viernes, 28 de marzo de 2008

Juan y Mari


Hay muchas parejas que se quieren. Supongo que no hace falta demostrarlo, todos sabemos que dos personas, macho y hembra se unen en pareja porque se atraen y se, respectivamente, dan placer el uno al otro. También, se sienten a gusto el uno al lado del otro y hay algo que les motiva a permanecer juntos y que les hace vibrar. Diríamos que están todo el día pensando el uno en el otro. Recuerdo que en cierta ocasión una persona, ya con sus añitos, me decía que se había separado, pero que estaba loco de amor por otra que, recientemente, había conocido. En aquel momento la llamó por teléfono porque no podía estar mucho tiempo sin oír su voz. Disfrutaba solo con pensar en ella y a cada instante la tenía en su pensamiento.


Aquello, ahora después de cierto tiempo, me hace pensar y preguntarme sí con su primera pareja, su primera mujer, había sucedido lo mismo, porque de ser así algo funciona mal. ¿O nos enamoramos con cierta facilidad, o nos equivocamos, también, con cierta facilidad? Algo funciona mal. ¿O no sabemos que es amar, o amar no es lo que nosotros hacemos? En esta reflexión empecé a preguntarme interrogantes que me diesen respuesta de lo que pasa con nuestras relaciones y cual es la causa de las rupturas entre las parejas. Y lo primero que se me ocurre es entrar en desmenuzar el concepto amor. Lo primero es ir al diccionario para ver que se entiende por la palabra amor. Creo y pienso que se maneja mucho y no se sabe ciertamente la medida de lo que encierra su significado.


Amor: "sentimiento que experimenta una persona hacia otra a la que se le desea todo lo bueno: amor al prójimo; amor a los hijos". También, en un segundo significado: "sentimiento de intensa atracción emocional o sexual hacia una persona". "Gusto y esmero con que se hace algo". "Caricias o mimos con que se muestra el afecto". Amor libre: "relación sexual que no implica ningún tipo de atadura o compromiso". Amor propio: "orgullo y vanidad". Hacer el amor: "realizar el amor sexual". Y muchas más. Observamos que hay mucha definiciones dependiendo del lugar de donde queramos mirarlo. Pero referido al amor entre dos seres que se entregan y están dispuesto a compartir sus vidas dando lugar a abrirse a otras vidas que de ellos se generaran, la significación debe ser sólo una porque sólo una es la verdad del amor. Supongo que convergeremos en que uno se enamora hoy y mañana no puede estar desamorado o en desamor. ¿Qué pensaríamos de aquel que hoy dice sí y mañana dice no? Sí, es verdad que nos equivocamos, pero las equivocaciones tienen un razonamiento de sentido común. Habíamos pensado que esto era así, pero nos dimos cuenta de que estábamos equivocados por estoy y lo otro. Hay formas de explicar que nos habíamos equivocado, pero en el amor no podemos equivocarnos. Cuando intentamos probar una fruta, enseguida nos damos cuenta si está podrida o no está en su punto para comer. Incluso en la mayoría de los casos nos damos cuenta antes de probarla un poco. Enseguida la rechazamos sin terminarla. No la engullimos hasta el final. Ocurre algo parecido con el amor al que me refiero.


Cuando uno quiere de verdad no se dispone a probar enseguida. Se llena de paciencia y cuidado. Hay mucho en juego para arriesgarse sin estar lo más decidido y seguro posible. Necesita tiempo para ver, observar, dialogar y analizar. Hay mucho que compartir y poner en juego para llegar al compromiso de estar dispuesto a no solo darte sino darme, y a no solo recibir sino a aceptar lo que tu eres. No es hoy sí, porque representas para mí un festín, un botín, unas seguridades y comodidades, sino mañana también, aunque seas una fruta amarga, una carga y un riesgo inseguro y penoso. Te quiero porque en el quererte está mi gozo y mi felicidad y todo lo que de ti me viene me llena de gozo y alegría. Te quiero porque de nuestro querer han brotado unos frutos que debemos de cuidar y acompañarles en nuestro desarrollo. Te quiero porque amar no es solo recibir sino dar. Te quiero cuando te empecé a conocer, y también ahora que te conozco mejor a pesar de que tu físico ha cambiado y de que eres más vieja/o y empiezas a decrecer. Te quiero porque cuando dije sí lo dije con todas las consecuencia, te quiero porque amor es eso y no lo otro.


