martes, 6 de noviembre de 2012

EL VALOR DE UN VOTO




No puedo callarme. Al menos diré lo que pienso, y pienso que muchas posibilidades de poder cambiar el sistema se concentra en nuestro voto. Mientras no tomemos conciencia de esto pasarán muchas generaciones y muy pocas cosas cambiaran.

Y es que el sistema no se cambia desde las personas sino desde las Instituciones, asociaciones y gobiernos, a pesar de aparentar ser una paradoja. Porque lógico es pensar que si cambian las personas cambiaran los gobiernos. Y en cierto sentido parece que sea así, pero no exactamente.

Si es verdad que las personas influyen y sus pensamientos y criterios se vuelcan en donde se mueven y viven, pero más verdad es que el sistema cultural inmerso en su vida termina por tragárselo. Un joven que llega, cargado de aspiraciones y criterios de valores morales y buenos para el buen convivir de la sociedad, a un puesto de relevancia, experimenta muy pronto que doblega su pensamiento o renuncia o estanca sus aspiraciones profesionales.

La presión familiar, social y personal, pues no deja de ser hombre, le acorrala y no le deja otra salida. ¡Sí, claro!, tiene otra salida: "La de la Cruz y el sacrificio", dejándolo todo y desprendiéndose de todo. Pero con ello arrastra a su familia. Difícilmente lo supera, y se diluye en la mediocridad o abandono. 

Necesitan apoyo, apoyo para que el sistema pueda ser cambiado desde dentro y abordado por muchos que lleguen a esos puestos de decisión y criterios. No basta con formarlos en las universidades, que son pocas las que así intentan formarlos, sino que se hace necesario estar respaldado por una sociedad desprendida, libre y dispuesta a empezar el cambio.

No podemos tampoco lamentarnos de que los partidos minoritarios nada pueden hacer. Tú has lo que debes y puedes, "darle tu voto a gente nueva", a gente que caminan juntos y empiezan y quieren cambiar el sistema. Un sistema cerrado, dominados por pensamientos materialistas y filosóficos (ver aquí) que amenazan por construir un mundo disparatado.
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