas!: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar por ustedes mismos lo que se debe hacer? (Lc 12, 56-57).

Alertados por estas palabras del MAESTRO, los cristianos de todas las épocas hemos sabido que nuestra aspiración a la vida del más allá pasa, necesariamente, por estar muy atentos a la vida del más acá. Precisamente en esto consiste nuestra vocación laical.

Esto que quede claro contra todos aquellos que critican a la Iglesia y, por supuesto, a los que formamos la Iglesia, los creyentes católicos, que nos tachan de angelismo y de mucho rezar pero poco de enfrentarnos a los problemas que tenemos delante de nuestra narices. Si, posiblemente hayan muchos que no demos la medida, pero sí que hay muchos que la dan y sus vidas son ejemplos visibles de entrega y servicio, sólo por amor, hacia los demás.

Todo esto es evidente y palpable, por lo que no merece emplear más tiempo en expresarlo. Hoy mismo si la Iglesia se retirara del servicio a los problemas que se plantean en el mundo, la humanidad quedaría muy tocada por el caos asistencial, el desconcierto y la tragedia. Esto no significa que la Iglesia pueda con todo, pero mucho de lo que se hace y se soluciona es debido a la Iglesia.

Hay muchos apellidos y nombres de personas anónimas que conozco trabajando en estos menesteres que podría citar, pero no es el caso, ni tampoco se necesita ningún aplausómetro para medir lo que se hace. ¡Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha!, dice el SEÑOR. Y todo esto, ¡mirar al mundo!, es sufrir porque hay muchas cosas que son objetivamente contrarias al Evangelio. Las tres grandes virtudes, fe, esperanza y caridad que nos hacen gozar, esas mismas nos hacen sufrir, especialmente la caridad.

Vivimos en una sociedad que no nos gusta, al meno no nos gusta del todo. Miremos hacia donde miremos, vemos que es mucho lo que hay que redemir: mucho que limpiar, mucho que cambiar, mucho que sanear. Ahí está el mundo de la infancia, de la juventud, de la vida matrimonial, de la ancianidad, el mundo de la educación, de la política, de la familia, etc., todos ellos con inmensos sectores de bautizados desorientados, desnortados, viviendo de espaldas al Evangelio, produciendo en consecuencia frutos de muerte.

No es necesario aportar datos. Ante el estado actual de las cosas hay una pregunta inevitable, que los cristianos hemos venido repitiendo desde el día de Pentecostés: ¿qué tenemos que hacer, hermanos?, pregunta que al hacérnosla hoy, en su dimensión social, se podría traducir por otra: ¿cómo arreglar esto?

Independiente de nuestra fe y pensamiento, los frutos de muerte los vemos y los padecemos todos, quienes tenemos planteamientos cristianos y quienes no los tienen. Unos y otros discrepamos en las causas de los problemas de nuestro mundo y discrepamos también en las soluciones, pero venimos a coincidir en la valoración de los hechos.

El fracaso escolar es fracaso escolar para todos, y del mismo modo la ruptura de los matrimonios, la violación domestica, las miserias del consumo de drogas, la prostitución o el alcoholismo. Todos padecemos las consecuencias de estos males seamos de donde seamos, pensemos como pensemos, y creamos en quién creamos.

Ahora, ¿cuáles son las respuestas que se vienen dando desde los poderes público? Básicamente dos: las campañas publicitarias y el parcheo. O sea, nada de nada, porque las soluciones no están en ir parcheando como se pueda. Ahora se mueren un par de jóvenes por el problema del botellón, nos echamos las manos a la cabeza con una ingenuidad culpable, hacemos un par de campañas estériles que cuestan un dineral y... ahí siguen nuestros muchachos poniéndose morados de veneno cada fin de semana. ¿Que se nos mueren otros dos por sobredosis de éxtasis? Pues clausuramos el lugar de los hechos, y a continuar con el problema.

Mención aparte merece el aborto, a pesar de los gritos y de las campañas, firmas, denuncias de todo tipo, continúan muriendo niños en el seno de sus madres, impidiéndoles nacer a un mundo al que tienen derecho.

Ante toda esta problematica, encontrar soluciones y recetas para poner las cosas en su sitio no es tarea fácil, ni creo que tenga soluciones a corto plazo. Conocer las causas por las cuáles hemos llegado a estar como estamos sería muy difícil de ver, y además no es el problema principal ni interesa en estos momentos. La situación es esta y lo importante es discernir y buscar como podemos salir de ella.

