sábado, 7 de diciembre de 2013

EL DOLOR





Se habla mucho del dolor, y es que nos asusta tanto o más que la propia muerte. Llegamos a preferir morir sin dolor que sufriendo. Tenemos mucho miedo al dolor y cuando pensamos en él ya estamos sufriendo. Tememos más el no poder soportarlo que el dolor en sí. Nos duele mucho más el tiempo de duración que la intensidad del mismo dolor.

No comprendemos por qué tenemos que sufrir, y es el dolor lo que a muchas personas les lleva a darle la espalda a Dios. Incluso se atreven a decir que no creen en Él al permitir que sufran. Hablan pero no son conscientes de lo que dicen, pues cuando el dolor nos invade perdemos hasta la razón de lo que decimos. Sin embargo no actuamos igual cuando somos espectadores del dolor de otro. Nos compadecemos, pero no perdemos la razón ni nuestra fe.

No obstante, ¿podemos llegar a pensar como seríamos si no tuviésemos dolor? O dicho de otra forma, ¿nos acordaríamos de Dios si nunca tuviésemos dolor y fuéramos felices? Creo con toda seguridad poder decir que "No". Entre otras cosas porque no lo necesitamos. Si somos felices y no sufrimos por la ausencia del dolor, Dios no tendría sentido. Por lo tanto, el dolor sirve para algo.

Claro, el dolor nos es necesario para acordarnos del médico. La justicia y el error pueden ser ignorados, pero el dolor no lo podemos aparcar. Nos duele y nos descubre inquieto, malhumorado, enfermo, triste, intranquilo...etc. Nos experimentamos mal porque sufrimos, y estamos hechos para no sufrir y ser felices eternamente. Y es que Dios nos quiere tanto que se aprovecha del dolor, nuestros errores y deficiencias para hablarnos a través de nuestra conciencia y gritarnos por medio de nuestros dolores.

Y es que Dios - afirma Lewis - nos habla por medio de la conciencia y nos grita por medio de nuestros dolores: los usa como megáfonos para despertar a un mundo sordo.


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