¿Y que es lo otro? Lo otro es el amor de mis apetencias. Lo otro es el amor de que me gustas para utilizarte, porque ganas y produces, porque me das seguridad y defiendes mis intereses, porque resuelves mi problema, porque trabajas para mí, porque me cuidas mis hijos, porque tus padres nos van a dejar una buena pasta, porque... puedes añadir todo lo que se te ocurra menos lo autentico, porque el amor autentico cambia todo. El amor autentico no necesita leyes de amparo ni protección; el amor autentico asegura la perdurabilidad del matrimonio y no hay miedo de extinguirse y perderse. Habrán malos momentos y tiempos de crisis, pero el amor se encargara de aguantarlos y permanecer unidos.

Se podrá defender de muchas formas, pero por mucho que se quiera nunca se podrá confundir amor con apetito, ni libertad con esclavitud. Podríamos pasar a analizar lo que realmente es libertad y lo que es esclavitud y tendremos para rato, pero ahora quizás no sea el momento. Sólo quiero llamar la atención que la busquedad de uno mismo nunca puede confundirse con amor, y en las separaciones y rupturas matrimoniales hay mucho de búsqueda de uno mismo. Sólo nos impide verlo el amor narcisista que llevamos dentro.

Mi madre quería ser enfermera




Mi madre en plena juventud

En cierta ocasión le oí a mi madre decir que le hubiese gustado ser enfermera. Son de estas cosas que oyes, pero no reparas en lo oído y lo dejas como un simple comentario sin más. ¡Hay tantas cosas que nos hubiese gustado ser! Cuando se nos ha ido el tren de la oportunidad y en el tiempo descubrimos lo que nos hubiese gustado ser, ya para entonces se ha hecho un poco tarde. ¡Que importante es tener al lado alguien que nos oriente y nos encamine a experimentar y vivenciar los dones que llevamos encerrados y que no sabemos que están en nosotros. Sólo en la experiencia vivida deducimos el misterio del descubrimiento de nuestra vocación.

Recuerdo en cierta ocasión que nos recurrieron para colaborar en una obra de teatro como extra. Se necesitaban bastantes para llenar el número de un jurado que aparecía en la obra. Fui a los ensayos y el solo verlos encendió en mí el deseo de interpretar un papel mayor que el de simple relleno. Hasta ese momento no supe de mi atrevimiento y de mi desafíos a los retos. Jamás pensé que me atrevería a actuar delante de un público. Conozco a muchas personas que no han podido superar esa prueba, e incluso, jamás pudieron con el desafió de invitar a una chica a bailar. En mis tiempos pasaba eso. Y sin embargo, tenían cualidades como los mejores para hacer una cosa u otra.

Los retos son necesarios para poder descubrir nuestra vocación. Hoy, después de mucho tiempo, sé lo que me hubiese gustado estudiar y hacer. Esto no significa que hay que mirar para atrás, pero sí que el tiempo no se puede perder tontamente y que hay que retarse y arriesgar en descubrir lo que tenemos dentro de nosotros mismos. Bien, pero ahora quiero hablar de mi madre. Decía que comentó que le hubiese gustado ser enfermera. Mi madre nació en una época y en un lugar donde no era tan fácil alcanzar esa meta. Supongo que de ser algo tan claro y fuerte lo hubiese logrado si se enfrenta consigo mismo y lucha por ello, pero todos no podemos y, por eso, nos quedamos sin saber que hubiese pasado de haberlo logrado. Es algo que nunca sabremos, ni vale la pena detenernos porque es nuestra propia historia personal y hay que recorrerla en el presente y en la medida que vamos descubriendo nuestro interior. De ahí la necesidad de reflexionar y pararnos a descubrirnos.

