lunes, 15 de octubre de 2012

NO SE TRATA DE CREER...

 Creer en Dios (COMO NO CREER EN DIOS)

porque si ahora hiciéramos un recorrido por la calle y fuéramos preguntando: ¿Usted cree en Dios? Creo que el 90 % respondería afirmativamente. Luego, muchos matizarían que "creo en Dios, pero no en los curas o en la Iglesia". Y así muchos se quedarían en el solo creer.

Y esa es la palabra en la que, ahora, en este momento, quiero reflexionar. Porque no se trata de decir creo en Dios, sino de hacer su Voluntad, pues cuando se cree en alguien se trata de conocerlo y hacer lo que nos dice. ¿Qué tipo de creencias es entonces? ¿La que a mí se me antoja? 

Eso correspondería más a creer en mí mismo más que en Dios. Simplemente es un decir por decir , pero no se es coherente con lo que se dice. Creer en Dios compromete a mucho más que a simplemente creer. Porque decir creer y nada más es simplemente decir hoy hace un día bonito.

Creer en Dios es escucharle y conocer lo que dice, porque a una persona en la que se cree se le escucha y se le conoce. Creer en Dios es, después de escucharle, esforzarse en poner en práctica las cosas que nos dice y enseña. Creer en Dios es poner mi vida en el camino de su Palabra y organizarla según su Palabra va informando y conformando mi actuar, mi ser y vivir.

Por eso, bienaventurados y dichosos aquello que oyen mi Palabra y la ponen en práctica, la guardan y la cumplen. Porque esos han creído y su fe se manifiesta en sus vidas y sus obras. Se hace fácil ver que tipo de fe tenemos los que nos confesamos creyentes en Él. 

Simplemente miremos nuestra vida, nuestros esfuerzos, nuestro tiempo y donde lo gastamos y de qué forma lo empleamos. Pronto veremos si nuestra fe ha prendido o está todavía apagada. Ahora es tiempo propicio para examinarla, pues desde el once de octubre hemos entrado en el año de la fe. ¿Qué medida tiene mi fe? Es la pregunta que suscita el Espíritu a través del Santo Padre en cada uno de nosotros.

La respuesta la tiene tu vida. Miras como vives, cuales son tus prioridades, qué compartes, qué guardas en tu corazón y irás encontrando que nivel de fe le das al Señor. Nunca la podremos aumentar si no podamos nuestro corazón, y podar exige ponernos en Manos del Podador.

Padre nuestro, por los méritos de tu Hijo Jesucristo, aumenta nuestra fe, pero una fe que se traduce en compromiso, en hacer tu Voluntad y en dar cumplimiento a tus mandatos. Amén.
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