domingo, 7 de agosto de 2011

LA VIDA: "EL ÚNICO CAMINO DE SALVACIÓN"

 ... nueva Constitución de Hungría


No queremos darnos cuenta unos; otros miran hacia el lado más cómodo, ¿para qué crearse problemas con lo bien que lo estamos pasando? Otros hacemos gala de irresponsabilidad y, la mayoría, se mueve al son que le tocan otros. Son veletas al viento y dirigidas hacia donde éste sopla. Y quedan aquellos, por desgracia los menos, que luchan y reman contra corriente por encontrar y defender el verdadero camino que nos salva.

Difícilmente escapamos de pertenecer a alguno de estos grupos. En alguno estamos inmersos y depende de nosotros mismos lo que el futuro nos depare, para bien o para mal. Porque de nuestro actuar y obrar dependerá la sociedad de nuestros hijos (ver aquí). Afortunadamente, hay países todavía que dan un paso hacia adelante y, a pesar de tantas dificultades, defienden y luchan por unos valores que les afirman y les definen.

Y ese es el verdadero camino que responde al deseo insaciable del hombre de dar respuesta a sus propios interrogantes. Después de cientos de años de avances y de mejoras, el hombre se siente todavía insatisfecho e infeliz. Sí, produce más, se comunica casi instantáneamente, viaja y se mueve por todo el mundo e incluso vive más tiempo, pero no por eso es más feliz que el hombre de Neanderthal. Sigue con los mismos problemas.

Porque su solución no le puede venir desde fuera, de sus propios inventos y progresos, sino desde dentro, de su propia conciencia de encuentro con su creador. Y es ahí donde la vida y la familia cobran un valor trascendente que les da respuesta a su propia verdad.

Nada nos puede venir mejor que aquellas palabras de Juan Pablo II en su Exhortación apostólica la Iglesia en Europa: «Con toda la Iglesia, invito a mis hermanos y hermanas en la fe a abrirse constante y confiadamente a Cristo y a dejarse renovar por Él, anunciando con el vigor de la paz y el amor a todas las personas de buena voluntad que, quién encuentra al Señor conoce la Verdad, descubre la Vida y reconoce el Camino que conduce a ella».
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