Yo desde la fe en DIOS, nuestro PADRE, creo que los caminos que recorremos en la vida tienen sentido aunque nos veamos perdidos y desorientados. Es posible que no cojamos el mejor camino, pero un padre siempre estará pendiente para reconducirnos por otros que nos produzca el mismo efecto y las mismas consecuencias. Y en ese aspecto me quiero parar, porque desde ahí mi madre fue una gran enfermera. Igual ella no lo supo nunca aquí en la tierra, pero ahora asentirá conmigo que toda su vida lo que hizo fue entregarse a unos enfermos y necesitados. Indudablemente, las virtudes que debe reunir y practicar una enfermera son: entrega, disponibilidad, servicio y amor. Mi madre tuvo todo eso y sobrado. Toda una vida olvidada de si misma y entregada a su familia, desde su marido hasta el último de sus hijos. Noches de insomnio hoy por uno, mañana para otros. Yo de eso puedo dar testimonio en mi propia persona. Cuanto acompañamientos y sufrimientos, en las penas, en la preocupaciones. ¡Cuantas horas para otros!

Mi madre estaba desempeñando su vocación escondida sin saberlo. Servía, curaba, acompañaba, escuchaba, aceptaba y estaba siempre en su puesto esperando un nuevo servicio. Todo lo dio por los demás sin recibir nada a cambio. Lo dio sin condiciones, gratis, y quedó a merced de la correspondencia de los demás. ¡Que gran enfermera! Todo su trabajo lo entregó para el bien de los demás e incluso su vida.

Mi madre no quería sino dar y cuando llegó el momento de que ya no podía dar, no supo recibir. A veces es necesario saber recibir, porque igual que hay que ser humilde para dar, de la misma forma hay que ser humilde para recibir. Tuvo que aceptar al final saber recibir. Es una gran lección que todos necesitamos aprender. Es la otra forma de ayudar cuando has llegado a la etapa final y no puedes hacer nada: dejarte ayudar. También, de esa forma ayudas al que te ayuda, porque le das la oportunidad de hacer algo por ti. Doy gracias al SEÑOR porque me dio la oportunidad de hacer algo por mi madre los últimos años de su vida.

Mi madre en su época real

Acabo esta glosa por mi madre rindiéndole el homenaje a la gran enfermera. Enfermera que tuve durante mi etapa de hijo y enfermera a la que tuve el privilegio de atender en sus últimos momentos. ¿Que DIOS te bendiga madre!

viernes, 21 de marzo de 2008

"¡Me ahogo!"


Sentía desesperación, una angustia recorría todo mi interior alterando la marcha fisiológica de mi mecanismo humano donde, a título de rey, el corazón ya no reina tranquilo. Padece, no invasión, pero si hipertensión que derivará generalmente, a una determinada edad, en un paro cardíaco que terminará con su reinado. Son las llamadas enfermedades de la civilización que hoy nos invaden.

La pesadilla había sido terrible, desesperante, pero muy acorde con la realidad existente. A medida que la recordaba sentía una extraña sensación como si me fuese hundiendo en un pantano lentamente. El pantano estaba representado por ese mundo que nos rodea, donde las opciones, la convivencia y la fe en las personas se hace cada vez más difícil.

El lodo era cada vez más empalagoso al igual que ocurre con nuestra contaminación. Contaminación no sólo derivada de los adelantos tecnológicos, sino también producida por la otra línea, en la que el hombre se mueve también, la espiritual. Una serie de valores contaminados por el hombre mismo que amasan, día tras día, el lodo que amenaza cubrirnos. La avaricia, el orgullo, el egoísmo, el afán de poder, la mentira..., son el combustible que queman nuestra paz. Son los catalizadores que nos separan, que nos oponen en esa lucha diaria que no tiene sentido.

Todos buscamos la paz, la tranquilidad, la realización personal (material-espiritual) en un mundo con problemas, pero esos problemas forman parte de ese mundo que habitamos y sólo con lealtad, esperanza y unidos podemos mitigarlos. Si me permitieran definir al hombre, diría: "es un ser comprometido por amor", entendiendo por ello que el hombre busca y pone su ideal, sus metas en conseguir lo que cree que es bueno para él y para los demás. No haría ninguna falta realizar una encuesta para saber que todos buscamos lo mismo, pero quizás por distintos caminos. Sólo restaría descontaminar ese combustible pernicioso que nos amenaza, cambiando la avaricia por la templanza, el orgullo por la humildad, el egoísmo por la generosidad, el afán de poder por el bien común, la mentira por la verdad...etc. Quedarían así marcados los contaminadores, ¡si es que los hay!, y todos como buenos hermanos nos daríamos la mano y nos uniríamos para luchar por lo que buscamos: el bien común.

