jueves, 15 de enero de 2009

El folclore de mi tierra.

Les invito a todos a que disfruten conociendo el folclore de mi tierra. Para ello pinchen en este enlace y conozcan la música de mi tierra. También hay una canción mejicana, la del segundo vídeo y va dedicada a mis amigos de Méjico, en especial a mi amiga Hilda.


http://salvadorvivenciasinquietudes.blogspot.com/2009/01/el-folclore-de-mi-tierra.html

sábado, 10 de enero de 2009

La Iglesia está dirigida por el ESPÍRITU SANTO.

La palabra Iglesia (ekklésia, del griego ek-kalein-"llamar fuera" significa "convocación". designa asamblea del pueblo, en general de carácter religioso. Es el término frecuentemente utilizado en el texto griego del Antiguo Testamento para designar la asamblea del pueblo elegido en la presencia de DIOS, sobre todo cuando se trata de la asamblea del Sinaí, en donde Israel recibió la Ley y fue constituido por DIOS como su pueblo santo.

Dándose a sí misma el nombre de , la primera comunidad de los que creían en CRISTO se reconoce heredera de aquella asamblea. En ella, DIOS "convoca" a su Pueblo desde todos los confines de la tierra. El término Kyriaké, del que se deriva las palabras church en inglés, y kirche en alemán, significa "la que pertenece al SEÑOR".

En el lenguaje cristiano, la palabra "Iglesia" designa no sólo la asamblea litúrgica, sino también la comunidad local o toda la comunidad universal de los creyentes. Estas tres significaciones son inseparables de hecho. La "Iglesia" es el pueblo que DIOS reune en el mundo entero. La Iglesia de DIOS existe en las comunidades locales y se realiza como asamblea litúrgica, sobre todo Eucarística. La Iglesia vive de la Palabra y del Cuerpo de CRISTO y de esta manera viene a ser ella misma Cuerpo de CRISTO.

La Iglesia ha sido designada de muchas y diversas imágenes tomadas de la vida pastoril, de la agricultura, de la edificación, como también de la familia y de los esponsales, las cuales están ya insinuadas en los libros de los profetas. Para mayor documentación se puede leer en Constitución "Lumen gentiun", nº 6.

Desde que Cristo nace, se ha cumplido el tiempo. Dios interviene en la historia del hombre fundando su Reino en el corazón de cada discípulo. Y desde entonces hasta hoy, el mensaje, no ha sido otro sino la preparación para le llegada definitiva del Reino de Dios. Para ello, se ha querido valer de tantas almas consagradas a su servicio. Los sacerdotes, los diáconos, obispos y papas, las religiosas y religiosos dedicados a la vida contemplativa o al apostolado, a la educación o a las misiones en tierras lejanas... Todos ellos han sido la prolongación de las obras de Nuestro Señor.

Somos seres relacionados porque necesitamos para nuestro desarrollo la dedicación y cuidados de los demás, sean nuestros padres u otras personas que nos atiendan. Estamos hechos para, tras un largo tiempo, alcanzar nuestro desarrollo adulto gracias a la atención y manutención de nuestros padres o protectores. Una cosa es clara, no podemos desarrollarnos nosotros solos. En este contexto descubrimos nuestra dependencia unos de otros y deducimos en consecuencia que necesitamos acercarnos y vivir en comunidad para poder subsistir y complementarnos.

Sentado esto, CRISTO, nuestro Creador, en la naturaleza humana unida a sí, redimió al hombre, venciendo la muerte con su muerte y resurrección, y lo transformó en una nueva criatura (Ga 6, 15; 2Co 5, 17). Y a sus hermanos, congregados de entre todos los pueblos, los constituyó místicamente su cuerpo, comunicándoles su espíritu.

En ese cuerpo, la vida de CRISTO se comunica a los creyentes, quienes están unidos a CRISTO paciente y glorioso por los sacramentos, de un modo arcano, pero real. Por el Bautismo, en efecto, nos configuramos en CRISTO: porque también todos nosotros hemos sido bautizados en un solo ESPÍRITU (1Co 12,13), ya que en este sagrado rito se representa y realiza el consorcio con la muerte y resurrección de CRISTO.

