jueves, 7 de abril de 2011

¿TENGO CLARO CUÁL ES MI META?


Ayer oí comentar a una amiga sobre varios libros a elegir para leer y meditar. Entre ellos uno que reparó nuestra atención fue: "Cuestión de principios". Inmediatamente surgió en mí que si no tengo claro mis principios significa que todavía no he empezado ni siquiera a caminar. Y me explico:

Si a estas alturas no sé por qué soy creyente católico, como titulo este blog, convendrán conmigo que mis ideas no están lo suficientemente claras como para navegar por este medio y proclamar lo que proclamo. Sería algo así como una veleta que mira para donde el viento le sopla: "ora aquí, mañana allí. 

Sí, es verdad que un creyente no está hecho nunca. Su mar es un mar lleno de dudas que tiene que soltear, y su barca es una nave frágil, expuesta a las olas de la influencia, de las tentaciones, de las debilidades, de las limitaciones, de la carnalidad y humanidad. Su nave está tocada por la pobreza humana que somos, el pecado, y su navegación necesita de un buen piloto, el Mejor, para llegar a puerto seguro.

Porque, ésta es la clave, no se trata de llegar a un buen puerto, sino al Mejor, al que nos depara seguridad absoluta y para siempre. Pues uno que nos mantenga seguro por unos años no nos satisface plenamente. Queremos, y en eso todos estamos de acuerdo, ¿no es así? estar seguros para siempre.

Y el único que existe. No el que conozco por ahora, sino el Único que hay es JESÚS, el Hijo de DIOS que se hizo hombre como yo, ¡vaya regalo! para, permaneciendo a mi lado, y por la acción del ESPÍRITU SANTO, conducir, conmigo, "ÉL también me necesita, pues me pide la libertad que me dio y me respeta", la nave hasta la Casa del PADRE.

Y no, por el hecho de estar donde estoy, puedo considerarme mejor copiloto que otros. Pues estando tan cerca puedo estar muy lejos. Eso les ocurrió, y sigue ocurriendo, a muchos (fariseos) que considerándose los elegidos se perciben como privilegiados y con derechos de ser salvados. Y no es así. JESÚS nos mueve y nos enseña que lo único que va a determinar el buen rumbo de nuestro viaje es la conversión interior, el vuelco de nuestro corazón. Un corazón viejo, apegado a la soberbia, a la suficiencia, al poder, a los caprichos y apetencias, a la sensualidad y materialidad de nuestra condición humana que tiene que trasladarse, para eso es el viaje, a un corazón nuevo, desapegado, abierto a la generosidad, humilde, pobre, amoroso y disponible a las indicaciones del Buen Piloto. Esa pascua del hombre viejo al nuevo es el mayor privilegio que tenemos y el que va a colmar nuestras ansias de felicidad y eternidad.

Y ese es el camino, que así entendido encontrará el buen rumbo y la ruta que encamina hacia la morada deseada y anhelada. No un camino caprichoso, ni según mis creencias y conveniencias. No un camino a mi medida, a mis gustos e ideas. No un camino de mis proyectos y planes, sino un camino trazado según JESÚS y la Voluntad del PADRE, como ÉL mismo lo recorrió. Esa es la clave, y no el privilegio. Puedo estar entre los elegidos, pero encontrarme muy lejos de ser elegido porque mi corazón no está en ÉL sino fuera de ÉL.

No se trata de estar en el pueblo, sino ser pueblo y del pueblo. Y eso significa otra cosa: acomodar mi vida en la inquietud de la Voluntad del PADRE, y seguir las enseñanzas que JESÚS, el HIJO, me propone. Hacer su Vida en mi vida y vivirla firmemente.

Esos son los principios que alimetan mi ser y mi obrar. Con muchas carencias, desde luego, pero con la firme esperanza de que con ÉL todo lo puedo. Yo y JESÚS mayoría aplastante, y si eso no fuese así vana sería mi esperanza y mi fe.

Malo sería, por eso de nuestra perseverante vigilancia, Eucaristía y penitencia para sostenernos en ÉL, por ÉL y con ÉL. De no entenderlo así podemos estar y no estar. Cuando optamos por encajonar a DIOS y moverlo a nuestras apetencias y preferencias, no estamos convirtiendo nuestro corazón y si apegándolo a las cosas de este mundo. Es entonces cuando no lo encontramos, porque ÉL no está en esas cosas. Lo perdemos y quizás hasta protestamos porque no está.

