lunes, 21 de noviembre de 2011

AL BORDE DEL PRECIPICIO


Dan pena, aunque tras cierta apariencia muchos puedan confundirse, en lo más profundo de sus sentimientos, con envidia o deseos de imitarles. No tienen otra salida sino la desesperación y el propio fracaso. El recorrido de la propia vanidad, el propio egoísmo y las satisfacciones más placenteras son la tumba, aparentemente hermosa, pero solo aparente, del mayor de los fracasos, porque quien ha vivido para sí ha encontrado la muerte cuando sus últimos días queden consumidos.

Porque del egoísmo no nace nada que transmita vida sino simplemente caducidad, finitud, consumo o muerte. La vida sólo la puede transmitir el amor, pues la esencia de la vida es el propio amor. Y sólo en el compartir se puede encontrar lo que otros, en el error, buscan en las riquezas, excentricidades o disparates (ver aquí). 

Ocurre que hay dos caminos por donde conducirse en este mundo. ¡Dos solos!, uno la puerta estrecha, difícil de escoger, pues presenta muchos obstáculos y estrecheses que derivan del propio olvido, del darse y negarse para, por amor, meterse en los otros y servirles. Porque la puerta estrecha tienen un gran letrero en su dintel: "Camino de amar y servir". Pocos son los que se paran a leerlo, reflexionar y decidirse a recorrerlos.

Sin embargo, casi al lado se encuentra la puerta ancha y espaciosa que, a diferencia de la estrecha, luce en su dintel una colorida y atractiva luminaria que invita a entrar y a pasarlo bien. Frases y eslogan de "vive tu propia vida y sé tú"; "pásalo bien y piensa en ti"; "la vida son cuatro días, disfrutala"; "vivir es tener calidad de vida"...etc., hacen casi irresistible que no te decidas a entrar.

Sin embargo, la experiencia, y a ella me remito, no a supuestos pensamientos subjetivos, sino a la más estricta realidad objetiva, nos manifiesta que tras el recorrido ancho, lujoso y gozoso, se esconden peligros, vacíos y frustraciones que desembocan en un precipicio sin ninguna otra alternativa. "Saltar hacia la muerte".

Tanto anhelo por trepar, por alcanzar riquezas de todo tipo: fama, prestigio, honores, poder, tesoros...etc., y al final no sabes que hacer con todo eso. Terminas como los de la historia de "vividores incombustibles" que publicó Ángel Sánchez Toledano (más arriba enlazado) sin otra alternativa que tu propia destrucción, que la del disparate o el sin sentido y vacío. Tanto para nada, porque de todo eso sólo se desprende muerte.

Sin embargo, el otro camino, penoso, costoso, duro, lleno de cruces, empieza a suavizarse y a aligerarse con el gozo de saberse amado, con la satisfacción del deber cumplido, con la conciencia de sentirse esperanzado en que el recorrido no termina, cada vez es más limpio, claro, nítido y se intuye en el fondo un hermoso valle lleno de paz, gozo y felicidad. Es la vida eterna que nunca terminará, porque el Amor la mantiene siempre viva.

Rezar por esos necios cegados por sus apetencias de felicidad caduca, perecedera, a pesar de su dinero, es lo que mejor podemos hacer por ellos, con todo cariño y amor, para que dejen su necedad y encienda la luz de su corazón, la provean del aceite necesario y aguarden preparados a que abran la puerta, para descubrir que el verdadero tesoro está en el amor.
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