Por lo tanto, si no podemos dar soluciones concretas para los problemas concretos, ¿de qué se trata entonces? Se trata de buscar la verdad en construir un mundo nuevo, ¡hacer un mundo nuevo!. Ciertamente es un ideal que nos sobrepasa, pero no podemos aspirar a menos.

Y la respuesta nos la da la Iglesia: se empieza haciendo hombres nuevos, y la Iglesia no propone utopías. La verdad es que no hay humanidad nueva si no hay, en primer lugar, hombres nuevos, con la novedad del Bautismo y la vida según el Evangelio. Y, ¿dónde están esos hombres nuevos? Nosotros, los creyentes, que sabemos que DIOS ama este mundo; nosotros que sabemos que DIOS no mandó a su HIJO al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por ÉL; nosotros que somos los que hemos conocido y hemos creído el amor que DIOS nos tiene.

Y esto es muy serio, porque de esto vamos a ser juzgado, y no de otra cosa, ni de tanto rosarios, ni Eucaristías, ni de nada... Esas manifestaciones deben ser expresiones de esta responsabilidad de implicarnos en el mundo que vivimos. Porque estamos necesitados de luz, de fortaleza, de buscar soluciones de solidaridad, de implicarnos en dar respuestas a estos problemas, oramos, rezamos el Santo Rosario, nos alimentamos del Cuerpo y la Sangre de nuestro SEÑOR JESÚS.

Debemos de hacer una revisión exhaustiva serena y tranquila, para encontrar los puntos donde debemos corregir nuestro rumbo. Un rumbo que nos viene desde muy lejos, y que nosotros hemos continuado. Estamos todos inmerso en estos errores, pero, hoy, nos toca a nosotros tratar de corregirlos y entregárselos a nuestros hijos lo más orientados que podamos para que ellos continúen la labor de purificarlo en su recorrido. En sucesivas reflexiones trataremos de profundizar en estas actitudes que, pienso, es nuestra responsabilidad Bautismal.

4 comentarios:

MARISELA dijo...

Tremenda y necesaria entrada, amigo Salvador. Los cambios deben comenzar primero por nuestra vida, nuestra familia, nuestro alrededor y después podremos cambiar el mundo. Es difícil, pero no imposible. Y es cierto que del amor se nos examinará algún día.
Te mando un abrazo grande y mis deseos de que sigas este año compartiendo con nosotros tus vivencias y fe. FELÍZ AÑO NUEVO!!!. Que Dios te bendiga siempre.

iskander dijo...

Cambiar no vamos a cambiar nada porque el degenerante avance casi que no tiene freno, pero mejorar o lograr una sonrisa del necesitado siempre lo haremos o procuraremos hacerlo.

Madrid ya es la capital del hambre naciente. Esta misma tarde hemos repartido 120 mantas y más de 200 raciones de comida, sí, 200 raciones y nos hemos quedado cortos. Y las instituciones mirando al techo.

Menos mal que caminamos amparados por Nuestro Señor y nos ayuda día a día en esta labor que nos hemos impuesto dentro de un mundo egoísta y pendenciero.
Un abrazo y a ver si vienes por Madrid

Salvador Pérez Alayón dijo...

Cada cambio que se produzca en nosotros repercutirá en todo lo que nos rodea, y de forma indirecta hará que una parte del mundo, la que nos toca muy directo a nosotros, sea un poco mejor dependiendo de nuestra acción y elección.

Y esa va a ser nuestra respuesta de amor, Maricela, y nuestra herencia. Nada de lo que guardemos o atesoremos tendrá valor, sólo nuestros actos de amor brillaran en nuestro favor y serán nuestras credenciales verdaderos ante el PADRE.

Un abrazo en XTO.JESÚS.

Salvador Pérez Alayón dijo...

¿Te parece poco los cambios que produces a tu alrededor, Iskander? Tu levadura irá fermentando en la masa indiferente y egoísta, no lo dudes. Sólo tenemos que hacer eso, ser levadura de las obras del ESPÍRITU, y todo se irá haciendo.

El SEÑOR está con nosotros y con eso nos basta. Todo, en ÉL, se puede, aunque nos parezca imposible.

Sí, espero poder ir y, por supuesto, que te llamaré.

Un abrazo en XTO.JESÚS para todo el grupo y todos los necesitados.

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