Con ÉL fuimos sepultados por el Bautismo para participar de su muerte; más,si hemos sido injertados en ÉL por la semejanza de su muerte, también lo seremos por la de su resurrección (Rom 6, 4-5). Participando realmente del Cuerpo del SEÑOR en la fracción del pan Eucarístico somos elevados a una comunión con ÉL y entre nosotros.


Somos imagen y semejanza a la Santísima Trinidad y estamos conducidos por el ESPÍRITU SANTO prometido por el SEÑOR en su ascensión a los Cielos. Y la Iglesia empieza con la venida del ESPÍRITU prometido en Pentecostés. Y estamos hechos para, igual que la Comunidad Trinitaria, vivir en comunidad. Y la promesa del Mandamiento Nuevo: "amesen unos a otros como yo los he amado" y ¿qué mérito tiene amar a nuestros seres queridos y amigos?, pues eso lo hacen los no creyentes también. Ustedes, los que creen en MÍ amen también a sus enemigos, pues esa es la señal de que son mis discípulos.

Y el enemigo es ese que te aparta de la comunidad; el enemigo es ese que te fastidia e incordia; también el enemigo puede ser ese que te cuestiona y compromete; el enemigo es ese que falla y te da mal ejemplo; el enemigo puede ser ese otro que te traiciona y se ríe de ti o aquel que se aprovecha de tu buena fe y de tu paciencia; el enemigo está en todas partes, pero esa es nuestra Gracia: la oportunidad de aprender y poder amar hasta entregarme por amor a los demás.

Y eso sólo se consigue en la Iglesia. Unido a CRISTO y con ÉL a los hermanos. Y desde ahí proyectados al mundo entregándonos tanto a los enemigos de dentro como de fuera de la Iglesia. Y tomando conciencia de que yo soy y puedo estar siendo en cada momento enemigo y fastidio para otros. Esto es tomar conciencia de ser yo mismo, porque ser yo mismo es saberme pecador, limitado, pobre, vanidoso, soberbio, prepotente y muchas cosas más.

A veces nos dejamos arrastras por el ambiente y los conceptos que nos invaden y nos vienen de fuera. Y caemos en el autoengaño de considerar que ser auténtico es ser como me siento y como me gusta ser. Creemos que ser yo mismo es ser como yo quiero ser y buscar la arrogancia de autodirigirme y de, sin darme cuenta, quedar atrapado en mi propia determinación y autosuficiencia. Ser yo es darme cuenta de mi condición pecadora y, por lo tanto, de la necesidad que tengo de buscar y encontrarme con el SEÑOR y los hermanos.

Aprovecho la ocasión para públicamente pedir perdón por todas mis faltas que puedan haber escandalizado o ser motivo de alejamiento o aislamiento de la comunidad eclesial. Soy consciente de que las habré cometido y de que podré seguir cometiéndolas, pero también tengo la esperanza de ser perdonado, comprendido y de que cada día las cometa menos.
También pido al SEÑOR que me y nos ayude a crecer en santidad, pues si cuando nos alejamos de ello perjudicamos a los demás (Iglesia), también cuando nos acercamos nos beneficiamos todos. Un abrazo y gracias por su comprensión.

domingo, 4 de enero de 2009

La solidaridad humana.


El principio de solidaridad, expresado también con el nombre de "amistad" o "caridad social", es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana. El término solidaridad no es una caridad laica (secularizada). No nos viene desde el hombre sino que tiene un origen Divino. DIOS se ha hecho solidario con el hombre: "cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿que es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?

La solidaridad, sinónimo de caridad - amistad está fundamentada, Pío XII, en el origen común e igualdad de naturaleza humana que tienen todos los hombres, y en la Redención con la que CRISTO nos ha redimido en la Cruz. ¿Quién es el hombre para que DIOS se entregue en su HIJO en ese plan de rescate? Mucho tendrá que valer y representar para DIOS hasta el punto de darse en carne de muerte por amor. Ese hecho dignifica a todo hombre y le confiere su dignidad y valía.