En estos momentos políticos y de crucial importancia para nuestro país, lograríamos que el lodo se fuese aclarando hasta permitirnos nadar y ponernos a salvo. Quedarian en un plano secundario las victorias electorales o el presidir el gobierno. Lo importante sería la unión, la concordia y la paz por un mundo mejor, más justo y con problemas, ¡eso sí!, porque ellos forman parte de su propia esencia, pero con la esperanza de solucionarlos con la ayuda de todos. Sé que es difícil. Pienso como todos, pero esa es nuestra pobreza y, pienso, debe ser nuestro ideal. Todo lo que no se haga con esa intención romperá más los grifos de la contaminación a largo o corto plazo, ahogandonos más, poco a poco, en ese pantano desesperante.

Esta reflexión fue escrita hace unos, aproximadamente, treinta y dos o más años. Tengo, afortunadamente, el recorte del periódico donde fue públicado. Era el principio de las elecciones y el cambio a la vida democrática: la solución a todos nuestros males. Sólo pretendo que los que se dignen a leer esta reflexión saquen sus propias conclusiones. Hoy, después de tanto tiempo estoy más firme en pensar que sólo en los valores que proclamó nuestro SEÑOR JESUCRISTO está la salvación de todos nosotros.

jueves, 20 de marzo de 2008





Mi objetivo es expresarme y comunicar mis pensamientos, reflexiones y oraciones vividas en el acontecer diario de mi vida y compartirla con los que deseen encontrar caminos de paz, justicia, libertad y amor desde la óptica cristiana. Al mismo tiempo proclamar y manifestar el gozo de la salvación y el triunfo de la vida sobre la muerte desde la única persona que lo promete, lo regala y lo hace realidad con su propia Resurrección.

En segundo término, realizar algo que siempre he llevado dentro: escribir mis pensamientos y darlos a conocer sin ningún otro fin. He sentido desde niño esa inclinación y hoy, pienso, cuanto tiempo habré perdido, ¡sólo DIOS lo sabe! Sé que poco puedo lograr, pues mi preparación y conocimientos no son relevantes, pero la ilusión de derramar todo lo que siento: vivencias, inquietudes, interrogantes, reflexiones y compartirlas para crecer y madurar son una atracción irresistible que no puedo reprimir. Dicen que la boca rezume lo que abunda en el corazón, pues sí de algo estoy seguro es de que mi corazón quiere y está lleno de DIOS, y eso es lo que quiero proclamar y manifestar a través de mis humildes vivencias, reflexiones e inquietudes.

Poco a poco iré desgranado todo lo que llevo dentro en la esperanza de que el SEÑOR me ilumine y me conduzca para proclamar las maravillas del SEÑOR. También le pido que no me engríe, no tengo mucho para hacerlo, pero me siento humano y pecador, sino que todo sea para su Gloria y alabanza. Como Pablo, que sea el SEÑOR quien vive en mí y yo su humilde servidor.

Sólo reiterar que no quede mi afán de proclamar al mundo lo que creo y en QUIEN creo por negligencia y falta de compromiso. Luego los frutos sólo DIOS puede hacerlos fructificar. Por mí que no quede. ¡Alabado y glorificado sea el SEÑOR!

Un saludo y que DIOS los bendiga.

martes, 18 de marzo de 2008

Buscando la "justicia y la paz"


Lo que voy a escribir a continuación fue públicado en el periódico, creo que la Provincia, en la columna "Tribuna libre", allá por los años setenta y algo, no recuerdo concretamente, setenta y cinco o seis. Fue un pensamiento que refleja desde mi juventud mis inquietudes y anhelos por construir un mundo mejor. También, esconde en sus palabras la impotencia de no poder hacer nada que cambiase ese rumbo. Ahora, después de treinta y tantos años, todo sigue igual o peor. Siguen las injusticias y no hay paz. Y no hay paz, no significa que haya guerra, sino que hay también hambre, muerte de inocentes, explotación, experimentos humanos, desviaciones de nuestra naturaleza y, sobre todo, olvido de lo que somos y a donde vamos. Nuestra vida va a la deriva sin sentido, porque no tiene sentido vivir para morir. Paso a transcribir mi articulo tal y como lo escribí y veía a mis veintisiete o treinta años y dejaremos para más adelante las reflexiones que de él se pueden desprender.

