viernes, 16 de enero de 2015

EL REPARTO DE LAS RIQUEZAS



Sabemos que hay hambre en el mundo porque lo que tiene el mundo no se reparte por igual. Es culpa de todos, porque todos queremos vivir mejor que el otro y no soportarlo. Nos fastidian las costumbres, los hábitos o la forma de pensar del vecino, y lucho para situarme lejos del vecino. Así nacen los barrios de élite o los lugares de privilegios.

Nacen las excusas de la educación, pero es que los que parecen comportarse sin educación, salvo excepciones, no tienen acceso a una buena educación. La cuestión es que nadie quiere soportar a nadie y busca su propio lugar para no convivir con esa molestia. Supongo que Jesús de Nazaret podría haber hecho lo mismo, y más teniendo poder. ¿Por qué aguantar a tanto molestoso?

Todos queremos tomar lo mejor, y poco nos importa lo que quede para los demás. Hoy quiero hablar sobre el fútbol. Sobre el reparto de los dineros en el fútbol, que bien podría servir para pensarlo también para los pueblos. Hasta ahora se sabe que Madrid y Barcelona se llevan casi toda la pasta. Al mismo tiempo son los clubes más ricos y, en consecuencia, los más poderosos. La mayoría de los títulos en España lo acaparan ellos. Y hasta las competiciones giran en torno a ellos.

Ahora, el gobierno, a través del Consejo Superior de Deportes quiere igualar la liga. Y me parece una idea estupenda, pero no tan estupenda, aunque mejora el reparto, cuando se tiene en cuenta la posibilidad del palmarés deportivo (25%) y la notoriedad de audiencias e impactos publicitarios. Porque esa distinción hará que los grandes vuelvan a recibir mayor cantidad. Nunca se romperá el predominio de los grandes, y siempre estaremos en la bipolaridad de dos clubes de fútbol (ver aquí).

Ocurre lo mismo en la política con las elecciones. Nadie se decide a arriesgarse, con eso del voto útil, de dar su voto a un partido débil pero, católico, por ejemplo. Ahora hemos visto que el fenómeno, aunque soy de los que creo que hay más ruido que nueces, de Podemos, amenaza con romper ese bipartidismo que acapara la mayoría del electorado. Así de fácil, se trata de cambiar y probar. 

Entonces los débiles ya no serían tan débiles y podrían tener sus figuras que les permitiesen competir con los grandes. Todo sería mejor y el mundo más justo.


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