Por lo tanto, solidaridad no es un término nacido de naturaleza humana, sino de origen Divino que se fundamenta en esos dos principios arriba citado. No se puede agregar tal término sin un fundamento que lo sostenga y explique, pues el hombre por el hombre fuera de ese contexto que lo sostiene y da razón no se mantiene por si mismo.


Y tal es así que las fatigas, miserias y padecimientos que los hombres padecen están causadas por los mismos hombres, es decir, sus hermanos que enarbolan el término solidaridad, pero practican los términos egoísmo, indiferencia, insolidaridad, posesivo y desigualdad. Nuestro SEÑOR JESÚS vino precisamente a sentar esas bases en las Bienaventuranzas y en la consideración de igualar a todos los hombres en dignidad.

La solidaridad se manifiesta en primer lugar en la distribución de bienes y la remuneración del trabajo. Supone también el esfuerzo en favor de un orden social más justo en el que las tensiones puedan ser mejor resueltas, y donde los conflictos encuentren más fácilmente su salida negociada.

Los problemas socio-económicos sólo pueden ser resueltos con la ayuda de todas las formas de solidaridad: solidaridad de los pobres entre si, de los ricos y los pobres, de los trabajadores entre sí, de los empresarios y los empleados, solidaridad entre las naciones y entre los pueblos. La solidaridad internacional es una exigencia del orden moral. En buena medida, la paz del mundo depende de ella.
Puede parecerme que si mi bienestar lo comparto, se hace más pequeño y, por lo tanto, decrece. Sin embargo, a corto plazo lo que puede parecer una pérdida se convierte en ganancia, pues el egoísmo se traduce en trasplantar los problemas desde su origen al lugar donde hay bienes para abastecerse. Así se producen los movimientos migratorios que originan problemas de concentración y saturación que implican y alcanzan a todos.

Comprobamos que el pecado original está en el hombre, no en las clases sociales. En las primeras guerras los Estados no tenían ningún Ministerio de sanidad, ni instituciones de educación. Es la Iglesia quién se encarga de ordenar y constituir esto. Es el Papa Bonifacio VIII quién crea la primera Universidad. En la actualidad es la Iglesia quién estructura frentes de plantificación familiar, acogida y apoyo a las familias. La Iglesia que comparte no sólo los bienes materiales, sino también los espirituales.

Hoy, siglo XXI, un 50% más de personas acudieron a Cáritas en 2008 para pagar casa o comida. Por primera vez piden ayuda familias jóvenes con hijos pequeños y mujeres solas. La crisis económica está arrastrando a muchas familias de la vulnerabilidad a la pobreza. La situación es tan acuciante que también se están detectando, en el 80% de las Cáritas diocesanas un incremento del subarriendo de habitaciones en condiciones abusivas y de hacinamiento; empleos cada vez en condiciones más precarias, y empeoramientos de las relaciones familiares debido a la depresión y la ansiedad.

La debacle financiera también está teniendo un impacto muy fuerte sobre los recursos económicos. Cáritas ya han agotado todos sus fondos previstos. ¿Qué hace el Gobierno? ¿Dónde está la solidaridad? ¿Quién le da sentido a ese término? ¿Qué lugar ocupa la persona y dónde está su dignidad? Igual que se está destinando ingentes cantidades de dinero para reflotar a los Bancos y Municipios para obras públicas, ¿por qué no se pone un plan para ayudar a los más desfavorecidos? ¿Se deja eso para que se encargue la Iglesia? ¿Como se puede luego hablar de solidaridad?

Y no debemos permanecer impávidos ante tal situación. Debemos apoyarnos y proclamar el derecho digno del hombre a ser tratado como tal. Es el momento de reflexionar y pasar a la acción con nuestro voto que determina a los gobernantes que estén dispuesto a servir y repartir los dones que DIOS ha regalado para que los hombres distribuyan con equidad.
En este año que empieza unamos en una plegaria común por la solución de estos problemas y para que sepamos pedir sabiduría y fortaleza, llenos de paz, en trabajar lo que podamos en aras de inclinar la balanza en beneficio de la justicia y la caridad entre todos, especialmente, los más desfavorecidos.
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