Dice así : sabido es de todos que el mundo busca, persigue, anhela el orden, la Justicia y como consecuencia de ello, la Paz. Paz que en estas fiestas próximas (era previo a la navidad de aquel año) alcanzan un volumen elevado de expresión y deseo popular pero, ¿que es Paz?

Así empecé mi reflexión tan necesaria, al igual que el aire para respirar y subsistir necesita la persona para su desarrollo integral. En cierta ocasión leí: "una persona sin reflexión es una persona muerta". Y a mi manera de ver, estoy completamente de acuerdo con ese pensamiento.

Adentrado en mí reflexión, continúe, valga la redundancia, reflexionando y mi primera definición de Paz la encuentro en el diccionario: "virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego". ¡Que lejos de la realidad estoy!, pensé en mi interior. Cuando deseo la Paz para el mundo y yo, parte de ese mundo, no me encuentro ni me esfuerzo en ponerme en actitud de tranquilidad, sosiego, serenidad. Exijo la Paz, pero no me la exijo; deseo la Paz, pero no la deseo en mi pequeña porción de mundo que yo soy; quiero darla, pero no me la doy a mí mismo. Y concluí: cómo voy a exigir, a desear dar algo de lo que yo no me exijo, no me deseo o no tengo.

¿Soy un hipócrita?, ¿soy falso?, ¿soy un fariseo? Posiblemente lo soy o lo seré sí antes de exigir Paz, llevar Paz, no intento, no me esfuerzo en ponerme en actitud de Paz. Y nació otra pregunta en mí: ¿como me pongo en actitud de Paz? No tardé mucho en darme cuenta cuenta, pues si Paz es "virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego", posiblemente lo que tengo que hacer es ponerme en actitud de provocar tranquilidad y sosiego. Al llegar a este punto, mi mente se abrió como un torrente, dejando escapar multitud de pensamientos:

Es necesario que para que reine la tranquilidad, haya sinceridad y no mentira.

Es necesario que para que haya sosiego, reine el diálogo que implica saber escuchar la verdad y comunicar mi verdad.

Es necesario que cada cual cumpla con su deber, que implica Justicia, derechos, deberes y no lo contrario.

Es necesario tomar conciencia de servicio, y no de que te sirvan.

Es necesario sentirme solidario con los problemas de la comunidad, condición imprescindible para que exista la Paz (privilegio de comunidad) y no individual.

Es necesario...etc.

Pienso que antes de enviar una felicitación, debo hacer un profunda reflexión y moverme en esta actitud. Es entonces y no antes cuando estoy en disposición de exigir, desear y dar la Paz.

Se me ocurre ahora, esto es ya en directo, que igual vale este último pensamiento para estos momentos que celebramos: LA PASCUA. Ante de irme de vacaciones debo pensar que estoy salvado y que significa eso, porque seguramente lo estoy buscando y lo tengo dentro de mí.

domingo, 16 de marzo de 2008

Mis amigos los curas.


Me he sentado a dar riendas suelta a mi imaginación pensando que es muy importante tener a diario un momento de encuentro con uno mismo para, despojado de toda influencia externa e interna, con toda tranquilidad, verme y ver cómo soy, cómo actúo y cómo creo o pienso que actúan los demás, examinándolo todo desde mi interior hasta el punto de superponerme en sus mismo planos. De esta forma y sin darme cuenta en mi viaje mental, he ido recorriendo caminos internos que existen y palpitan esperando nuestro esfuerzo sincero y humilde para, a través de ellos, irnos adentrando en un mejor conocimiento de nosotros mismos, de los demás y, en definitiva, de DIOS, porque ÉL está en todos y todos tienen algo de ÉL. Así, caminando, surgió en mí la idea de hacerme cura mentalmente por unas horas, para, humildemente y con mis pobres palabras, expresar cómo me veía y realizaba en tan maravillosa y suprema vocación consagrada por amor, de una forma especial e integra al servicio de los demás. Y digo esto porque en mi reflexión entendía que a todos nos incumbe tan grandiosa tarea, ya que parte de ese AMOR somos, y amor nos exige cualquiera de los ambientes en que DIOS ha querido que se lo manifestemos.

