sábado, 15 de enero de 2011

LA GUERRA DEL CHOCOLATE


Costa de Marfil está al borde (ver aquí) (*) de una guerra civil, y las compañías chocolateras podrían jugar un papel fundamental a la hora de salvar vidas y asegurar la paz. Pero los malditos intereses egoístas de los hombres hacen que unos se olviden de otros y antepongan el valor del dinero a las vidas de las personas. Otra vez lo caduco y basura prima a la más grande criatura creada por DIOS, que por su amor a él entregó a su HIJO a la muerte.

No se presentan por amor y servicio a su pueblo, sino para enriquecerse y dominarlo, y hacer de él su propio harén y pertenencia privada. Esto está extendido por todas partes. América del Sur está llena de estos maléficos ejemplos que matan por mantener el poder. Pero en otros países, llamados del primer mundo y superdesarrollados, ocurre lo mismo aunque de otra forma. Es la llamada guerra fría, donde la apariencia de la verdad está encubierta con mentiras, ideologías y objetivos que tiende a anular al hombre, criatura de DIOS, para engrandecerlo como dueño y señor capaz de determinar su propio destino y de discernir su propia verdad como verdad absoluta.

Así las cosas, se agarran al poder caduco y falso cegados por la ambición, la vanidad y la ilusión de alcanzar la felicidad en este mundo caduco apoyados en las riquezas y el poder. Son ciegos que conducen a otros ciegos y que juntos y de la mano van derechos al precipicio y al abismo. Detrás de sus estelas sólo dejan vacíos, miserias y muertes.

¿Qué podemos hacer? Pues creo que una cosa bien sencilla, dejar de comprar chocolate en nuestros lugares habituales y decirles el por qué, para que la voz llegue a todas las fábricas interesadas en la cuestión y se abstengan de dar fondos para mantener en el poder, por la fuerzas de las armas, al presidente Laurent Gbagbo (ver aquí), de forma que este acepte, como debe ser, el resultado de las urnas. 

El enlace(*) de arriba te lleva a enviar un mensaje donde tú puedes ayudar a que esto pueda ocurrir. Debemos tomarnos estas cosas muy seriamente y pensar que hay mucha gente que han dado ya su vida y otros a punto de perderla por los caprichos de unos señores egoístas que están endemoniados y poseídos por la fiebre del poder y la ambición.
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