lunes, 30 de abril de 2012

UNA MANERA DE TRANSFORMAR EL MUNDO


Con nuestras pequeñas obras podemos hacer muchas cosas. A veces tratamos y nos empeñamos en denunciar muchos programas y acciones que no mejoran la convivencia social,  ni la hacen más justa, más humana y más buena, pero no logramos nada.

Y otras veces, con una decisión personal y actuando con responsabilidad y compromiso con los valores que nos rodean y buscando el bien común, sobre todo las buenas costumbres, la dignidad y la verdad, logramos resultados sorprendentes.  Me refiero en esta ocasión a los llamados programas basuras.

Programas basuras que no enaltecen la dignidad de la persona, sino que la denigra y la rebaja. Programas basuras donde parece que vale todo y, bajo las apariencias del respeto y la libertad, se enaltece la mentira, el libertinaje, y todo aquello que sirve para sacar dinero. 

Todo es mirado por la verdad de cada uno. Toda verdad está condicionada por el relativismo moral que cada cual defiende, y lo único que importa es la audiencia, entretener como sea y el beneficio económico del mismo. En base a eso se hace lo que interese. No se mira por las buenas costumbres, el respeto y la libertad, que busca el bien y la verdad.

Se toman a las personas para el divertimento y centro de entretenimiento, sin mirar el daño que se les puede hacer. Todo es un montaje económico que corrompe y destruye la convivencia social. Se persigue pasarlo bien a costa de difamar, denunciar y sacar a la luz la vida y la intimidad de personas populares, famosas o que son noticias en el panorama nacional o internacional.

Por eso, es muy buena noticia que uno de esos programas se haya suspendido por falta de anunciantes. Y es que la publicidad es el soporte y la base donde se sustenta el montaje económico de las televisiones, y por supuesto, de sus programas.

Está en nuestras manos el poder decidir muchas cosas, al igual que en la política. Nuestro voto y nuestras acciones, bien sea retirando nuestra publicidad o no viendo esos canales determinados, ayudarían a que los medios, incluso periódicos y revistas, reflexionen sobre sus contenidos. También, en sentido contrario, viendo los canales que están acorde con los valores que edifican la dignidad de la persona, haría pensar a los demás lo que es bueno y se debe emitir.
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