Posiblemente nos hallamos quedado con la cáscara de nuestra religiosidad, pero vacíos por dentro y carente de un encuentro serio con quien queremos seguir. Sin darnos cuenta nos seguimos a nosotros mismos y a ÉL lo utilizamos para nuestros problemas de difícil solución. No experimentamos su presencia y de esa forma nuestras convicciones se desmoronan, y quizás cuando nos pregunten por nuestros principios no encontramos sino la superficialidad de la cáscara religiosa que nos envuelve: ciertas normas y prácticas que no tienen consecuencia en nuestra propia y real vida. Se produce una doble vida que no sirve a nadie ni para nada. Es la pura esencia de la mediocridad. Es entonces, en el mejor de los casos, cuando caemos en la cuenta de nuestra actitud farisaica y de estar anclado en el hombre viejo del Antiguo Testamento.

Si nuestra vida no es capaz de leer, en todo lo que es el cotidiano existir, lo que el Señor nos va enseñando; si nuestra vida se empeña en encajonar a Dios, y si no es capaz de romper en su interior con esa corteza de un dios hecho a mi imagen y semejanza, «un dios de juguete», Dios va a seguir escapándose, Dios va a continuar yéndose de mi existencia.

Muchas veces nos preguntamos: ¿Por qué no tengo progreso espiritual? Sin embargo, ¡qué progreso puede venir, qué alimento puede tener un alma que en su interior tiene un dios de corteza!

Insistamos en que nuestro corazón se convierta a Dios. Pero para esto es necesario tener que ser un corazón que se deja llevar plenamente por el Señor, un corazón que es capaz de abrirse al modo en el cual Dios le va enseñando, un corazón que es capaz de leer las circunstancias de su vida para poder ver por dónde le quiere llevar el Señor.

Dios no nos garantiza triunfos, no nos garantiza quitar las dificultades de la vida; los problemas de la existencia van a seguir uno detrás de otro. Lo que Dios me garantiza es que en los problemas yo tenga un sentido trascendente y una esperanza de vivir eternamente gozoso para SIEMPRE.

lunes, 4 de abril de 2011

LAS RAZONES PARA ABORTAR, ¿SON VÁLIDAS?

una pastoral matrimonial como...


Todo hombre, tanto en su entorno como en su propio corazón, vive la experiencia del mal. Esta experiencia se hace sentir también en las relaciones entre el hombre y la mujer. En todo tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenazada por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el oído y la ruptura. Este desorden puede manifestarse de manera más o menos aguda, y puede ser más o menos superado, según las culturas, las épocas, los individuos, pero siempre aparece como algo de carácter universal.

Todo hombre está bajo el signo del pecado y añadimos a él nuestros pecados personales… El mal está fuera y dentro de nosotros. No sólo en nuestro entorno sino dentro de nuestro propio corazón. Mi propio juicio sobre la existencia está tocado y por eso debo recurrir a las sagradas escrituras (Revelación) para buscar la luz que necesito para encontrar el camino de mi liberación. Sólo, estoy perdido.

Sin darnos cuenta vamos aceptando actitudes que antes eran indignas e imposibles de aceptar, y las damos por buena y las hacemos normales… Por ejemplo, hoy, bebemos todo lo que nos ponen por televisión… Antes la apagábamos, pero hoy lo consideramos como normal… Si miramos un poco hacia atrás, observamos cuanta diferencia de actitudes y comportamientos hay en este espacio de tiempo. Sólo necesitamos reflexionar un poco.

Igual nos ocurre con muchas otras actitudes… Nos vamos acostumbrando a convivir con el aborto y a oír hablar de él como un derecho y algo natural. Vámonos contaminándonos peligrosamente y aunque no estamos muertos si bastantes tocados. Y, en el fondo, la consecuencia, tanto del aborto como de otros males sociales se esconden en el pecado que no queremos reconocer ni aceptar. Así nos va.

Tras nuestras propias caídas sacamos el dedo de la acusación y nos justificamos señalando al otro como culpable (La mujer que me diste…). Buscamos consuelo acusando a los demás… Encendemos la discordia en nuestro corazón. Nos ponemos en conflicto el uno frente al otro.