Continuando mi camino, me doy cuenta que amor es la familia, amor es el trabajo, amor es la justicia, amor es la honradez, amor es el servicio, etc, en conclusión me decía: amor es hacer, es realizarme por los demás y por mi mismo porque no me puedo negar que cuando lucho por mi familia es porque la quiero en promoción, porque la quiero a flote por así decirlo aunque, como parte integrante de la misma, esa lucha por los míos sea también mi propia lucha, la que me atañe personalmente a mí mismo por el hecho de ser yo mismo y no otro, por la idiosincrasia de que cada persona es una y no puede ser, ni sentir por otras, porque personalmente cada uno ha de rendir su propia cuenta y al unísono las que se deriven de su compromiso como parte integrante de su racimo. Por eso, así actuando, lo hacemos por verdadero amor y, de esta manera, si nos preguntamos: ¿por qué trabajo?; ¿por qué me preocupan los problemas de los demás?; ¿por qué deseo la paz?, etc en el fondo hay un denominador común: AMOR.

Y en mi superposición mental de sacerdote me veo consagrado por ese Amor a dedicarlo a los demás y ya, desde ese momento, mi familia son todas las familias que en mi peregrinación hacia el PADRE me voy encontrando. Mis amigos son todos los pueblos por los que voy pasando. Mis problemas son todos los problemas que en mi andar nacen. Mis inquietudes son todas las inquietudes que los hombres llevan. En conclusión, me veo sin nada concreto, errante y solo, humanamente hablando, sin una familia por la que específicamente, y de forma concreta, entregarme. No tengo un ambiente definido donde vertebrar mi apostolado, ni unos amigos que, por compartir el mismo trabajo, me señalan ese ambiente de mi apostolado. No tengo nada y tengo todo. Tengo un mundo por el que luchar constantemente, tengo una familia a la que dedicarle mi amor en cualquier lugar, tengo los problemas que a todos abruman, tengo los dolores que todos padecen, tengo las penas y alegrías que todos comparten y, en síntesis, tengo un rebaño que cuidar, dirigir, comprender y amar sobre todas las cosas porque en ellos está DIOS y amándoles a ellos amo a DIOS, mi Único y Dueño SEÑOR.

Y después de todo eso, pienso que soy un hombre de cuerpo y alma como los demás, que por su VOLUNTAD he sido puesto en esta misión de gran responsabilidad y a la que temo por mis propias limitaciones, pero que acepto con valor y esperanza, porque si de ÉL me ha sido dada, de ÉL también recibiré las fuerzas y la luz necesarias para realizarme a pesar de mis defectos, de mis incomprensiones, de mis caídas, de mis egoísmos, de mi pereza... por eso, absorbido de nuevo a mi plano real, he despertado admirando a mis amigos los curas. He recordado sus palabras de paz, sus esfuerzos para aconsejar a la luz del Evangelio, sus inquietudes por nuestras vidas, sus soledades para nuestros servicios, sus horas de espera a nuestras llamadas, sus actitudes de comprensión ,sus panciencias ante nuestras criticas, sus tenernos presente en la oración, sus consuelos a la hora del dolor, en concreto, su amor a los hombres por los que han ofrecido su vida y aceptado todas sus consecuencias para así llegar a través de sus semejantes al único y verdadero AMOR.

Fue escrito en abril de 1.974 en la Provincia o en algún periódico de la época. Tenía veintiocho años. Estaba recién casado y tenía una hija de un año y esperábamos a nuestro segundo hijo. Hoy tienen 35, 32 y 30 respectivamente, el más pequeño no era nacido por aquel entonces. Ha pasado mucho tiempo, unos treinta y cuatro años. Quien me iba a decir que tras esos años iba a transcribir ese articulo en Internet, un espacio donde lo pueden leer mucha gente. ¡Impensable!. Y todo esto porque casualmente lo mantenía guardado, pues no soy muy proclive a guardar nada. También casualmente me he acordado de dicho articulo por leer en el blog de Armando Vallejo "no hay nadie más libre que los curas". Y no hace falta decir, tras el articulo transcrito, que los curas son personas libres que se entregan libremente como lo hizo JESÚS. El amor no se puede imponer sino proponer y, claro, las personas de buen gusto lo eligen libremente porque sólo detrás de la libertad se esconde la felicidad. Naturalmente hay que entender que libertad es no hacer lo que quiero, ni lo que me apetece, sino lo que debo y entiendo que es lo bueno para todos y, por supuesto, como parte de todos, para mí.
ÚLTIMAS REFLEXIONES