miércoles, 2 de septiembre de 2015

CAMINOS DERECHOS CON RENGLONES TORCIDOS



Hay circunstancias que se presentan favorables en principio, pero luego se vuelven en contra. Te brindan la oportunidad de adelantar un vuelo, por ejemplo, y luego llegas más tarde. Crees haber acertado y ganar tiempo, y luego resulta lo contrario. El resultado es que lo tomas o lo dejas; aciertas o desaciertas; adelantas o atrasas.

En la vida hay que tomar decisiones, pero lo verdaderamente importante es tomar buenas decisiones. A veces es cuestión de acertar o tener buena suerte, pero a parte de eso, es importante prepararse y aprender. La experiencia es ese cúmulos de sabiduría que te da la vida en las decisiones de tu vida.

Se trata de acertar o no. Ahora, lo que he aprendido, a pesar de los resultados, es que con Dios siempre se gana. Es posible que aparentemente no sea así, que parezca un fracaso, error o equivocación, pero al final siempre Dios tiene la razón y nos da lo mejor y lo que más nos conviene. Lo que ocurre que a veces escribes derecho con renglones torcidos.

Hoy parece ser un día de esos en mi humilde vida. Creí ganar tiempo, y hasta lo celebré, y resultó que perdí más tiempo que el que tenía en principio. El avión que me iba a llevar antes tuvo retraso y salió una hora y media más tarde. El resultado fue que llegué a mi destino sobre las 22 horas cuando debería llegar sobre las 19 horas. 

Al final la vida cobra sentido en el Señor, porque Él está y viaja con nosotros. Él permite lo que es bueno y nos enseña a soportar y tener paciencia con las malas. En el crisol de la vida forjamos nuestro corazón para, por su Gracia, hacer su Voluntad.

Y los frutos vendrán cuando el Señor quiera. El resultado fue que al ser mi vuelo más caro que el ofrecido, tuve una indenización. Indenización que alcanzó, quizás por el retraso, una cuantía de doscientos euros, que con un poco de paciencia cobré en el aeropuerto de Barcelona al regreso. Al final, a pesar de unas horas de retraso, el viaje me había salido gratis.

Miré para arriba y le guiñé el ojo al Señor. No sé si esas eran sus intenciones, pero me llevó a Barcelona gratuitamente. Un regalo que ya había aceptado a pesar de las molestias, pero que al ser gratificado resultó más agradable.
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