viernes, 12 de diciembre de 2008

El debate.

Siempre he entendido y así lo he compartido y manifestado que el debate forma parte esencial de la vida social, ya sea de la crítica artística o literaria, de la producción científica o de la vida política, de la dignidad de la persona humana o de su trascendencia, de los derechos y deberes de la educación , la escuela, las personas...etc.

Me siento identificado, al leer un artículo en ABC (jueves 111208), por el Catedrático de Sociología (UCM) don Emilio Lamo de Espinosa, en todos sus argumentos y coincido con él en su conclusión de considerar de suma importancia el reconducir los diferentes debates a su justo término dentro de los parámetros democráticos y en plena libertad.

En mi reflexión y comentario trataré de exponer mis puntos de vistas, apoyado en los criterios que en su artículo expresa el citado autor. Indudablemente, el debate es el vehículo imprescindible que tenemos los humanos para establecer acuerdos, puntos de vistas común, unificar criterios y objetivos, conseguir consensos y encaminar acciones comunes en bien de todos.

El debate, consumado en el diálogo, debe estar edificado en buscar la verdad. La verdad que esté en servicio y beneficio de todos. Esa es la condición fundamental que no puede faltar, porque de lo contrario estaríamos en partidismos y exclusiones de unos sobre otros. Creo que es lo que está ocurriendo y las consecuencias son claras y evidentes.

Y condición fundamental del debate dialogado es hacerlo en plena libertad, fuera de toda presión y condición impositiva, pues desde ese momento ya no sería debate, sino defensa de lo que yo quiero y busco. Debatir es buscar lo mejor para todos. Y hacerlo en libertad significa buscar la verdad, que realmente nos hace libre, en bien de los demás. Luego, cuando defiendo y persigo mis propios ideales e intereses; cuando trato de someter al otro a mi propia verdad, no estoy buscando el bien, sino mi bien.


Por eso ocurre que hay hambre en el mundo; por eso ocurre que hay injusticias y muertes; por eso ocurre que hay egoísmos que desheredan a unos y enriquecen a otros; por eso hay trepadores que busca quitar para ponerse él; por eso hay izquierdas y derechas; por eso hay estereotipos sobre el debate que, más que analizar argumentos, los etiquetan y pre-juician; por eso en el transcurso del debate nos descubrimos defendiendo nuestra verdad interés o egoísmo sin reparar en buscar la verdad, lo mejor para todos.

El debate perfecto, el grado uno del debate, por así llamarlo, sería aquel en que las partes, reconocidas como interlocutores válidos, atiendan sólo a los argumentos del contrario, que se discuten sin malicias y de acuerdo con los tres instrumentos de crítica clásicos: la coherencia interna y racionalidad del discurso, su ajuste con los hechos y evidencia empírica y, finalmente, la oportunidad formal y sustantiva del debate, si es o no procedente.

De huir y salirnos de ese contexto empezamos a adulterar la esencia propia del verdadero significado de debatir. Igual ocurre con el concepto libertad. No es que se entiendan mal, sino que lo conformamos a nuestros propios intereses. No queremos ver la debilidad de nuestra propia naturaleza, frágil, limitada, egoísta. E irrumpimos en desviarnos tangencialmente hacia el lado que más nos convenga. Y aparece la demagogia y los esteorotipos señalados.

Llegado a este punto nos sumergimos en ataques y malicias. Ahora ya no interesa argumento alguno, que es atribuible sólo a la malicia y perversidad o, como mucho, ignorancia, del contrario. En este grado se hace presente el pecado de juicio, intenciones espurias, estrategias, engañosas, cortinas de humo, manipulaciones o conspiraciones. Y así el argumento ya no es incorrecto sino artero, las tesis no son incoherentes sino perversas, la gente no se reune sino que conjura, y así sucesivamente.


