viernes, 7 de diciembre de 2012

REFLEXIONANDO DESDE EINSTEIN

 

Einstein nunca negó la existencia de un Creador. Se preguntaba por el cómo de la creación. Su inteligencia no llegaba a comprender eso. Y es que a Dios no se le puede abarcar. Dejaría de ser Dios. Pero a Jesucristo si se le vio y se le conoce históricamente. Es una realidad su existencia. Y su doctrina y mensaje es la solución del mundo. Y lo fundamental, y donde se sostiene mi fe: ¡Resucitó!

Nos cuesta creer aquello que nos compromete, aquello que nos incita al cambio, a tomar un rumbo diferente en nuestra vida, a exigirnos dar y darnos, a compartir y sobre todo a amar. Somos más fáciles a lo que coincide con nuestros intereses, con lo que nos empuja a favor de la corriente, con lo que se ajusta a nuestras apetencias, a nuestros gustos y a nuestras propias inclinaciones humanas.

Que usted no lo cree, imaginario lector. Le respeto, pero no podrá usted demostrarme que no resucitó. Simplemente no se lo cree. Y yo le respeto aunque no comparto esa creencia. Yo si lo creo, porque tengo motivo y experiencias para ello. Fundamentalmente, creo en el testimonio de los apóstoles, entre otras cosas porque son históricos, igual que la historia de España. ¿No cree usted en ella? ¡Pero no la ha visto!, ¡se fía de los historiadores!

Pero creo, porque todos, no uno o dos, ¡todos!, dieron su vida por transmitir esa experiencia y vivencia que ellos vieron y conocieron en Jesús. Pero es que después han habido millones, y siguen en la actualidad habiéndolos, que dan su vida por Él. No se puede mirar para otro lado y catalogar a toda esa gente de locos.

Se llega a una conclusión: el mundo está lleno de locos, lo cual es un disparate, o eso de la Resurrección es verdad. Usted puede pensar ahora lo que quiera, pero la Iglesia pervive, a pesar de sus pecados, unos 2012 años ya, y va camino de hacer realidad esa promesa de que los poderes del infierno no prevalecerán contra ella. Todo se ha cumplido y se cumplirá en Él y su Iglesia.

Y lo más curioso es que te das cuenta que sus obras, milagros, responden a ese deseo de felicidad que todos buscamos. Son históricos y ahí están. Trata el Señor de decirnos que esa felicidad que buscamos no está en las cosas de este mundo, incluso en la salud. Un día tendremos que morir, sino en creer en Él y estar con Él. Y vivir en su Amor y a su estilo.

Claro, usted puede decir que no, y se acabó. Yo no puedo demostrarle lo contrario. Está el testimonio de muchos contra su voluntad de creerlo o no. Es usted quien decide libremente. Nadie, y menos yo, trata de convencerlo, simplemente dialogamos y cada cual transmite lo que cree bueno y mejor. Yo creo que esta es la verdadera vida y a través de la cual encontramos la verdadera y eterna felicidad que buscamos. Pero usted puede pensar otra cosa. Y yo la respeto. No hay duda de ello.

Pero usted, ni nadie, ni siquiera Einstein, ni tampoco Stephen Hawking podrán demostrarme que Jesús no Resucitó. Me fío de Pedro, de Andrés, de Juan, de Santiago, de aquellas mujeres que encontraron la tumba vacía, de la historia que lo certifica y la Iglesia que lo avala, del testimonio de mucha gente con su vida y sus obras... etc. Por lo tanto es cuestión de principios o de fe. A pesar de todo eso, somos personas que vivimos en un mismo mundo y debemos hacer lo mejor para que ese mundo sea mejor, haya paz y amor. ¡Qué casualidad!, es lo que realmente dijo Jesús y por lo que lo mataron.
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