
Por mucho que quieran esconder sus intereses y propósitos económicos o de cualquier otro tipo falseando la verdad y cambiándola en mentira, siempre, "la verdad" saldrá a relucir porque es lo que el hombre, engañado o no, quiere y busca. La bipolaridad lucha del bien contra el mal es la pura realidad en la que vivimos y crecemos. Siempre habrá, hasta el final, dos caminos: "el bien y el mal", y una decisión que tomar: "lo bueno o lo malo".
Dentro del hombre cohabitan ambos, y su lucha es a muerte. Indudablemente que cuando optamos por afrontar ese enfrentamiento desde nuestra propia suficiencia, arrogancia y orgullo, estamos poniéndonos en desventaja ante el mal, porque si vamos solos, él tendrá asegurada su victoria. Y, como el cuervo dejándose halagar, se autoengañó, por los piropos y alabanzas de la zorra y perdió el queso, nosotros, también, llevados por nuestros pecados de soberbia, perdemos la vida.
Necesitamos dar respuesta a nuestras cruces: dolores y sufrimientos. No podemos concebir un mundo sin ellas, son inherentes a nuestra propia vida. Nacemos ya con esfuerzos, dolores, riesgos, y nuestro camino estará marcado entre gozos y sufrimientos. Nadie puede substraerse a esa realidad. Y, realmente, un mundo de dolor y sufrimiento no tiene sentido si lo andamos solos, porque solamente en la Cruz de CRISTO tiene sentido nuestras cruces.
Poniendo a JESÚS Crucificado en mi vida, encontraré sentido y esperanza a mis cruces. Sólo desde ÉL, con ÉL y por ÉL será posible sobrellevar el dolor y la desesperanza. Queramos o no, no hay otro camino, y aunque nos enfademos, nos revelemos y le neguemos, ÉL estará siempre esperando que nos demos cuenta, porque somos sus criaturas, y regresemos a ÉL. Es el caso de Job y otros muchos que han encontrado el camino después de superar el dolor en ÉL.
Por todo ello, traigo ahora, un documento que pone al descubierto los problemas que se derivan de la toma de decisión sobre el aborto (también ver aquí). Por mucho que se diga y esconda, la realidad está ahí, y tras la elección del mal, éste origina las consecuencias que de él se derivan: la muerte.
que se habían practicado un aborto
tenían 6 y media veces mayor riesgo de cometer
suicidio, que las mujeres que dieron a luz.
Las tasas más elevadas de suicidio luego de un aborto persisten durante
varios años y las más altas de ellas se encuentran entre las mujeres más
jóvenes. Este resultado fue de otro estudio, esta vez realizado en 173.000
expedientes de mujeres de California. El aumento en la tasa de suicidio
persistió durante los 8 años que duró la investigación, y la misma no
encontró explicación en enfermedades mentales previas.
Otro estudio, esta vez realizado en Gran Bretaña y que también se basó en
expedientes médicos, comparó los intentos de suicidio antes y después del
aborto. La investigación arrojó que el aumento de la tasa de suicidio
postaborto no estaba relacionada con un comportamiento suicida antes del
aborto, sino que más probablemente estaba relacionada con reacciones
adversas al aborto. La tasa de intento de suicidio permaneció igual o
incluso disminuyó antes y después de aquellos embarazos que resultaron en el
nacimiento de la criatura.
También hay informes acerca de suicidios o de intentos de suicidio, que
coinciden con el aniversario del aborto o de la fecha en la que hubiera
nacido el bebé abortado. Esta información tiende a indicar una posible
relación de causa y efecto entre el aborto y el suicidio o intento de
suicidio.
Hubo un estudio de mujeres que sufrían problemas psiquiátricos antes del
embarazo. Ninguna de las mujeres que dieron a luz cometieron suicidio
durante el período de 8 a 13 años en que tuvo lugar el seguimiento que se
les hizo; mientras que el 5% de aquellas que abortaron se suicidaron durante
ese mismo período de tiempo.
de un aborto. Los investigadores de la Universidad de Minnesota descubrieron
que los intentos de suicidio aumentaron diez veces, en el caso de las
adolescentes que habían abortado durante los 6 meses anteriores. El
investigador Ferguson descubrió que el 50% de las adolescentes (chicas de 15
a 18 años de edad) que habían abortado, habían sufrido de pensamientos y
comportamientos suicidas, y que esa tasa era el doble de las que habían
estado embarazadas pero no habían abortado y también de las que nunca se
habían embarazado.