¡Cuanto mejor no sería aceptarnos culpable y pedir perdón! Gracias, por favor y perdón son las tres actitudes que perdemos por la discordia. Gracias por la gratuidad, por favor, porque todo es realizado por amor, y perdón porque a cada momento estamos equivocándonos y metiendo la pata.

Estamos dominados por el espíritu de dominio, consecuencia del pecado, y se produce una traslación a la animalización propia de los animales. Nos convertimos en verdaderos animales y dominamos al otro por la fuerza. Eso tan frecuente en llamar “machismo” es la imposición del más fuerte, el macho, tan propio de los animales. Lo que en un principio fue una fuerza de atracción, hoy se convierte en un sometimiento y concupiscencia de utilización del otro y nos predisponemos voluntariamente a eso.

Y mientras no se vaya a la verdadera raíz, los malos tratos seguirán proliferando en nuestros pueblos, porque no se trata de una educación sino de una consecuencia del pecado que nos somete y de que sólo saldremos vencedores por nuestra voluntad alumbrada por la razón desde la fe en la Revelación. Es ahí donde está nuestra liberación.

Confundimos las apetencias con las voluntades frente a los sentimientos hacia otras personas. No podemos dejar de sentir lo que sentimos y apetecemos, pero tenemos nuestra voluntad para obrar según mi razón y desde ahí a la Revelación que ilumina mi fe. 

Sentimiento – apetencias – voluntad – razón y fe. Cuando accedemos a cambiar y alterar este orden, contrario a mi conciencia, nace la infidelidad, los celos y los conflictos que amenazan y rompen el matrimonio. Los celos son los frutos de la desconfianza de un miedo a perder y poseer. Son una manifestación muy clara de que el pecado ha llegado a tocarnos y nos incita a dejar de pensar bien. Nos impide amar y confiar.

También la cultura dominante hace y favorece todos estos conflictos y rupturas matrimoniales. Estamos en una cultura divorciada y de infidelidades que amenazan el matrimonio y la familia, y con ello a la sociedad y los pueblos, tanto desde el punto de vista espiritual como material. Porque la economía de los pueblos depende del bienestar del matrimonio eclesial, es decir, de la familia.

Y digo bien, “eclesial”, porque sólo desde la Iglesia se puede encontrar la estabilidad matrimonial, unión del hombre y la mujer, apoyada en la fidelidad que sostiene el amor mutuo.

 Según la fe, este desorden que constatamos dolorosamente, no se origina en la naturaleza del hombre y de la mujer, ni en la naturaleza de sus relaciones, sino en el pecado. El primer pecado, ruptura con DIOS, tiene como consecuencia primera la ruptura de la comunión original entre el hombre y la mujer. Sus relaciones quedan distorsionadas por agravios recíprocos (Gn 3, 12); su atractivo mutuo, don propio del creador (Gn 2,22), se cambia en relaciones de dominio y de concupiscencia (Gn 3, 16); la hermosa vocación del hombre y de la mujer de ser fecundos, de multiplicarse y someter la tierra (Gn 1, 28) queda sometida a los dolores del parto y los esfuerzos de ganar el pan (Gn 3, 16-19).

Sin embargo, el orden de la Creación subsiste aunque gravemente perturbado. Para sanar las heridas del pecado, el hombre y la mujer necesitan la ayuda de la gracia que DIOS, en su misericordia infinita, jamás les ha negado (Gn3, 21). Sin esta ayuda, el hombre y la mujer no pueden llegar a realizar la unión de sus vidas en orden a la cual DIOS los creó “al comienzo”.

De esta forma, al alejarse de su Creador y querer determinar su propio destino, el hombre y la mujer cavan su propia tumba y se precipitan al caos y la anarquía. Es lo que empezamos a ver, nos perdemos en nuestras propias pasiones y apetencias. Quedamos sometidos a nuestros sentimientos y pasiones y nuestra voluntad se esclaviza y se animaliza perdiendo lo más genuino y característico de la persona humana: nuestra libertad.

viernes, 1 de abril de 2011

LA MUERTE NO ES EL ÚLTIMO PASO


Por eso rezamos, porque la muerte es simplemente una entrada a la verdadera vida, y depende de la elección que hayamos hecho en la vida para situarnos en la otra, la verdadera. Es una gran contradicción luchar en esta vida para perderla, y digo esto porque la mayoría de la gente se pasa la vida buscando y negociando con la basura, las cosas de este mundo, que terminaran en el basurero. No sirven sino para ayudarnos a atravesar este mundo, pero para nada más. Lo importante no se encuentra entre ellas, está en otro lugar, más cerca de lo que creemos porque se encuentra dentro de nosotros mismos.