Es el momento de las etiquetas generalizadoras, verdaderos estigmas que aislan y excluyen y dividen y enfrentan las orillas, como los aros amarillos de los judíos: fascitas, rojo...etc. En este estado de diálogo disfrazado, el contrario, ya ha etiquetado al otro como enemigo, ya estereotipado, es públicamente encapirotado y despersonalizado.

Y así se puede decir, por ejemplo, que quienes votan a los otros son unos "tontos de los cojones"; y no sólo lo dicen, sino que lo mantienen, ¡faltaría más! Aunque pueda parecer lo contrario este grado tres no es tan frecuente en el discurso político, pero sí en el mediático - político, pues el nivel de ferocidad y agresividad de los columnistas/tertulianos, prensa del corazón, es hoy muy superior al de los políticos profesionales.

Y sólo nos faltan unos pasos para llegar a la acción del disparate. Ya, llegados aquí, ni siquiera se aparenta argumento alguno, sólo se insulta y cuanto mayor sea la violencia verbal mejor. Es ahora cuando aparecen términos como "vomitona", "baba", "mierda" y parecidas, que sólo pretenden rebajar al contrario a algo despreciable merecedor de cualquier trato. Y se asegura, por ejemplo, que no estaría mal quemar los libros del contrario, poner una bomba en algún sitio (como el Valle de los Caídos), quitar los crucifijos de toda vista, acabar con la religión y la educación libre, imponer una educación ideológica, matar a inocentes, eutanasia, desestructurar la familia...etc.

Sin darnos cuenta entramos en el terreno del odio. Todo se saca fuera del contexto dialogante en el primer grado. La memoria histórica, la vida, la muerte, la familia, la libertad, el respeto, la dignidad y el sentido de la vida son verdades y valores que ya no se debaten, sino que se defienden enfrentándose unos contra otros en una carrera devoradora de satisfacer mis ideologías y egoísmos. Es el momento del disparate y la carencia del respeto y libertad. Estamos en la gestación de enfrentarnos a muerte: la guerra.

Termina el señor D. Emilio Lamo Espinosa, subrrayando que el diálogo en el grado cuarto, este último, empieza a aflorar, con lo que estoy totalmente de acuerdo, y es el momento de quienes están en situación de reconducirlo tienen la responsabilidad ineludible de hacerlo.

lunes, 8 de diciembre de 2008

El juguete.


Prácticamente la mitad de los juguetes que se venden en España, el 47, 8%, presentan algún tipo de inseguridad para el niño que los utiliza, según el informe de la Organización de Consumidores y Usuarios.

La conclusión más alarmante es que sólo 43 de ellos pueden considerarse totalmente seguros. De los comprados en España, sólo 11 de 23 juguetes no presentan ningún riesgo para los niños.


Los resultados del análisis de la OCU ponen en evidencia la inseguridad de numerosos juguetes y su falta de conformidad a la ley, en elementos como el etiquetado, presencia de elementos peligrosos, ruido estridente, sustancias tóxicas, etc.

La OCU afirma que los resultados fueron comunicados a los fabricantes, que reaccionaron de diferente manera: algunos retiraron los juguetes peligrosos, otros facilitaron certificados de sus juguetes incompletos o contradictorios, o bien "buscaron excusas inconsistentes para justificarse", según la organización de consumidores.

La organización aconseja a los padres extremar las precauciones, adquiriendo juguetes adecuados a la edad de los niños; leyendo las advertencias de peligro y las instrucciones junto con los niños; y guardando la identificación del fabricante o importador.


Cuando compramos un juguete, raramente nos preguntamos si es seguro para nuestros hijos. Pero hacemos mal.
W.A.T.C.H. (World Against Toys Causing Harm), es una organización creada por un abogado norteamericano preocupado por los riesgos que algunos juguetes pueden tener para los niños.

Su fundador, Edward M. Swartz afirma que cada caja de juguete puede contener una trampa mortal. Su experiencia de más de treinta años como jurista en la industria del juguete le ha hecho tomar conciencia del verdadero riesgo de algunos productos.