Por lo tanto, la oración es muy importante y fundamental en nuestra vida. Y para los que están en peligro de muerte podríamos decir que mucho más, porque ese momento marca el punto más importante de toda nuestra existencia: "Nos jugamos la vida eterna, "para siempre" o la muerte eterna, "para siempre. En este sentido me ha llamado la atención esta hermosa, por su contenido y significado, reflexión de E. Rodríguez. La vida es lo más importante y por ella rezamos para que los que van a morir o están muriendo sepan que no están solos y que siempre hay esperanza, como Dimás, el buen ladrón, hasta el último momento. Sin más la transcribo a continuación:


Lunes 28 de marzo de 2011 10:33h 
 

A veces se pierde el sentido trascendente y sobrenatural de lo que significa ir a velar a un cementerio. Así es como yo entiendo ir a velar a un abortorio.

Un abortorio es un cementerio donde quedaron los cuerpos sin vida de muchos inocentes. Muchos hermanos que perdieron allí su vida, y desde allí sus almas fueron entregadas a Dios. Probablemente todos griten en silencio, antes de entregar su espíritu: ¿Padre por qué me has abandonado?, como hizo Jesús en la Cruz.

Así que no se trata de encontrar una repercusión mediática en la lucha, para eso hay otros mecanismos que no son incompatibles. Tampoco es necesario que sean multitudinarias. No se trata de conseguir un fin, ni de darle un sentido utilitarista o pragmático, sino trascendental. Para los que creemos realmente en el inmenso poder de la oración, no se trata de que sea un medio de defender la vida, aunque indirectamente lo consiga.
Los que sienten esa llamada, esa vocación, de ir a velar a un cementerio, como son los abortorios, es un don que reciben por pura gracia. Es el testimonio de Dios con esos inocentes, que a través del Espíritu Santo ilumina vocaciones, para que sepan que no los ha abandonado, que está con ellos y con sus madres incluso en su pecado. Para ello se vale de nosotros, al inspirarnos para que vayamos a los cementerios a rezar por sus almas, y que sepan que nos los olvidamos, que los echamos de menos y que nos importan, como también le importan a Dios.

No es nuestro mérito sino una prueba palpable de que Cristo ha resucitado y habita entre y en nosotros, es pura gracia.

Al diablo le molesta que nosotros no tengamos miedo y demos testimonio, por la gracia de Dios, de que esos niños que allí murieron y mueren tienen alma, por eso ha inspirado, por pura rabia, esa frase de “sacar vuestros rosarios de nuestros ovarios”. Al maligno le duele profundamente nuestro Santo Rosario, el arma poderosa revelada por la mismísima Virgen María Reina del Cielo. O por ser más gráfico, con perdón. Al demonio le toca las narices que vayamos a rezar por las almas de los inocentes por obra y gracia del Espíritu Santo:
  • Le fastidia que descubramos que tienen almas.
  • Le fastidia que gracias a nuestra presencia algunas madres se arrepientan y no sacrifiquen a sus hijos en su “altar” de muerte.
  • Le fastidia que despertemos la conciencia de algunos abortistas.
  • Le fastidia que el Espíritu Santo nos suscite la vocación
  • Y, sobre todo, le fastidia que no tengamos miedo y seamos obedientes a Dios.
Por todo esto y porque el aborto, como todo crimen y todo pecado, procede del gran mentiroso, del tentador, de la serpiente, merece la pena por amor a Dios, seguir fastidiando al diablo y mantener nuestras oraciones por las víctimas del aborto en todos los abortorios españoles y del mundo.
E. Rodríguez


P.D. Sin lug.ar a duda, E. Rodríguez, sabes que yo, aunque en la distancia estoy ahí presente con ustedes, pues estamos unidos en XTO.JESÚS. Mis oraciones también suenan al mismo tiempo que las de ustedes. Es el milagro del Cuerpo Místico de CRISTO. No se sientan solos porque como yo estamos muchos.


Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.
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