Swartz nos da algunas advertencias a tener en cuenta antes de comprarlos:


cuidado con juguetes comprados en Internet, sin instrucciones o recomendaciones de edad.

cuidado con juguetes a batería. Podría sulfatarse, recalentarse o explotar.

cuidado con juguetes con piel o pelo. Podrían tragarse o aspirar las fibras.

cuidado con juguetes con pequeñas piezas añadidas, con lazos o tiras.

cuidado con juguetes con proyectiles que pueden causar daño en los ojos.

cuidado con juguetes con puntas filosas o accesorios con punta.

cuidado con juguetes fabricados con material inflamable.

cuidado con juguetes con superficies o componentes tóxicos.

La fundación W.A.T.C.H, cuyas siglas significan “vigilar” o “controlar” en inglés, fue creada sin fines de lucro y ha desarrollado un programa llamado Toys, You and the Real World, donde intenta educar a jóvenes, padres y educadores sobre la importancia de un mundo más seguro.


Edward M. Swartz es autor de dos libros sobre el tema: Toys That Don´t Care y Toys That Kills y desde 1973 fabrica anualmente una lista de los 10 peores juguetes del año. Gracias a incluir algunos juguetes en su lista negra, ha conseguido que los fabricantes reemplazaran los componentes potencialmente peligrosos. Sin duda, los jugueteros se esmerarán para no formar parte del listado del próximo año.

Aunque sea un simple raspón o el daño más mínimo, es demasiado. La función primera y última de los juguetes debe ser educar y entretener a nuestros hijos, sin causarles ningún tipo de perjuicio.

Web oficial toysafety.org

jueves, 4 de diciembre de 2008

¡Voluntarios!


En estos tiempos, donde nos conformamos cómo son las cosas, donde hay sentimientos de pequeñez porque solos no podemos hace nada para cambiar las situaciones, ES POSIBLE, personas voluntarias que sean instrumentos para transformar la sociedad, donde cada vez haya mayor presencia y participación en la dimensión política, teniendo siempre una actitud crítica y transformadora, denunciando las injusticias y anunciando que otra realidad es posible.

En estos tiempos, dónde el milenio va, milenio viene, es propicio para que se hable sobre el destino de la humanidad, para que se anuncie el fin del mundo, mientras el tiempo continúa, callidito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio. Aunque no podemos imaginar el tiempo que será...ES POSIBLE, tener el derecho a imaginar como queremos que sea.


En estos tiempos, de creciente desigualdad, donde en Canarias las personas bajo el umbral de la pobreza sobrepasan las 600.000, se recortan los derechos sociales; se privatizan los servicios públicos; se permiten mecanismos de acumulación de capital en pocas manos; muchas personas están viviendo en la calle, muchos mayores sobreviven sin recursos ni apoyos; aumenta el número de personas encarceladas por ser pobres; la mayoría de las familias no llegan a fin de mes y en general están creciendo las condiciones de vida precarias.


Es posible, un voluntariado que denuncia y se moviliza para trabajar por la justicia, para que todo el mundo tenga acceso a los derechos económicos, de salud, educación libre, trabajo, vivienda...etc; un voluntariado que lucha por el desarrollo de los servicios públicos y por el reparto de la riqueza, siendo él (los voluntarios) ejemplo al compartir el bien más preciado por muchos de nosotros, el tiempo.

Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho a imaginar el que queremos que sea.. en 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos, pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamando derecho de soñar.


La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor; el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha y la lavadora.

La gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar; se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir. como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega.

Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vidas a la cantidad de cosas; los historiadores no creerán que a los países les encante ser invadidos; los políticos no creerán que a los pobres les encante comer promesas.

Nadie será considera héroe ni tonto por hacer lo que cree justo,; en lugar de hacer lo que más le conviene; el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra.

Framentos de "Derechos al Delirio", por Eduardo Galeano.
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